Mar 12.10.2010

DEPORTES  › TENIS > LA TENISTA SERENA WILLIAMS Y LA CRISIS QUE SACUDE AL TENIS FEMENINO

Un circuito que atrae poco

La reciente consagración en la WTA de la danesa Caroline Wozniacki –la vigésima número uno en la historia– disparó la polémica. Si a la menor de las Williams le gustara jugar más, la flamante primera tenista del ranking no habría llegado a la cima.

› Por Sebastián Fest

“Ténganme en sus plegarias”, pidió Serena Williams a los aficionados, en un ruego que bien puede extenderse a todo el tenis femenino. Ayer, 11 de octubre de 2010, debió haber sido un día de festejo para la WTA: la danesa Caroline Wozniacki como nueva número uno –la vigésima en la historia– lo justificaba. El problema es que el número uno de Wozniacki es en realidad el reflejo de la fuerte crisis del tenis femenino, un circuito con más imagen que tenis. Si a Serena Williams le gustara más jugar, Wozniacki no habría llegado ayer a la cima.

Nunca en la historia el tenis le importó tan poco a su número uno. Serena Williams, que ocupó esa posición prácticamente toda la temporada, jugó sólo seis torneos en 2010, y la razón esgrimida genera desde hace semanas sospechas a muchos. “Probablemente no juegue más en lo que resta del año”, dijo en su web la menor de las Williams al explicar su ausencia esta semana en Linz, que debía marcar su regreso tras tres meses de ausencia. “Estuve entrenando por varias semanas para volver a jugar al tenis lo más rápidamente posible tras mi operación a mediados de julio. Ayer comprobé que me excedí en la exigencia e hice demasiado antes de tiempo”, dijo la jugadora de 29 años, que no juega desde que a principios de julio pisó unos vidrios de una botella de cerveza rota en un restaurante de Munich.

“Salíamos de un restaurante y, de repente, sentí dolor. Pero al rato seguí caminando. Y me dolía más. Miramos al piso y había vidrios por todas partes. Le dije a mi sobrino, que estaba con nosotros, que fuera cuidadoso. Entonces a mi sparring se le cayó su celular y vimos que había una enorme mancha de sangre.” “Me dije: ‘¡Oh, mi Dios! No creo que esto sea bueno...”, relató Williams el mes pasado a USA Today.

Aquello llevó a una operación del tendón y a una recuperación sin fin. Para los escépticos, dos datos: al día siguiente del accidente, Serena jugó una exhibición con Kim Clijsters en Bruselas, y cinco días más tarde fue fotografiada en Los Angeles en la inauguración de su nueva casa, vistiendo zapatos de altísimos tacos, imagen que se repitió en diferentes escenarios en las semanas posteriores. “Tengo el corazón completamente roto, me siendo devastada”, aseguró la tenista, que se ríe de los escépticos: “Honestamente, no leo la prensa. No sé lo que dicen, sólo veo las fotos”.

Oracene Williams, madre de Venus y Serena, explicó en Wimbledon 2008 la forma que tiene su hija menor de ver la vida. “Serena cree que todo debe ser de la manera en que ella quiere que sea, ése es el asunto. Cree que la vida es así.”

Resignada, la Federación Internacional de Tenis (ITF) ya admite por lo bajo que las dos Williams –Venus también está lesionada– faltarán por segundo año consecutivo a la final de la Copa Fed, que este año se disputa el 6 y 7 de noviembre en San Diego, nuevamente ante Italia. “Es una pérdida para los aficionados al tenis cuando dos de las mejores jugadoras no pueden competir por lesión”, dijo ayer a DPA Juan Margets, vicepresidente de la ITF, en un alarde de diplomacia.

Serena no mencionó su ausencia de la Copa Fed, y a ese clavo ardiente se agarra aún el ente rector del tenis mundial. Larry Scott, el anterior jefe de la WTA, intentó en vano convencer a las Williams de la necesidad de que se comprometan más con el deporte que las hizo famosas. Y Stacey Allaster, la nueva jefa del tenis femenino, no parece estar teniendo mejor suerte.

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