Mié 27.09.2006

EL MUNDO

Huelga, marcha y razzias en Chile

Bachelet dispuso un fuerte operativo de seguridad para controlar una movilización de estatales. Cerraron el paso a La Moneda.

La presidenta chilena Michelle Bachelet enfrentó ayer un importante paro social con fuertes medidas de seguridad. La movilización reunió a profesores, estudiantes secundarios y universitarios, empleados de la salud y empleados fiscales. La jornada fue más tranquila de lo que se esperaba, pero hubo choques aislados entre la policía y los manifestantes y los profesores acusaron al gobierno de querer sabotear la movilización.

Los distintos gremios chilenos han levantado demandas motivados por los más de 10.000 millones de dólares de excedentes con los que este año espera cerrar el fisco chileno, apoyados principalmente en el alto valor alcanzado por el cobre, el principal producto de exportación del país. Además, los profesores y estudiantes piden mejoras estructurales en la educación. Pese a las demandas, el gobierno de Bachelet señaló que mantendrá una férrea política de austeridad fiscal y destinará al ahorro la mayoría de los excedentes.

El acto central fue una marcha de más de 4000 manifestantes por calles del centro de Santiago, que culminó a un costado del Ministerio de Educación, en las cercanías del palacio presidencial de La Moneda. “Fue una movilización histórica, ya que marcharon juntos una gran cantidad de estudiantes con los profesores”, indicó Jenny Assael, asesora del Colegio de Profesores. “Señora ministra, quisiera que por un mes viviera con mi sueldo y yo con el de usted”, cantaba un grupo de profesoras. “¡Bachelet, Bachelet, dónde está que no se ve!”, era otro de los hits.

“Somos el mundo social que se cansó de luchas parciales y hoy le dice al gobierno: queremos un cambio general en la educación”, advirtió Nicolás Grau, el presidente de la Federación de Estudiantes de Chile (FECH). “La idea de sumarnos es mostrar que los sectores sociales de la educación siguen unidos y pueden incidir en la política desde la calle”, agregó.

El gobierno le hizo frente al paro con un nuevo plan de seguridad, adoptado tras los disturbios de la conmemoración del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973. En las horas previas al “paro social”, se ordenó el despliegue de un millar de Carabineros, para mantener el orden y evitar que la columna de la manifestación llegara hasta La Moneda, cuyas inmediaciones fueron valladas. Además, la policía tenía instrucciones de detener a enmascarados y disolver cualquier intento de desmanes.

Otra de las medidas tomadas por el gobierno fueron los allanamientos. El clima que precedió a la movilización se tornó tenso por la mañana, cuando agentes de inteligencia y de la policía detectaron bombas “molotov” en algunas viviendas. Los agentes detuvieron a seis personas, incluido un ciudadano español, cuya expulsión del país fue ordenada inmediatamente por el Ministerio del Interior. A esos hallazgos se sumaron otra “molotov” que la policía encontró frente a la sede del Partido Socialista (PS) de la presidenta Bachelet y el estallido de una bomba de ruido durante la marcha. Para muchos, esos supuestos descubrimientos fueron un intento del gobierno de sabotear la movilización. “Fue un montaje”, afirmó la analista Assael en diálogo telefónico con Página/12. Otro de los elementos que aportaron tensión a la mañana fue el cambio de ruta de la marcha que el gobierno dispuso a último momento y que molestó a los profesores.

Sin embargo la jornada fue tranquila. “Nosotros hemos sido capaces de marchar dignamente y de reclamar al país y al gobierno que se nos escuche”, indicó Jorge Pavez, el presidente del Colegio de Profesores, al concluir la marcha. Pavez subrayó así el carácter pacífico del paro social y pidió a los manifestantes que se retiraran sin causar disturbios. Aunque durante la marcha no se registraron incidentes, un balance policial consignó la detención de seis estudiantes, acusados de portar armas cortantes, en Santiago, y otros seis en Valparaíso.

Tal como sucedió en el paro docente del 12 de septiembre pasado, las cifras de acatamiento que publicó cada grupo fueron muy dispares. La subsecretaria de Educación, Pilar Romaguera, afirmó que los establecimientos de enseñanza en el país funcionaron con normalidad y que el paro tuvo una adhesión de sólo el 24 por ciento. El Colegio de Profesores dio un número opuesto, afirmando que 80 por ciento de los profesores paralizaron sus actividades. Para ellos, las expectativas fueron cumplidas con creces. Pero la historia no termina acá. El gobierno y el gremio irán a un nuevo round mañana, cuando retomen las actividades de la mesa negociadora.

Informe: Virginia Scardamaglia.

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