Mar 02.08.2011

DEPORTES  › OPINIóN

No diga que no le avisamos

› Por Gustavo Veiga

Mauricio Macri presidió Boca por tres períodos consecutivos, entre 1995 y 2007. Su salto posterior a la política estaba tan cantado como el último resultado electoral. Si demoró cuatro años en llegar a la Jefatura de Gobierno porteña fue porque Aníbal Ibarra lo había derrotado en 2003. De la misma manera lo hizo él con Daniel Filmus en un ballottage. Su desempeño en el club que le sirvió de plataforma no desentonó con su gestión en la ciudad, a no ser por los títulos ganados en la cancha. En buena medida llegó a donde está hoy gracias a jugadores y técnicos con los que coqueteó y luego se enfrentó, según su conveniencia. Carlos Bianchi, Juan Román Riquelme, Marcelo Delgado y Jorge Bermúdez son apenas algunos ejemplos.

En Boca creó un Fondo Común de Inversión que transformó en una timba financiera, le rechazaron un balance por diferentes dispendios, una comisión investigadora defenestró su gestión económica, vació las divisiones inferiores, y para muestra basta un botón: el 19 de junio de 1996, el economista Miguel Angel Broda, por entonces un personaje clave en el manejo de los dineros de Atlanta, les confió a los socios de ese club durante una asamblea que “Herrera (por Martín, un arquero que pretendía quedar libre de Boca) se quiere quedar en Atlanta, está convencido de que le van a dar el pase y nosotros estamos trabajando para poder comprarlo. La verdad, nos cuesta dos jugadores de séptima y 15 lucas en negro para coimear”. Broda definió en aquella reunión efectuada en el estadio de Villa Crespo que Boca era “un antro de corrupción”.

También intentó hacer del club una sociedad anónima, propuso avales discriminatorios para crear una casta de dirigentes, la institución se convirtió en un paraíso de los intermediarios (Ernesto Petrini, uno de ellos, terminó al frente del IVC porteño), cerró calles de la ciudad para uso exclusivo de Boca y consiguió la re-reelección que no pudo su alter ego, Carlos Menem. Hasta en las escuchas ilegales, Boca fue como un laboratorio: Jorge “Fino” Palacios las estrenó ahí, y después como fugaz jefe de la Policía Metropolitana.

De Boca a la ciudad, de la ciudad a la Rosada. Esa es la próxima parada a la que Macri quiere llegar. Faltan cuatro años para las presidenciales de 2015. De nada sirve quedarse en el análisis de su liturgia: ese cotillón que utilizó cuando reinauguró la Bombonera y en los festejos del domingo. Lo del ex presidente de Boca, a esta altura, ya no es globo. Pero sí debe comprenderse muy bien cómo y con qué se infló.

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