Mar 21.09.2010

CONTRATAPA

Diario de viaje al futuro

› Por Martín Granovsky

Es raro viajar al futuro. Pero lo estoy haciendo. Tengo que llegar a Singapur para un seminario sobre América latina. El tiempo marcará once horas más que la Argentina y allá voy. Cuando ustedes empiecen hoy a comer, digamos a la una y media, allá será la cero treinta del miércoles. El futuro.

No conozco Singapur. Nunca estuve. Sé que es el primer puerto del mundo, muy por encima de Rotterdam. Que por ahí pasan 28 millones de containers. Que tiene la refinería de petróleo más grande de Asia. Si tienen un mapa a mano, está ahí, al sur de Malasia y muy cerca de Indonesia. Me trae recuerdos de Sandokán. De los tigres de la Malasia. De Mompracén. Pero tal vez sea un recuerdo importante sólo para algunos más y yo.

Igual, disculpen el capricho. ¿Qué habrá quedado del mundo de Salgari en Singapur? No puedo evadirme de las aventuras en el Trópico pegajoso. Bueno, al menos quedó eso. Si los hoteles y las oficinas de reunión fallasen y no llegaran a ser el freezer que imagino, se colará algo de los 33 grados, la humedad insoportable y la lluvia permanente que anuncia el pronóstico extendido. El mismo clima de Sandokán. “Bochorno”, resume el pronóstico. Habla del tiempo.

El tiempo es raro cuando uno va hacia Oriente. Salida de Buenos Aires a las once de la noche. Cena en el avión de la línea aérea de Qatar. Dos horas de vuelo hasta San Pablo y una de carga de combustible. Siguiente stop, Doha, o sea Qatar. Cuando el 777 refulgente decola en San Pablo y alcanza la altitud de crucero, anuncian desayuno. ¿Ya? Si hace poco cenamos. Es que en Doha hay seis horas más y hay que ir adaptándose al futuro. Nunca había pensado que el desayuno podía ser instrumento del tiempo, pero parece que es.

En Buenos Aires ofrecían diarios argentinos y brasileños. Ya que eran un poco viejos, elegí los brasileños. ¿Se dedicaron alguna vez a leer los diarios en un avión? Es un placer. No hay teléfonos que suenan, ni celulares, nadie interrumpe, los auriculares son buenos y Billie Holiday canta como los dioses, no está la tentación del Twitter, ni de chequear el mail. Y uno, además, tiene esa distancia que sólo dan los 11.200 metros sobre el nivel del mar. Garantizan la ficción de lejanía que permite balconear el mundo como un ET.

Miro O Estado de Sao Paulo y Valor. El primero es tradicional. El segundo, un diario económico. Obviamente la noticia es la renuncia de la jefa de la Casa Civil de Lula, Erenice Guerra, quince días antes de las elecciones presidenciales del 3 de octubre. Empresarios denunciaron que su hijo es lobbista del Banco Nacional de Desarrollo, el poderoso Bndes, y el PT optó por lo seguro: sea como fuera la realidad, que Erenice libre su guerra fuera del gobierno para que no contamine la intención de voto de su ex jefa y candidata, Dilma Rousseff, que sigue recogiendo un 57 por ciento en primera vuelta. En privado, Lula dijo que “la política es así”, que el que comete un error o aparece cometiéndolo, “lo paga”, porque “la función pública no permite cometer errores”. Y en público siguió en campaña por Dilma, a la que desde febrero convirtió desde una casi desconocida en una candidata victoriosa. Dijo: “La oposición es así, sucia. No compara hechos con hechos. No dice que un presidente trabajador construyó más universidades que un presidente doctor”. El trabajador es él. El doctor, Fernando Henrique Cardoso, alguna vez llamado El Príncipe de los Sociólogos.

O Estado... da gran despliegue a la salida de Erenice, pero termina otorgando, desde otro lado, la razón a Lula. “Los tucanos no saben hacer oposición y no se dan cuenta de que cada vez que atacan a Dilma, ella crece y ellos bajan”, registra el columnista Aloisio do Toledo César. Los tucanos son los miembros del Partido Socialdemócrata de Brasil de Cardoso y su candidato de hoy, José Serra.

