Lun 11.02.2002

ECONOMíA  › COMIENZA LA ERA DEL DOLAR FLOTANTE, SIN AYUDA INTERNACIONAL

Si no vuela, habrá aún esperanzas

El Fondo exigió mercado único y libre, y el gobierno de Duhalde le hizo caso, sin recibir por eso nada a cambio. En la realidad, habrá cuatro precios diferentes de la divisa. Como siempre, el juego será más caro y peligroso para los compradores modestos.

› Por Julio Nudler

“La estrategia del Gobierno es que, si se tiene que disparar el dólar, que se dispare en estos días. Luego el mercado, al tomar conciencia del valor irreal de la moneda norteamericana, tenderá a bajar, y a partir de ahí, sí, se intervendrá”, dijo ayer Guillermo Nielsen, hombre nexo entre el Ministerio de Economía y el Banco Central, en cuyo directorio tiene voz pero no voto. Pero, ¿será ésa realmente la táctica inicial que aplicará Mario Blejer? La impresión coincidente es que si la flotación se iniciase hoy con una disparada del dólar, el Gobierno no debería dejar pasar más de un par de días sin propinarles una paliza a los especuladores, si no quiere arriesgar un respingo inflacionario, después muy difícil de retrotraer. Como quiera que sea, en la tercera planta del edificio que se alza en el corazón de la manzana donde funciona el BCRA, repartido entre múltiples construcciones como para confundir a los extraños, está lista para operar la mesa de cambios, desde la cual se intentará armar y monitorear el mercado. Las órdenes de vender o quizá comprar, cuánto y a qué precios, serán guiadas por un Comité Cambiario, presidido en persona por Blejer, titular del Central, e integrado por los directores Amalia Martínez y Aldo Pignanelli. El subgerente general Raúl Planes, instalado en el mismo piso, representará a “la línea” en el puente de mando. La misión requiere petos y yelmos, porque la guerra del dólar no será menos violenta que los saqueos ni ruidosa que los cacerolazos. De su resultado no depende todo, pero sí mucho, y probablemente el alojamiento de Eduardo Duhalde en la Casa Rosada.
Los ámbitos estarán bien demarcados, y no habrá uno sino cuatro precios diferentes del dólar. Las grandes transacciones, correspondientes al comercio exterior de bienes y servicios, y a las transferencias financieras ligadas a aquél (como la prefinanciación de exportaciones), se liquidarán por los bancos, tras la intervención de corredores de cambio, directamente conectados con exportadores e importadores. Este será el precio más bajo de la divisa, aunque todos los iniciados suponen que en el club de exportadores ya hubo acuerdo para no vender por debajo de cierto piso. Como las remesas por conceptos financieros (intereses, devolución de préstamos, utilidades) requerirán autorización previa del BCRA, habrá que ver cuán abierta o cerrada tendrá éste la mano. Según afirmó anoche Nielsen a este diario, “el Central dosificará la demanda de dólares, porque ningún país flota alegremente”.
Un escalón arriba, en términos de precios, operarán las casas de cambio, proveyendo billetes o transferencias a clientes con confesión de CUIT, que muestren no temer la presencia de un inspector de Impositiva. Pero los cambistas ofrecerán recámaras donde transar divisas sin CUIT, en lo que será un circuito tan paralelo como negro. Si el interesado es conocido, bastará con que encargue su fajo por teléfono, con tal de que pase al final de la tarde a efectivizar el pago de la operación, en esa dirección u otra. Pero la discreción tiene su costo.
El dólar más caro será el adquirido con cheques librados contra cuentas cautivas en el corralito, mecánica prohibida para los bancos. Su valor puede deducirse de la diferencia de cotización entre una acción de Pérez Companc en la Argentina y en Wall Street. Pero además de oneroso, el dólar casa de cambio –y también su variante arbolito– lastima al transante con un fuerte costo de entrada y salida por el margen entre el precio de venta y el de compra, spread mucho más ancho que en el segmento mayorista, donde es de sólo 5 centavos.
Especular es siempre un negocio más apto para peces gordos que para personas modestas que sólo pretenden defenderse. Así como el debut de la flotación coincide hoy con la liberación de las cuentas sueldo y jubilatorias, es posible que muchos trabajadores o pasivos quieran comprar dólares para luego ir vendiéndolos de a poquito. Las largas colas que formarían en torno de las taquillas cambiarias reiterarían la mala imagen de una economía paralizada que malgasta su tiempo en la timba. Por ende,hay quienes aconsejan hacer tronar el escarmiento, después de dejar que el chiquitaje se ensarte con dólares luego bruscamente abaratados.
En la medida en que realmente se dificulte la adquisición de dólares con cheque, mucha gente podría usar su dinero al revés: el sueldo, liberado del banco, lo invertirá en comprar dólares, mientras bancarice su consumo movilizando su plazo fijo pesificado. Contra viento y marea, Nielsen sostiene que “la economía real se está regularizando, y la flotación del dólar ayudará”. Al fin de cuentas, “cualquier país normal tiene un mercado cambiario flotante, y ahora también la Argentina”.

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