Sáb 29.06.2002

EL PAíS  › HUBO MAS DISPAROS CON BALAS DE PLOMO EN LA REPRESION DE AVELLANEDA

El día que Franchiotti no estuvo solo

Javier Medina y Alejandro Abraham están heridos, internados en Lanús y en el Fiorito, respectivamente.
Página/12 habló con los dos.
Ambos fueron heridos lejos de la estación de Avellaneda, donde actuó el comisario Franchiotti, por otros disparos con plomos.

› Por Laura Vales

El miércoles al mediodía, cuando empezó la represión en Avellaneda, Javier Medina estaba en el medio de la columna de piqueteros, tratando de acercarse al Puente Pueyrredón. Corrió para escapar de los gases lacrimógenos en desbandada, con todos los demás. Llegó a la avenida Pavón, dobló la esquina y allí se detuvo para reponerse. Apoyado en la pared, vio que la calle era un tumulto de espaldas huyendo. Gente que gritaba y se empujaba, todo envuelto en la neblina blanca de los gases. Trató de ubicar a su tío, que hasta hacía unos momentos iba con él, pero no pudo. En cambio descubrió que un policía parado a pocos metros le estaba apuntando con algo que le pareció un fusil. “Volví a correr y sentí un golpe en la espalda”, contó ayer a Página/12.
Javier pensó que lo había golpeado el cartucho de un gas lacrimógeno, porque de inmediato se quedó sin aire. En realidad era una bala de plomo que los médicos todavía tienen que sacarle del abdomen.
Trató de seguir avenida abajo, “pero todos se me adelantaban, mientras que yo iba cada vez más despacio”. Javier consiguió avanzar bastante. “Llegué al alambre tejido donde termina Carrefour y ahí me quedé, ya no pude más, tratando de respirar.”
Delante de él, sobre el asfalto y las veredas, los manifestantes intentaban recuperar la calma. Era difícil porque tenían a la policía detrás, en camionetas, pero también a los costados: a la derecha, un pelotón numeroso. Y a la izquierda, otro que apuntaba hacia el lugar. Pero así todo, Javier se sintió lejos del lugar del conflicto.
–¡No corran! ¡No corran! –escuchó que pedían algunas voces entre los manifestantes. “Vamos caminando. No empujen.”
“Casi todos dejaron de correr, parecía que la represión había pasado. Entonces la policía empezó a disparar al montón.”
A Javier lo salvaron tres o cuatro compañeros que lo cargaron en andas. “Nos íbamos a meter en la estación de trenes, pero ya había mucha gente tratando de entrar, así que seguimos de largo. Más adelante nos salimos de la avenida por donde iba la mayoría, tomamos por una calle a la derecha.”
El chico ya no quería seguir caminando. “Me sentía cansado, tenía ganas de tirarme al piso y dormir. Empecé a sentir frío. Cuando me vieron así, a los demás se les ocurrió que me habían disparado.”
–Me golpeó el cartucho de un gas lacrimógeno –les porfió él desde el piso, antes de que le levantaran la campera para mirar.
Pero tenía dos impactos en la espalda: uno superficial, de bala de goma, y el otro mucho más grande. Cuando Javier se dio cuenta se descompuso.
Página/12 lo entrevistó ayer en el cuarto piso del hospital Evita, de Lanús, donde se repone, ya fuera de peligro. Los médicos le dijeron que tuvo suerte porque perdió poca sangre y el proyectil no le atravesó ningún órgano vital. Los abogados de la Liga Argentina por los Derechos Humanos llegaron poco después y tomaron su testimonio para elevar la correspondiente denuncia.
Hasta ayer, estaba en una lista de desaparecidos donde todavía quedan otros nombres de piqueteros que no han regresado a sus casas. Con suerte, estarán internados en algún otro hospital.
Medina tiene 22 años. En la cabecera de su cama, debajo de la almohada, guarda una foto de Federico, su hijo de dos años. Su mujer, Clarisa está embarazada de ocho meses, con fecha de parto para la semana próxima. “Con un poco de suerte en unos días los tres vamos a estar internados en el mismo hospital”, bromea ella.
