Sáb 13.07.2002

DEPORTES  › OPINION

“Si tuviera el auto de Hunt”

Por Diego Bonadeo

Fue promediando la década del ‘70, cuando el británico James Hunt ganaba en Fórmula 1 con el McLaren blanco y anaranjado que homenajeaba en el nombre de su escudería al recordado neocelandés Bruce McLaren.
Desde entonces y hasta ahora, los dichos de Reutemann, desde el Turismo Mejorado con su debut en el Gran Premio de 1966 con el Fiat 1500 azul y amarillo del equipo de Grossi, pasando por el Falcon angostado, la Fórmula 2 europea, la Fórmula 1 con Brabham, Ferrari, Lotus, Williams, su última carrera en Brasil de 1982, también su paso por los rallies, hasta que decide cambiar Cap Ferrat por la gobernación de Santa Fe, una esporádica senaduría nacional y otra vez la gobernación de su provincia, han eslabonado muchas veces anécdotas, comentarios y disparadores de los mentideros y corrillos tanto del automovilismo como de la política.
Pero también los hechos –desobedecer taxativa y transgresoramente en la lluviosa mañana brasileña el cartel de Frank Williams para que dejara ganar a Alan Jones hace más de veinte años, como dejar de seña a Duhalde en Tucumán hace menos de una semana– pintan el decir y el hacer del hace tiempo “gaucho triste”, natural de Estación Manucho, en la provincia de Santa Fe, que tan bien leyó, con pesimismo, el desenlace del Campeonato Mundial de Constructores de Fórmula 1 de 1981 cuando, llevándole una larguísima ventaja de puntos a Nelson Piquet, insistía moderadamente a quien le quisiera oír en cuanto a que “el campeonato es frágil”. Y el campeón fue Piquet.
Retiradísimo del automovilismo y ya metido de lleno en la política, ya cincuentón, se subió de prestado a una Ferrari en el Autódromo de Buenos Aires y se le cronometró algo parecido a lo que oficialmente registraron los que largaban en quinta o sexta fila.
Dicen que administró razonablemente una provincia tan grande y complicada como la suya, metiéndose por otra parte con la producción agropecuaria como un chacarero más, entendiendo de soja y de trigo como cualquier experto del INTA.
Que Menem lo metió en la política, es cierto. Y que casi treinta años después haya cambiado la frase “Si yo tuviera el auto de Hunt” por “Si yo tuviera el aparato de Menem”, también.

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