Entre 2009 y 2019, la ciudad de Buenos Aires fue testigo de una fiesta única, elegante y algo estirada conocida como Dengue Dancing. Creada por los melómanos Lorenzo "Lolo" Anzoátegui y Ani Castoldi, Dengue se convirtió en el ritual nocturno por excelencia de todos los jueves y domingos previos a los feriados, una celebración que unía la música, el baile y una atmósfera de misterio entre personas y miradas intensas.
La magia de Dengue tenía una protagonista fundamental: la mítica discoteca Gong. Este club vintage, ubicado en pleno Microcentro y fundado en 1937, albergaba apenas a 200 personas, lo que le confería cierto aire de exclusividad y misterio. Gong era un lugar kitsch, adornado con paredes espejadas, sillones de cuero y sutiles luces que recorrían la pista de baile. Los mozos, con un aire de melodrama de los años 50, completaban la escena espesa de la noche.
Los DJs que marcaban el ritmo de la fiesta eran Rumanians, Listen Listen Listen, Whitney Weiss, DJs Pareja, Nicolás Verón (Deejay Traviesa), Carisma, Tom Tom Clubber, Rosa Rous. La música era el pilar fundamental de Dengue Dancing, uniendo a artistas consagrados, músicos emergentes, figuras del mundo LGBTIQ+, y personajes excéntricos que contribuyeron a construir una identidad nocturna un tanto mutante y etérea. Desde el Suplemento Soy, la recordamos a partir de diversos testimonios de su público, trabajadores y creadores.
Una vez explotó un parlante y viene corriendo Bárbara Bianca La Vogue y me dice: "Amor, tenemos que correr, esto se prende fuego, nos vamos a quemar todas". Salimos y entramos a los 5 minutos, como si nada hubiera pasado.
— Alan Mastró
Me flasheaba el setting: señores con cara de cera usando moñitos y chalecos, sirviéndonos tragos un jueves. El ambiente disco era parte de una fantasy. Se destacaba la pista y esas paredes llenas de luces que me daban vida.
— Federico Fernández
Dengue Dancing era un club. Se especializaba en el House y el Disco; nunca sonaban ritmos latinos ni cumbia. Era una fiesta de música electrónica de mediana convocatoria, pensada para poca gente, que rara vez pasaba por el Techno o por ritmos masivos que implicaban una idea más monumental de la música electrónica.
— Aldo Benítez
Pablo Castoldi nos visitó mientras pensábamos la primera fiesta. Queríamos ponerle "Newton" (por Olivia) y nos propuso un nombre más ligado al turismo, al lugar donde empezamos (Fugees, un club de reggaetón). Una combinación entre dengue y Dirty Dancing.
— Lolo Anzoátegui y Ani Castoldi
Se mezclaba el lado más glamoroso con el nicho. No estaba apuntada a que le guste a todo el mundo, era muy específica, todo muy Olmedo y Porcel, pero con estos personajes de la noche trash que yo conocía desde los 16 años. Un día apareció Björk, ¿entendés? Cosas mágicas.
— Juan Malka
"Para mí, la Dengue fue mi compañera en mi coming out sexual". Leandro Ibarra
Fui habitué de principio a fin. Abrí y cerré pista. Mis caderas se movieron con cada curva posible. Mis zapatos taconearon cada centímetro del lugar. Mi perfume impregnó Dengue Dancing. Bailé en la fumadonna, me recosté en esos sillones para posar en fotos, viví performances, concursos de baile, vi a Pachano, a Björk, a Daniela Cardone en esa pista. Conocí amores, amantes y despedí amigas bailando.
— Lulú Alvarado
Tenía ese verdadero espíritu de clubbing, mezcla de diversión, frivolidad, comunión, fashion, arte, amistad, diversidad y buena música.
— DJs Pareja
Un lugar que brindaba la sensación de pertenencia absoluta. Además: los chongos estaban buenísimos.
