Dom 31.07.2011

ECONOMíA  › FRACASARON LAS CONVERSACIONES EN EL CONGRESO PARA AMPLIAR EL LIMITE DE DEUDA. LA OPOSICION RECLAMO AL PRESIDENTE

Obama negocia en persona para evitar el default

Los republicanos imponen las condiciones para el recorte del gasto. Menos partidas sociales. No habrá más impuestos.

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Las marchas y contramarchas de los líderes republicanos y demócratas que se sucedieron entre viernes y sábado en Washington amenazaban con llevar a un punto muerto las posibilidades de un acuerdo para otorgarle la autorización al gobierno federal de poder volver a endeudarse y evitar así el default. Sin embargo, a última hora de la tarde surgieron algunas señales de una negociación en línea directa entre los líderes del partido de oposición en el Congreso y el presidente de la Nación, Barack Obama, en búsqueda de una solución de compromiso. Anoche el Senado se aprestaba a sesionar, pero sólo para avanzar en un voto de procedimiento. Las expectativas están puestas en lo que se pueda resolver o acordar en una inusual jornada de domingo, con intensa actividad en el Capitolio y la Casa Blanca. El propósito: llegar a tiempo con una ley que se vote en la Cámara de Representantes (mayoría republicana), y el Senado (mayoría demócrata) y sea promulgada (con la firma de Obama) no más allá de la mañana del lunes, antes de que reabran los mercados.

Las conversaciones durante el viernes en el Senado entre el líder de la bancada demócrata, Harry Reid, y su par republicano en el mismo cuerpo, Mitch McConnell, habían derivado en una propuesta del primero modificando el proyecto de recortes de gastos votado por la Cámara baja (Representantes) el mismo viernes, luego rechazada en el Senado. La propuesta de Reid proponía un recorte del gasto de 2,4 billones de dólares, a aplicar en los próximos diez años, pero otorgaba en forma inmediata la facultad de subir el techo de endeudamiento al Ejecutivo, aplicable en tres etapas, desde ahora hasta noviembre de 2012, fecha de las elecciones presidenciales. Así, al menos, el Ejecutivo se evitaba el trago amargo de tener que volver a discutir el asunto entre diciembre de este año y el comienzo del próximo, como proponía el proyecto republicano.

Este proyecto debía ser tratado anoche, por la madrugada, en el Senado. Sin embargo, la mayoría republicana en la Cámara baja se anticipó y lo trató ayer por la tarde para rechazarlo a través de un voto simbólico. Los Representantes desestimaron por 246 votos contra 173 el texto elaborado por Reid, a sólo tres días de la fecha límite fijada por el Departamento del Tesoro para ingresar en cesación de pagos si no se eleva el techo de la deuda. Además, el bloque republicano en el Senado, con la firma de 43 de sus 47 miembros, difundió una carta ayer mismo obstaculizando la propuesta demócrata. “No votaremos por su plan de aumento del techo de la deuda de 2,4 billones de dólares”, que Reid proponía a cambio de una reducción de gastos por una cifra similar en diez años. La iniciativa “no responde al actual desequilibrio fiscal y carece de un esfuerzo serio para asegurar que cualquier futura reducción presupuestaria será ejecutada”, justificaba el rechazo la misma misiva.

En ese punto, los puentes parecían totalmente cortados. La Cámara de Representantes había devuelto con un rechazo el desplante que un día antes, el viernes, la mayoría demócrata en el Senado había hecho a los republicanos al rechazar el programa de ajustes votado en la Cámara baja. El presidente, Barack Obama, ya se había dirigido a la población durante la mañana en su habitual comunicación radial de los sábados reiterando el mismo argumento de sus dos apariciones públicas anteriores: demandaba a los ciudadanos que, si querían un acuerdo entre los dos grandes partidos, se lo hicieran saber a sus congresistas. Una vez más, la proclama fue respondida y colapsó la central telefónica del Capitolio.

Pero en paralelo a estos ensayos de combate, a última hora de la tarde de ayer comenzaron a buscarse puntos de contacto entre los contendientes. Obama, reunido con la líder demócrata en la Cámara baja, Nancy Pelosi, y su par en el Senado, Harry Reid, evaluaba en la Casa Blanca los pasos a seguir. Desde la vereda republicana, el jefe de los senadores republicanos, Mitch McConnell, anunciaba que su partido había reanudado las conversaciones directamente con el presidente Obama, después de que éste volviera a pedir públicamente “un compromiso bipartidario”. “Ahora tenemos unas conversaciones serias”, señaló McConnell, destacando el valor que los republicanos les asignaban a las negociaciones al máximo nivel. Ya durante la mañana, tanto McConnell como el jefe de la bancada republicana en la Cámara de Representantes, John Boehner, habían reclamado que Obama en persona asumiera el liderazgo de las negociaciones, a una semana de haber abandonado la mesa. Esta vez McConnell se mostró “optimista sobre la posibilidad de llegar a un acuerdo en un futuro muy próximo”, y arriesgó que “una suspensión de pagos no va a ocurrir”.

Los republicanos buscan consolidar el campo avanzado al llevar a los demócratas a una discusión sobre los ajustes presupuestarios en los términos que la oposición logró imponer. En la pulseada, los demócratas aceptaron dejar de lado su reclamo de un aumento de impuestos (o reducción de subsidios a corporaciones y la franja más rica de la población) a cambio de recortes menos severos sobre los planes de salud (Medicare), de cobertura médica para ancianos y de la seguridad social (jubilaciones). En sus mensajes de fin de semana, Obama ya no hizo referencias a las exigencias de aumentar la base de recaudación impositiva como parte de un paquete para combatir el déficit fiscal.

El límite de endeudamiento federal, de 14,3 billones de dólares, le impediría al gobierno de Obama hacer frente a sus compromisos de esta semana. El miércoles 3 debería responder por pagos de beneficios de la seguridad social por 23 mil millones de dólares. El jueves 4 vencen 90 mil millones de dólares de títulos de deuda. Si no logra el permiso parlamentario para tomar nueva deuda, el gobierno federal de Estados Unidos entrará en lo que se denomina “default selectivo”: obligado a vivir ajustado a lo que ingrese, deberá definir qué partidas va a atender y cuáles no. Un escenario inédito, con consecuencias impredecibles.

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