Jue 06.05.2010

EL MUNDO  › EE.UU. BUSCA A TERRORISTAS DE CARACTERíSTICAS SIMILARES A LAS DE SHAHZAD

El enigma del nuevo perfil de atacante

Faisal Shahzad, quien admitió estar implicado en el ataque fallido en Nueva York, es el último ejemplo de una casta de terroristas que complica el trabajo de los investigadores: son extremistas criados en suelo norteamericano.

› Por Rupert Cornwell y Omar Waraich *

Desde Washington e Islamabad

Los investigadores del FBI preguntaron ayer al sospechoso del atentado fallido en Times Square por sus posibles vínculos con otros grupos terroristas. Pero además buscaron una explicación para lo que probablemente sea el mayor enigma de todos: ¿por qué un hombre joven, casado, con dos hijos, una recientemente adquirida ciudadanía norteamericana y un buen trabajo tiraría todo por la borda para impulsar un potencial ataque letal contra su país adoptivo?

Faisal Shahzad es el último ejemplo de una casta de terroristas que ha complicado en gran medida el trabajo de los investigadores: extremistas criados en suelo norteamericano –como el caso de la temible activista Collen Renee La Rose de Philadelphia, más conocida como “ Jihad Jane”, arrestada en octubre pasado por sus vínculos con Al Qaida– que pueden o no ser de origen islámico y aparentemente se encuentran bien integrados a la sociedad estadounidense.

Shahzad tiene 30 años y, como la mayoría de los terroristas del 11 de septiembre de 2001, proviene de una buena familia. Hijo de un ex general de la Fuerza Aérea Paquistaní, llegó a los Estados Unidos hace más de diez años como estudiante. En la universidad no se destacó como alumno, y cuando se instaló con su familia en los suburbios de Connecticut tampoco atrajo demasiada atención. Sus vecinos lo describieron como “normal”, algo reservado y poco comunicativo. “Un tanto extraño”, alguien se animó a decir. El agente inmobiliario que le vendió su casa recordó que era un ferviente crítico de la guerra en Irak, pero millones de norteamericanos sentían lo mismo.

Más allá de este dato, nada hacía suponer que el joven paquistaní tuviera tendencias extremistas. Ni siquiera se lo vio asistir a la mezquita local. Su crianza en Pakistán difícilmente apuntaría a su futuro radical. Creció en el pequeño pueblo de Mohib Banda, en las afueras de Peshawar. Aunque abandonó su país a los 18, sus vecinos en la comunidad agrícola –de tan sólo 5000 habitantes– expresaron su incredulidad ante la tesis de que el joven hombre estuvo detrás de la trama de Times Square. Según expresó un abogado y amigo de la familia, Kifayatullah Khan, los habitantes del pueblo piensan que Shahzad fue falsamente incriminado: “La comunidad aquí no cree que pudiera haber actuado de esa manera”.

En retrospectiva, el año 2009 parece ser el punto de inflexión. Graduado de la Universidad de Bridgeport, el joven para ese entonces ya había trabajado durante tres años como analista financiero en una firma accionaria privada. En abril de ese año, prestó su juramento como ciudadano norteamericano. Pero dos meses más tarde renunció a su trabajo y dejó de pagar las hipotecas de su casa. Viajó a Dubai y luego a Pakistán. Su mujer, Huma Anif Mian, y sus hijos lo acompañaron. Para el mes de septiembre, la casa en Connecticut era ejecutada por deudas.

En ese tiempo, los investigadores sospechan que Shahzad recibió entrenamiento en fabricación de bombas por extremistas del noroeste paquistaní, algo seriamente discutido por funcionarios en Pakistán. De acuerdo con el ministro del Interior de Islamabad, Rehman Malik, Shahzad realizó de 8 a 10 visitas al país en los últimos siete años. El funcionario agregó que, más allá de la confesión de Shahzad, no existe evidencia aún que vincule al joven con militantes extremistas.

En febrero de este año, Shahzad voló de regreso a los Estados Unidos con un pasaje de ida solamente, comprado en efectivo. Dijo a las autoridades de inmigración que había estado visitando a familiares en el exterior. Se mudó a un departamento poco amueblado en Bridgeport, donde se habría dedicado a gestionar su plan. Hace dos semanas, pagó 1300 dólares por la camioneta Nissan que usaría en el atentado, otra vez en efectivo. La llenó de artefactos y el sábado lo dejó en Times Square.

Como terrorista, Shahzad no fue el más experimentado. Se olvidó de remover la identificación numérica del motor de la Pathfinder, lo que permitió que las autoridades rápidamente rastreen el historial del vehículo. Tampoco fue difícil localizar las llamadas que realizó entre Estados Unidos y Pakistán desde un teléfono celular dispensable. Para cuando el joven intentó huir a Dubai el lunes, sabía que la policía estaba tras su rastro.

Ahora, las autoridades deberán averiguar cuántos futuros terroristas de características similares a las de Shahzad residen en los Estados Unidos. Sólo una pequeña, pequeñísima parte de ellos son una amenaza, señalan los expertos. Sin embargo, la amenaza existe.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

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