Mié 28.04.2010

CIENCIA  › MAURICIO LIMA, URUGUAYO, DOCTOR EN BIOLOGíA

Algunos trazos de dinámica poblacional

Aquí el jinete se acuerda de pronto de un diálogo que mantuvo con Mauricio Lima durante un congreso de mamíferos en Mendoza. Por alguna razón, quedó olvidado, pero en este mismo acto se rescata.

› Por Leonardo Moledo

–Bueno, ¿por qué no me cuenta qué está haciendo usted acá, en un congreso sobre mamíferos? En principio, usted es un mamífero, lo cual explica su presencia.

–En parte, sí.

–Pero aparte de eso... ¿qué clase de mamífero es?

–Uno normal, de dos patas, primate, unos 500 mil años de antigüedad, pero con una historia de 9 millones de años... Pero además de todo eso, me dedico como muchos otros a preguntarme cosas, a ser curioso. Y la ciencia es una rama de eso, de la curiosidad: es un elemento lúdico que está desde la infancia y que consiste en preguntarse por qué pero llevado al extremo.

–¿Y qué es lo que se pregunta usted?

–Básicamente, trabajo intentando comprender la dinámica de poblaciones, no sólo de mamíferos, sino también de no mamíferos. Mucha de la investigación que hago tiene que ver con comprender la mecánica poblacional de roedores y otros animales.

–Cuénteme en qué consiste la dinámica de poblaciones.

–Voy a un ejemplo bien simple: el preguntarse por qué este año hay tantas mariposas. Hay cosas que uno se da cuenta a partir de la observación cotidiana (la mayor o menor presencia de una determinada especie de acuerdo al clima) que motivan una serie de reflexiones y de preguntas. Es algo que viene de muchísimo tiempo atrás, por lo menos de cuando los hombres eran cazadores-recolectores y trataban de entender por qué había mayor abundancia de determinada especie en un sitio que en otro o en una estación que en la otra. Eso tenía mucha relación con la cantidad de alimentos que podrían obtener. Ese interés por entender que las oscilaciones en el tamaño de las especies no son siempre homogéneas: uno no siempre encuentra una misma cantidad de individuos de una especie en un mismo sitio. Entender los factores y los procesos que gobiernan esos cambios es aquello a lo que me dedico.

–¿Y cuáles son esos factores y esos procesos?

–Hay muchos...

–Bueno, empecemos por alguno, si le parece bien.

–En general, la naturaleza es un sitio no estable a largo plazo. El clima cambia, hay años más fríos que otros, años más secos. Eso tiene impacto en la cantidad de semillas, en la cantidad de alimentos de forraje que puede obtener un herbívoro. También repercute en el número de individuos que hay: si les va bien, ese año va a haber muchos nacimientos y al año siguiente vamos a tener muchos individuos de esa población, porque había recursos suficientes, pero si el otro año tenemos una sequía, va a aumentar mucho la mortalidad y va a disminuir la población. Hay, entonces, una serie de factores que hacen que la naturaleza sea dinámica, que se modifique el número y los tamaños de las poblaciones en el tiempo (incluso en la población humana). Se puede ver que la sociedad humana ha ido creciendo de acuerdo con el manejo de los recursos. Entender y modelar esos cambios es básicamente lo que hago.

–Pero la población humana está menos sujeta a los cambios naturales, ¿no?

–No necesariamente. Si uno mira la historia de la sociedad humana en los últimos 400 años, desde la Revolución Industrial en adelante, sí es cierto. Pero si uno retrocede y se fija en lo que pasaba en las sociedades agrícolas del Medioevo y más atrás, las caídas poblacionales debidas al hambre y la peste eran pan de cada día. En la Europa y en la China medieval, de las cuales hay registros, se encuentran oscilaciones enormes debido a qué tan buenas eran las cosechas o el clima...

–Lo que usted me cuenta entra dentro de lo que uno esperaría. Mucho frío, pocos mosquitos. Más frío, casi no hay mosquitos. Con el calor, llegan los mosquitos. Usted sabe que acá hay un problema grande con el dengue y su presencia estuvo muy ligada a la fluctuación estacional.

–Más que con la fluctuación estacional tiene que ver con la variabilidad climática a largo plazo, entre décadas. Ahora estamos en una fase de cambio climático muy fuerte. Pero lo importante es que cuando uno puede entender el mecanismo, modelarlo, se puede pasar a otra fase que es la predicción. No sólo se trata de observar que el dengue está avanzando, sino de poder decir cuánto va a avanzar, por ejemplo. Para eso hay que tener en cuenta una cantidad de procesos que no se agotan en el calor. Hay que estudiar muchos factores para determinar por qué el dengue tiene hoy, en latitudes más al Sur, condiciones más favorables que hace treinta años.

–¿Y por qué tiene condiciones más favorables hoy?

–Una de las hipótesis es que las temperaturas mínimas de invierno son las que están dirigiendo el avance de los mosquitos en Sudamérica. El hecho de que los inviernos se hayan vuelto más benignos en los últimos años, asociado con el calentamiento climático global, está haciendo que la supervivencia de las larvas y los huevos sea más alta que lo que era hace treinta o cuarenta años. Por eso uno tiene poblaciones de adultos que sobrevivieron al invierno, porque no fue tan crudo como lo era en otros tiempos.

–¿O sea que el cambio climático global ya se nota en la dinámica de poblaciones?

–Digamos que estudiar dinámica de poblaciones le permite a uno ver señales claras de las consecuencias del cambio climático. Hay varios tipos de efectos: uno empieza a notar, por ejemplo, aumento en el tamaño de la población de ciertas especies, reducción en otras...

–¿Por ejemplo?

–Acá, en Sudamérica, aumentos en los máximos poblacionales de la avispa “chaqueta amarilla”. Los inviernos benignos están favoreciendo la supervivencia de la reina y de las poblaciones en general. La dinámica poblacional permite estudiar efectos a largo plazo y una cantidad de cosas relacionadas con la productividad de los sistemas agrícolas o con problemas de la salud.

–¿Por ejemplo?

–Cuando los cambios de temperatura están asociados con la difusión de ciertos virus o parásitos. Uno puede tratar de entender la dinámica poblacional no sólo en mamíferos sino, por ejemplo, en enfermedades infecciosas...

–O sea que casos como el dengue se podrían modelar y predecir.

–Sin lugar a dudas, aunque en este momento no conozco gente que trabaje específicamente en eso. Pero creo que es una cuestión de tiempo que haya grupos trabajando en ese tema. Ya van a salir las predicciones de cuánto sería el avance...

–Usted lo que hace, entonces, es medir con cuidado los parámetros que producen crecimiento, decrecimiento...

–Un poco más que eso. Lo que hago es usar información de largo plazo (en sistemas donde hay monitoreo de largo plazo, de veinte o treinta años) para validarlos con modelos teóricos de dinámica poblacional.

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