Vie 08.02.2002

ECONOMíA

El Gobierno no detectó suba de precios sino la sensación térmica

El Gobierno salió al cruce de la ola de aumentos de precios sin apuntar a proveedores y cadenas de comercialización, sino intentando minimizar el problema. Aseguran que no hay estampida de precios ni desabastecimiento, advirtiendo que hay que evitar la “profecía autocumplida”.

Los aumentos de precios disparados desde que se anunció la libre flotación, junto a la incertidumbre generada por la postergación de la apertura del mercado cambiario, encendieron luces de alarma en el Gobierno. “No hay estampida de precios ni desabastecimiento”, afirmó enfáticamente el secretario de Defensa de la Competencia, Hugo Miguens. “Nada de eso está sucediendo, no debemos llevar zozobra a la población”, expresó. Sin embargo, reconoció que desde la secretaría investigan “algunos abusos” que no reveló.
El secretario llamó a evitar que se genere “una profecía autocumplida” e insistió en que “no hay aumentos sistemáticos. Los aumentos son puntuales en algunos productos” y dependen del origen de las mercancías y de quienes los venden. El funcionario graficó su afirmación diciendo que se han detectado, para el mismo producto, dispersiones de precio de hasta el 200 por ciento. En otros productos, en cambio, estaría influyendo la estacionalidad. Se trata de “situaciones aisladas que no reflejan la realidad”. “No hay que dejarse llevar por sensaciones térmicas”, sintetizó.
Sobre las góndolas raleadas la interpretación fue otra. Se debe al “acortamiento de las cadenas”, es decir a que se han acortado plazos de pago y de entrega, así como a la transitoria incertidumbre por el nivel del tipo de cambio. En otras palabras, lo que sucede es que, frente a las expectativas inflacionarias y los largos plazos de pago con que hasta ahora actuaban los supermercados, los proveedores optan por retener sus stocks antes que entregarlos a cambio de pagos diferidos.
Frente a la pregunta de qué puede hacer el Estado frente a los aumentos, Miguens desestimó los controles de precios y destacó las posibilidades que brindan los actuales instrumentos legales. “Los controles de precios existen hace más de 2000 años y nunca dieron resultado”, consideró. Los armas restantes, entonces, son el uso de las leyes de defensa de la competencia y de lealtad comercial. Además, se confía en refundar el pacto inicial con los formadores de precios. “El Presidente volvió a reclamar prudencia a los comerciantes”, sostuvo.
Miguens expresó que las acciones que emprenderá el Estado consistirá en
- Monitorear los comportamientos comerciales en conjunto con las provincias y la ciudad de Buenos Aires.
- Prevenir los abusos de posición dominante y competencia desleal, para lograr una mayor transparencia.
- Sancionar y hacer público el nombre de los comercios que incurran en dichas prácticas.
Si todo esto falla resta una última carta, el control de los propios consumidores, a quienes se insta a no adquirir los productos cuyos precios aumentan “más allá de lo razonable en un contexto de devaluación”. Miguens destacó que si la inflación creció en enero el 2,3 por ciento frente a un aumento en el tipo de cambio del 40 por ciento, se debió a que “el consumidor se plantó y no compró. Ha sido muy responsable”.
La lógica que sustenta la creencia en que para combatir una potencial suba generalizada bastará con la sola aplicación de los instrumentos legales preexistentes se apoya también en algunos supuestos que se repiten en el Ministerio de Economía. Así, aunque la devaluación disparó los precios de muchos insumos importados que componen algunos productos básicos –por ejemplo envases plásticos–, también incentiva como contrapartida la sustitución de estas importaciones. El razonamiento, no obstante, parece no contemplar la diferencia de velocidad entre el aumento de precios y dicha sustitución. Además, los “12 mil millones” de dólares que entrarán por exportaciones servirán para evitar que el dólar se dispare y, consecuentemente, evitarán el efecto alcista sobre los precios. El optimismo gubernamental suma también la proyección de los datos de enero citados y la experiencia brasileña de “devaluación exitosa”, donde el aumento de precios avanzó menos que la depreciación de la moneda. Sobre las mediciones de la primer semana de febrero Miguens señaló que “podría haber sido del 2 por ciento”, pero evitó hacer proyecciones para todo el mes, ya que “estará intensamente ligado al comportamiento del tipo de cambio”, pero confió que se mantendrá en un dígito.
Aunque se evitó profundizar en las reacciones que se produjeron en algunos mercados particulares, como harinas, azúcar, construcción y medicamentos, el secretario adelantó que “estamos investigando algunos casos de abusos”. Lo que Miguens no dijo es que podrá hacer su secretaría si los aumentos se generalizan.

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