En el propio O Estado... hay artículos sobre otro escándalo en serio. Pedro Paulo Dias, gobernador de Amapa, está preso por coimas. Pertenece al conservador Partido Popular. Como los diputados, los gobernadores tienen fueros que protegen el secreto telefónico y fiscal. Sus teléfonos no pueden ser siquiera intervenidos por orden judicial. Pero la Policía Federal siguió la recomendación clásica y encontró a la femme correspondiente. Es una rubia de poco más de 20 años a quien, pobrecita, le pincharon los teléfonos. Escuchas, alguna investigación y adeus Pedro Pablo. Anoté el nombre de su amante: Livia Bruna Gato de Melo. Y bueno.

Tomé Valor. No es un diario petista sino de negocios. Sorpresa: la renuncia de Erenice no era título principal. ¿Tan bien están los negocios en Brasil? Parece. La foto más grande de la tapa muestra al holandés Kreet Kruythoff, presidente de Unilever Brasil. Explica que la empresa se acercará más a los comerciantes para saber qué piensan.

Adentro las noticias muestran un cuadro de optimismo.

En el Seminario Internacional de Gobernanza Global, el economista norteamericano James Galbraith dijo que Brasil es líder en la lucha contra la pobreza porque “ofrece políticas sociales que el sector financiero no puede ofrecer”. Según Galbraith, el sector financiero es “predatorio”.

Noticia en página 3: el salario medio inicial en un trabajo aumentó en términos reales un 4,8 por ciento con relación al mismo período de 2009.

Noticia en página 5: el Nobel de Economía, Paul Krugman, estuvo unas horas en un seminario en San Pablo. Dijo que Brasil está en la tapa de las revistas como pasó antes con la Argentina, los países del Sudeste asiático y México. Y que todos los que fueron puestos como modelo terminaron mal. Pero tranquilidad, vecinos de Brasil. Dice Krugman que la regla no corre para ustedes. La demanda interna podría aguantar hasta un déficit del 4 por ciento, opina. Alerta sobre la sobrevaluación del real, que no podrá continuar por mucho tiempo sin que baje el empleo. Pero hay tiempo para corregirse. Y más: “La Era Lula, que está por concluir, no fue un paraíso, pero la economía creció bien, hubo una inversión fuerte para reducir la pobreza, la inflación y la situación fiscal están controladas y se fortaleció el mercado interno. ¿Qué más se puede esperar de un país?”. Incluso con los Estados Unidos más pobres y una economía china relativamente desacelerada (y China es en parte fuente de las divisas de Brasil), el mercado interno permitiría que los brasileños crezcan a un 4 por ciento, dice Krugman. Buena noticia para Brasil y nada mala para la Argentina.

No se puede bajar del avión en San Pablo. Los pocos que venimos de Buenos Aires y no nos apeamos en Brasil seguiremos a Doha. ¿Se acuerdan? Pobres qataríes. Su ciudad emblema terminará asociada para siempre al fracaso de las negociaciones del comercio mundial, la famosa ronda de Doha. ¿Qatar hará que este Boeing gigantesco siga vacío? Veo que no: aquí empieza a entrar el mundo entero. O una buena porción, porque sólo entre India y China superan los dos mil millones de personas y para allí vamos. O van. La entrada es veloz y extraordinariamente variada. Pocos brasileños, parece. Aquel barrigón barbudo. La pareja que viene mirando dónde pondrá la guitarra. ¿Y el resto? El señor a mi izquierda despeja una duda cuando abre un diario tamaño sábana. Dice el subtítulo: “Diario de China para América del Sur”. El señor a mi derecha no habla inglés. ¿Un indio del sur de la India? Escucho indicaciones en árabe, inglés, portugués y castellano. Pero aquella azafata altísima parece china, no qatarí, y la otra que habla con la señora preocupada por su equipaje es brasileña. El tipo con cara de canchero y el pelo caído parece japonés. Y seguramente hay malayos, vietnamitas, singapurenses, tailandeses, indonesios, indios de todas las regiones, chinos, de todas las nacionalidades.

Falta poco para terminar las 13 horas y media a Doha. Después, escala y ocho horas y media hasta Singapur.

Me acomodo en la butaca y tomo el gin tonic que pedí con la cena. Si uno quiere encontrarse con el futuro, hay que llegar bien preparado.

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