— Martin Saraceno
No teníamos una propuesta, queríamos divertirnos en el barrio. Siempre fuimos fanáticos de la película Xanadu y soñábamos con una fiesta en ese espíritu.
— Lolo Anzoátegui y Ani Castoldi
Entrabas ahí y perdías la percepción de en qué momento histórico o musical estabas. Era un lugar al que iba mucha gente de moda, de la que se hablaba mucho, pero que siempre tenía la posibilidad de desfase, huyendo de la actualidad, intentando traer otros sonidos y de viajar a fiestas de Buenos Aires de otras épocas.
— Santiago Villanueva
Muchas camperas deportivas, ropa holgada, calzas, colores, brillos dorados. El lugar era el marco perfecto para esto. Prendas que te permitan moverte por el espacio.
— Joaquín Wall
Para mí, la fiesta era más de coqueteo que de levante. Siento que las fiestas gay ahora tienen más que ver con culear en la discoteca y estar pasado bailando techno. La Dengue era otras cosas. Tenía algo más sexi que sexual. Ahora es al revés: la noche no es sexi, es sexual.
— Imanol Subiela Salvo
Preparar un set era estudiar un tópico, hacer los deberes y volcarlo todo en la Dengue. Podía ser la historia del New beat, del Paradise Garage o el Disco. El sonido en Gong era como un auto viejo. Funcionaba bien o mal dependiendo de cómo lo manejas. Te pasaba por arriba de la cabeza. Había un parlante que, si se saturaba mucho, se apagaba.
— Nicolás Verón (aka Deejay Traviesa)
Los recuerdos memorables de la Dengue están necesariamente asociados a la arquitectura de Gong, un antro de dimensiones ideales. Si te parabas en los escalones de la barra, podías abarcar toda la pista y alcanzar con la vista la otra barra. Todo a través de paredes ondulantes cubiertas de venecitas de espejos y un techo bajísimo. La pista era una caja de bombones.
— Mariana Rodríguez Iglesias
¿El público? Gente de mucho dinero, hipster pobres. Gente muy montada o muy crota. Los que vivían a la vuelta, los que venían desde muy lejos. Una mezcla de cosas opuestas que balanceaban todo en la fiesta.
— Nicolás Verón (aka Deejay Traviesa)
Más que importantes, los looks en la Dengue eran bienvenidos y celebrados. Podías ir vestido como quisieras, no te ibas a sentir para nada afuera de la fiesta.
— Rodolfo Schmidt Otero
La propuesta me llevaba a algunas cosas que había experimentado en los 90: Ave Porco, Morocco, El Dorado. En la Dengue existía una diversidad que estaba implícita, sin banderas ni colectivos. Era una fiesta nocturna, donde había mucha joda y también mucho respeto.
— Rodolfo Schmidt Otero
Digamos que la Dengue era Joan Collins y ahora todas las fiestas son Charli XCX. ¿Hace falta que te lo explique?
— Anónimo
Yo sabía que Björk iba a estar en la Dengue. Caímos en la fiesta apenas abrió, éramos 5 personas, y yo estaba con mi amigo de espaldas a la pista cuando me dice: "Date vuelta, que está Björk". Me doy vuelta y ahí estaba, sola entre las luces, con ese tic que tiene de agarrarse los deditos y mirar para todos lados como una nena. Me quedé helada. Ella estaba sentada en la barra, nos saludamos. Como en la escena de Tacones Lejanos, donde a la diva le piden un regalo, le pedí algo. Ella entendió la referencia y me regaló un prendedor con forma de mosca.
— Endi Ruiz
Desembarcar en la Dengue fue un primer amor estético. Fue ahí donde desarrollé mi educación y mi responsabilidad como artista.
— Rosa Rous
Nunca pensamos la noche, solo la vivimos.
— Carisma
Para mí, la Dengue es un gran capítulo en la historia de la noche. Mejor dicho: es un capítulo importante para poca gente, para un club de 200 personas. En mi despedida, lo último que dije fue: “Sé los nombres de todos ustedes”.
— Nicolás Verón (aka Deejay Traviesa)