Lun 11.02.2002

EL MUNDO

Prepárense para mayor “protección”

Estados Unidos reveló que tiene 300 “puntos estratégicos” para proteger en Colombia contra las guerrillas izquierdistas.

Estados Unidos está en Colombia para quedarse. Anne Patterson, embajadora de Washington en Bogotá, reveló que su país tiene identificados más de 300 puntos estratégicos para sus intereses en Colombia, en particular el oleoducto Caño Limón-Coveñas, el principal del país, en cuya seguridad proyecta invertir 98 millones de dólares. El cambio de política de Washington, que pasa así de la lucha antinarcóticos al combate antiguerrilla, se produce en medio de una escalada de la lucha armada: ayer la policía descubrió 376 kilogramos de explosivos en un camión en Bogotá, en un nuevo signo de que la guerrilla quiere llevar su lucha a las ciudades.
“Hay más de 300 puntos de infraestructura estratégicos para Estados Unidos en Colombia”, dijo Patterson en una entrevista con el diario bogotano El Tiempo, publicada ayer, en la que admitió que la ayuda norteamericana podría extenderse a otros sectores distintos al petrolero. En ese sentido, reveló que las autoridades estadounidenses capacitan en la actualidad a unidades antisecuestro del ejército y la policía colombiana, y que se espera ampliar esa ayuda con recursos por 25 o 30 millones de dólares. Según entidades privadas, de los 2856 casos de secuestros que se presentaron el año pasado, 714 fueron atribuidos a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y 260 a los paramilitares de extrema derecha. Un reporte del Comité de Relaciones Internacionales del Congreso norteamericano estima que el 40 por ciento de los recursos que manejan las FARC proviene del secuestro.
Patterson admitió que el viraje de la cooperación entre Colombia y Estados Unidos, limitada hasta ahora a la lucha antidrogas, se debe a la necesidad de Washington de diversificar sus fuentes de petróleo a raíz los atentados terroristas del 11 de setiembre. “Colombia perdió casi 445 millones de dólares por los ataques al oleoducto el año pasado. Además, para hablar con franqueza, después del 11 de setiembre el asunto de seguridad petrolera se ha vuelto prioritario para Estados Unidos”, reconoció. La embajadora explicó que luego de los atentados de setiembre, las fuentes tradicionales de petróleo de su país son menos seguras, por lo que Colombia y América latina en general se presentan como una alternativa importante.
Hace una semana, el presidente George W. Bush anunció que pedirá al Congreso una ayuda adicional de 98 millones de dólares para entrenar una brigada del ejército colombiano, cuya misión será garantizar la seguridad del Caño Limón-Coveñas, dinamitado por los rebeldes 907 veces desde 1986. Dicho complejo es operado por la multinacional estadounidense Oxy en asociación con la petrolera estatal Ecopetrol. Tales recursos se sumarían a la ayuda económica y militar por 1300 millones de dólares que Estados Unidos presta a Bogotá en el marco de Plan Colombia de lucha antidrogas.
Patterson desestimó advertencias de congresistas estadounidenses de que los nuevos recursos podrían involucrar a Washington directamente en el conflicto colombiano, señalando que dicha cooperación es algo que su país “debe hacer”.
El secretario de Estado adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental de Estados Unidos, Otto Reich, señaló el viernes que la administración Bush descarta enviar tropas a Colombia para luchar contra los rebeldes, los paramilitares y los narcotraficantes, pero prometió eliminar la violencia en el país andino ante el temor de que pueda desbordarse a toda la región. Reich integró una misión de alto nivel que visitó Bogotá la semana pasada. La delegación la encabezó el subsecretario de Estado norteamericano para Asuntos Políticos, Marc Grossman, quien acusó a las FARC de no tener voluntad de paz. Las FARC advirtieron el jueves que extender la ayuda militar estadounidense a la lucha contrainsurgente podría intensificar el conflicto armado hasta niveles “superlativos”.
Washington considera como “organizaciones terroristas extranjeras” a las FARC (16.500 efectivos) y al guevarista Ejército de Liberación Nacional (ELN-4500), así como a los paramilitares (8000), enemigos acérrimos de la insurgencia, a los que también acusa de financiarse con el narcotráfico.

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