Sergio Pantano fue uno de los tantos jóvenes argentinos que terminó en las Islas Malvinas, sin preparación, equipamiento ni recursos. Poco antes de volver a Buenos Aires y ser dado de baja del Servicio Militar en Tierra del Fuego, se desató la Guerra de Malvinas y tuvo que dejar su sueño de futbolista en pausa. Cuarenta y tres años después, reusme que el fútbol le salvó la vida, tras volver de la guerra a un mundo que no lo comprendía. 

Sergio hizo el Servicio Militar Obligatorio a los 18 años en Río Grande, Tierra del Fuego. Le tocó en Infantería de Marina y cumplió los 19 en el servicio militar y los 20 como prisionero de los ingleses. De las peores batallas personales en el conflicto fue la que se peleó contra el hambre. El excombatiente relató lo más crudo que vivieron sus compañeros en medio de la feroz batalla.

“La última semana antes del 14 -se refiere al mes de junio, cuando terminó la guerra- fue muy difícil alimentarnos. Yo pertenecía a la sección de morteros 81 mm. Estábamos frente a frente. Estábamos en Monte Williams y hacíamos fuego de apoyo a todas las compañías. Hasta el 1 de mayo comíamos un plato de guiso antes del mediodía y otro antes que oscurezca. Luego, se comía cuando se podía porque ahí empezaron los combates. La última semana casi no probamos un bocado por la demanda de combate. Unas semanas antes habíamos carneado unas ovejas y las cabezas habían quedado por ahí y un compañero las comía casi podridas por una cuestión de hambre”. relató.


La vida después de la guerra y el fútbol como salvación

Sin embargo, luego de volver de Malvinas, comenzó la verdadera guerra en una sociedad que no lo entendía y en la que él mismo parecía no encajar.

Uno toma conciencia de ese tipo de riesgo cuando estamos en la civilidad. El primer bombardeo entramos en pánico pero uno se da cuenta de la dimensión que se vivió cuando uno está en paz en su casa. Y ahí es cuando empieza otro combate, que es peor. Siempre digo que en Malvinas podía defenderme pero cuando me dieron de baja no me podía defender con nada”, sostuvo.

“Para nosotros fue un gracias por todo y arréglense como puedan. Mi sensación era caminar por la calle y no tenía mi fal. Me sentía desnudo. Mis amigos me llevaban a bailar y yo no quería estar con gente. Estuvimos a la deriva con los militares y la democracia”, agregó.

Luego de estar meses “a la deriva”, el padre de Sergio lo instó a que haga algo, o trabajar o retomar el fútbol, su gran pasión.

Un día, tomó el colectivo y fue hasta el club Talleres de Escalada. Allí lo recibieron los muchachos de Primera, según cuenta. “Me presenté en el club y al mes estaba jugando contra Merlo. Yo siempre dije que el fútbol me salvó la vida. El fútbol me contuvo”, remarcó.

Sergio jugó nueve años en el club del Ascenso. Marcó un gol a Excursionistas que hizo ascender a su equipo y se retiró en 1991. Fue taxista y hoy vive en Entre Ríos. Sergio es un excombatiente de Malvinas. Merece nuestro reconocimiento y nuestra mayor admiración y respeto.