Clarisa cuenta que su marido se anotó para recibir un plan Jefes y Jefas de Hogar, pero que todavía esperan cobrarlo. El día del corte ella se quedó en su casa. Está convencida de que su marido “tuvo un dios aparte”. Antes de llegar al hospital, en Avellaneda, el grupo cargó al herido hasta un centro de salud (“una salita”, define él) donde no les abrieron la puerta. Ayer no estaba claro si se negaron a atenderlo o si adentro nohabía nadie. Finalmente, una chica paró un auto y el conductor accedió a llevarlos.
El testimonio de Javier Medina, junto a un segundo relato que se detallará a continuación, pone en claro que los que dispararon con balas de plomo contra los manifestantes no fueron solamente el contingente que entró a la estación Avellaneda con el comisario Alfredo Franchiotti al mando, sino que hubo otros policías disparando también con balas de plomo, en otros lugares de Avellaneda.
- Donde se termina la avenida Pavón, a unos cien metros del puente Pueyrredón. Allí fue herido Javier. Vale la pena agregar otros de los detalles que él recuerda: “El policía que vi que me apuntaba tenía casco, estaba vestido de azul, con uniforme”, dijo. “En la calle había que correr, porque al que se caía le pegaban, aunque estuviera entregado.”
- En la vereda del hipermercado Carrefour, donde cayó Maximiliano Costeki, luego llevado al hall de la estación.
- En la zona de Plaza Alsina, a unas 15 cuadras de distancia. Allí fue herido Alejandro Abraham.
Abraham está internado en el Hospital Fiorito, donde habló con este diario. Es piquetero del Movimiento Teresa Rodríguez. En el momento en que comenzaron los disparos integraba la columna de manifestantes que caminó hacia el Puente Pueyrredón por la avenida Mitre. El corrió entonces en la dirección opuesta a la de grupo de Javier Medina, con rumbo hacia la Plaza Alsina.
Al llegar allí, Abraham vio a “gente de civil disparando con escopetas, mezclados con la policía. Yo vi a por lo menos cuatro, aunque tal vez eran más. Estaban vestidos como gente normal, quiero decir sin capuchas, no disfrazados de piqueteros”.
Abraham paró para ayudar a Silvina, una compañera que recibió un disparo en la ingle. Media cuadra más allá de la plaza sintió un golpe en la pantorrilla y no pudo seguir corriendo.
“Me metí en la entrada de una negocio, sentado contra el mármol y puse cara de nada. La infantería siguió de largo, detrás de la gente, no me detuvo. Después nos vinimos al hospital.”
Había recibido dos impactos en la pierna derecha. Uno de ellos le quebró la tibia. El piquetero tiene ahora la pierna enyesada.
El número de heridos total es incierto. Además de los que fueron internados en hospitales, mucha gente se fue herida a su casa por temor a que en los centros de salud la policía los apretara. Javier Medina, el internado en Lanús, recién ayer se animó a contar lo que le había pasado. Página/12 recorrió el jueves el Barrio La Fe, en Lanús, donde vio otros heridos.
Uno de ellos es Juan Arredondo, el piquetero al que en una protesta anterior, frente a la Municipalidad de Lanús, un oficial del Servicio Penitenciario le metió un tiro en el pecho en un alegado ataque de ira porque el piquete no lo dejaba “transitar libremente”.
A Arredondo le dispararon cerca de otra estación de trenes, a unas 10 o 15 cuadras de la de Avellaneda. Llegó allí tratando de subirse a un tren, pero dentro de la estación la policía tiró más gases lacrimógenos. En algún momento del escape, le pegaron en una pierna y en el glúteo. Después se lo llevaron preso a la comisaría primera, hasta que el abogado de la Correpi Sergio Smietniansky, tras una fuerte discusión, logró sacarlo del lugar para que fuera atendido. Había pasado varias horas perdiendo sangre en el patio de la comisaría, a pesar de los pedidos de ser atendido por un médico.

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