Mar 23.05.2006

EL MUNDO  › LA ALIANZA DE DERECHA SALE DAÑADA DE LOS HECHOS EN SAN PABLO

La oposición, presa de la semana trágica

› Por Darío Pignotti
Desde San Pablo

La urgencia informativa suele dar lugar a banalidades. Hay mucho de eso en las crónicas periodísticas de los últimos días según las cuales San Pablo regresó a la “normalidad” luego de una semana de metralla y muerte entre la organización criminal mejor organizada de Brasil, el PCC (Primer Comando de la Capital), y el estado de San Pablo que dejó 154 muertos, entre policías, agentes carcelarios, delincuentes e inocentes. Como en cualquier guerra, y la de San Pablo lo fue, el saldo militar por más dramático que sea tiende a subordinarse al balance político. Es allí donde la aparente normalidad fundada en el fin de los enfrentamientos comienza a descascararse. La primera constatación es que las mortíferas acciones perpetradas por el PCC, a partir del viernes 12 de mayo, dejaron una herida de difícil sutura en la principal alianza opositora al gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, a menos de seis meses de las elecciones presidenciales.

Los socialdemócratas del ex gobernador de San Pablo Geraldo Alckmin y los conservadores de Claudio Lembo, actual jefe de ese Estado, entraron en colisión cuando los primeros le quitaron el cuerpo a la crisis. Alckmin aunque hizo algunas esporádicas apariciones públicas, eligió desentenderse de Lembo, quien hasta marzo fue su vicegobernador, advertido de que el caos paulista podría ser un golpe irreparable en sus aspiraciones a ocupar el Palacio del Planalto. Hasta ahora el candidato socialdemócrata no logró superar los 20 puntos de intención de voto, mientras Lula recoge 40 y, según versiones periodísticas, después de la semana trágica, es posible que crezca más en las mediciones. Otro que eligió la retirada fue el ex mandatario Fernando Henrique Cardoso, ácidamente criticado por Lembo. Cardoso y el presidente del Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB), Tasso Jeressatti, se reunieron en Nueva York donde, según rumores, habrían analizado la necesidad de buscar otro postulante a la presidencia. El elegido sería José Serra, ex intendente de la ciudad de San Pablo y el único al que los sondeos dan con chances de vencer a Lula. De todos modos, las posibilidades de ese cambio de rumbo son inciertas.

Lo cierto es que, pese a la aparente normalidad, la realidad dio una vuelta campana en San Pablo, al quedar demostrada su vulnerabilidad ante un grupo de choque bien armado, con una cadena de mandos vertical y capilarizado en los barrios más pobres. No es que allí el PCC sea bienvenido, sino que su apoyo crece junto con el miedo a las policía.

Por el Instituto Médico Legal de San Pablo ya han pasado 109 cadáveres de civiles muertos en supuestos enfrentamientos con agentes del orden. Allí Página/12 dialogó con el subdefensor del Pueblo, doctor Pedro Giberti quien no descartó la reaparición de “escuadrones de la muerte”. “La violencia policial es histórica en Brasil, tengo la impresión de que ella continúa. Lo que importa es evitar que vuelvan los escuadrones de la muerte, eso sería el caos social, la policía debe investigar dentro de la ley, ahí sí tendremos un país justo. No se puede hacer justicia con las propias manos.”

Las sospechas del funcionario se agravan con la reticencia del gobierno paulista a divulgar la identidad de los civiles muertos, casi todos en zonas marginales. Ayer el Ministerio Público dio un plazo de 72 horas al comandante general de la Policía Militar, coronel Elizeu Eclair Texeira Borges, para que libere esa información, la que por ley no puede ser mantenida en sigilo. La represión sucia parece haber sido admitida por parte de la población como el precio a pagar para contrarrestar el terror sembrado por el PCC una semana atrás. “Derechos humanos, sólo con los humanos”, dice una pancarta colgada en el exclusivo Barrio Jardines. Y no son pocas las voces de respaldo a la bancada policial que está impulsando leyes más represivas contra el delito, sin advertir que conforme crece la población carcelaria también aumenta el número de “soldados” del PCC. Actualmente hay unos 130.000 presos en el estado de San Pablo y más de 300 mil en Brasil. Cada mes ingresan a los presidios paulistas 5000 personas y salen 4000.

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