Mié 13.10.2010

CIENCIA  › OPINION

Ciencia, universidad y sociedad, un experimento en marcha

› Por Dr. Daniel Barraco *

Según nuestra visión tenemos que unir esfuerzos, fortalecer las propias capacidades, saltear todo tipo de confrontación para actualizar en el siglo XXI el sabio consejo de Ortega y Gasset: “Argentinos, a las cosas. A las cosas”.

Córdoba es desde siempre un centro de producción científica y tecnológica: cuna de la primera universidad fundada hace 400 años por los jesuitas, sede de la legendaria fábrica de aviones, del primer observatorio astronómico y la Academia Nacional de Ciencias.

En las instituciones académicas se producen y circulan los saberes que necesita aplicar el país para su desarrollo independiente. Ya nadie discute el valor estratégico del conocimiento como el principal factor productivo. Es por eso que comenzamos a incrementar la vinculación entre investigación y empresas de base tecnológica que son las de más alto valor agregado.

Un experimento institucional

En sus comienzos, FaMAF creció y se afianzó principalmente en su faz de investigación en ciencia básica, de profesorados secundarios y de extensión educativa. Fundado en 1956 por uno de los más eminentes científicos argentino, el físico Enrique Gaviola, por entonces director del Observatorio Astronómico de Córdoba que fundara Sarmiento, el Instituto de Matemáticas, Astronomía y Física de la Universidad Nacional de Córdoba, IMAF, en la década del ochenta se convirtió en facultad.

Tras décadas de resultados internacionales en ciencia básica, y consolidado como un centro de alto prestigio científico, al comienzo del siglo XXI la comunidad de la facultad asumió el desafío de poner en marcha un experimento institucional con tres objetivos, sin descuidar nuestra fortaleza en ciencia básica: 1. Incubar empresas de base tecnológica. 2. Recuperar el desarrollo de la alta tecnología. 3. Despertar vocaciones científicas.

Las ideas originales se convierten en proyectos, y los proyectos en empresas de alta tecnología. Apoyando el espíritu emprendedor y la materia gris de nuestros investigadores, hemos comenzado a incubar un puñado de empresas, de base tecnológica. Algunas de ellas ya han crecido y funcionan solas, tanto en el área de la física como de la computación. Y no es abstracto: brindan respuestas concretas a problemas planteados en distintos sectores de la sociedad y hasta exportan sus servicios a otros mercados. Aportan al desarrollo del país y son una alternativa genuina respecto de las grandes empresas internacionales instaladas aquí.

Pero en el mundo de hoy para desarrollar tecnología de punta y ser competitivos hay que agruparse. Por eso participamos también del crecimiento de un “cluster” de empresas pymes y de empresas internacionales de software en Córdoba, como Motorola, Intel, Indra, entre otras, que se radican porque valoran las cualidades de nuestro capital humano.

Por otra parte estamos trabajando en numerosos proyectos, en forma colaborativa con todas las facultades de Ingeniería de la ciudad de Córdoba, con la Facultad de Ciencias Químicas de la UNC y con la Facultad de Ciencias Exactas de Catamarca.

En la Argentina se puede

Uno de los objetivos de trabajo puede parecer de ciencia ficción, pero es una meta posible: apuntalar la industria electrónica y aeroespacial. Entre el Instituto Universitario Aeronáutico (IUA), FaMAF e Invap hemos elaborado una maestría en radares y comenzamos a desarrollar un radar meteorológico. Y entre todas las facultades estamos instalando un centro de software embebido. Y en este sentido, desde 2003 con Invap, estamos desarrollando también un innovador sistema de ubicación de caída de rayos, fundamental para combatir focos de incendios.

Junto a la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae) y el Instituto Gulich hemos puesto en marcha una maestría en uso de información satelital para la alerta temprana de catástrofes naturales.

Pero si bien estamos convencidos de que en la Argentina se puede, resulta crítico estimular las vocaciones científicas: en el área de las ciencias duras o tecnológicas a comienzo de 1970 de cada 100 estudiantes que entraban a la universidad, 30 iban a nuestras áreas, actualmente sólo 10. Para paliar esta grave situación, durante el 2010 construiremos el edificio para el primer planetario de Córdoba. Será un centro de divulgación científica, que contará con museos interactivos y con un instrumento que fue donado por la ciudad francesa de Ville de Nante. Por último, es importante destacar el pronto lanzamiento del primer posgrado del país en comunicación pública de la ciencia, que junto a la Escuela de Ciencias de la Información de la UNC y con el financiamiento provisto por el Ministerio de Ciencia y Tecnología de Córdoba, se ocupará de formar especialistas en el desafío de acercar el debate científico al conjunto de la sociedad.

* Decano de la Facultad de Matemática, Astronomía y Física de la Universidad Nacional de Córdoba (FaMAF – UNC)

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