Mar 11.05.2010

EL MUNDO  › EL PRIMER MINISTRO ALLANA EL CAMINO PARA UNA POSIBLE COALICIóN ENTRE LABORISTAS Y LIBERAL DEMóCRATAS

Gordon Brown pone al laborismo de nuevo en el juego

Anunció su renuncia al liderazgo del partido en un intento de impedir un pacto entre los tories y los liberal demócratas. Pero los conservadores realizaron una oferta más generosa a Clegg: un referéndum para reformar el sistema electoral.

› Por Andrew Grice *

El primer ministro Gordon Brown finalmente allanó el camino para una posible coalición entre los laboristas y los liberal demócratas. Anunció ayer su renuncia en un intento de impedir el trato entre el conservador David Cameron y el liberal Nick Clegg.

Brown sorprendió al mundo político al anunciar ayer que en septiembre renunciará a su liderazgo del laborismo, pero seguirá como premier hasta entonces si puede negociar un acuerdo con los liberal demócratas. Sin embargo, la puja entre los laboristas y los tories por el apoyo de los liberales dio otro giro ayer cuando los conservadores realizaron una oferta más generosa a Clegg: un referéndum para reformar el sistema electoral e introducir el sistema de voto alternativo, en el cual los votantes eligen a los candidatos en orden de preferencia. Los laboristas les prometieron, en cambio, una legislación inmediata en esta materia y la convocatoria a una consulta popular por el sistema proporcional.

En el día más alborotado desde la caída de Margaret Thatcher, todo presagiaba que los tories y los liberales formarían una coalición que pondría a Cameron en primer lugar. Pero las concesiones arrancadas por Clegg sobre la reforma electoral no fueron satisfactorias para sus 57 parlamentarios, quienes convocaron a conversaciones formales con los laboristas. Esto abrió la puerta para que Brown hiciera su extraordinario anuncio. El premier ya había confesado a sus colaboradores su decisión de renunciar el viernes último, tras perder las elecciones. Entendió que ya no sería el hombre ideal para conducir a los laboristas en los próximos comicios. A pesar de haberle hecho saber en el fin de semana su intención a Clegg, Brown era visto por los liberal demócratas como el principal escollo a la hora de conformar la coalición con los laboristas.

La dramática declaración de Brown, que acarreará una elección dentro del laborismo, fue aclamada por los ministros y repudiada por los tories, quienes advirtieron que Gran Bretaña podría tener un primer ministro laborista que no fue elegido por los votantes y que tampoco participó de los debates televisivos. Los conservadores condenaron la alianza arcoiris propuesta por los laboristas y la definieron como una “coalición de perdedores”. La jugada de los laboristas es remarcable ya que el partido dirigente en una coalición es el que más votos sacó. En las elecciones de la semana pasada, el laborismo ganó 258 escaños mientras que los tories sacaron 305. Los liberales sólo se hicieron con 57 asientos.

Laboristas y liberal demócratas no llegan a los 326 escaños necesarios para comandar la Cámara de los Comunes, como sí lo tendrían los conservadores si consiguieran el apoyo del partido de Clegg. Por ello, la alianza propuesta por Brown debe incluir a algunos de los partidos minoritarios, como el Partido Nacional Escocés, el Partido Unionista Democrático de Irlanda y al único representante del Partido Verde.

Algunos liberal demócratas todavía conciben como más realista un pacto con los tories, atendiendo a la cuestión aritmética. Algunos tories temen que un acuerdo entre liberales y laboristas lleve a un sistema de elección proporcional, lo que los alejaría del poder para siempre.

Las negociaciones secretas que se vinieron dando desde la elección del pasado jueves salieron a la luz tras el anuncio de Brown de dimitir como líder laborista. El gabinete lo apoyó, a pesar de que trascendió que algunos de sus integrantes tenían reservas frente al plan para aferrarse al poder. El intento laborista de conformar un frente unido fue echado por tierra cuando John Reid, ex ministro del Interior, calificó la coalición arcoiris como una fuente de inestabilidad y destrucción asegurada. Sus dichos se escucharon después de que varios laboristas exigieran al partido que reconozca su derrota y se reagrupe como oposición.

El conservador William Hague advirtió a los liberal demócratas que unirse con los laboristas sería un “grave error”. El hombre fuerte de los tories en las negociaciones sostuvo: “Sería incorrecto conformar un gobierno que no sea estable, que no tenga un primer ministro elegido por la gente de este país y que no someta un cambio constitucional a votación popular”.

Entretanto, empezaron a hacerse públicas las disputas en el laborismo para ocupar el liderazgo que Brown dejará vacante en cuatro meses.

De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

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