Jue 07.02.2002

ESPECTáCULOS

“Memento”, o cómo contar un asesinato en reversa

El film de Christopher Nolan es un desafío permanente al espectador: su protagonista es un hombre que perdió la retentiva y debe investigar la muerte de su esposa a través de anotaciones y fotos.

› Por Martín Pérez

Todo comienza con una polaroid desvaneciéndose y luego volviendo a la cámara para ser sacada, el casquillo de una bala volviendo al revólver para ser disparado y una víctima regresando de los muertos para volver a pedir clemencia. Film en reversa, Memento tal vez sea el thriller más original de los últimos tiempos, mereciendo un lugar junto a Sexto sentido y Los sospechosos de siempre en el podio de las más recientes películas de suspenso decididas a engañar a su espectador a partir de su narrador. Aunque en el caso de Memento el engaño está claro desde el mismísimo comienzo. Y no se trata de un engaño, sino de una duda contundente sobre las capacidades del narrador de la historia a partir del hecho de que se trata de un amnésico. Aunque la suya es una amnesia muy especial.
Lejos de ser apenas un truco narrativo para hacer más novedoso el relato, Memento es un film contado de atrás para adelante porque de esta manera el espectador comparte los conocimientos del narrador escena tras escena. Salvo el prólogo, el segundo opus del británico Christopher Nolan no es un rewind permanente, sino que lo que se encadena de atrás para adelante son secuencias narrativas de entre cinco y diez minutos. De esta manera, cada vez que comienza cada una de estas secuencias, tanto el espectador como el protagonista no saben qué es lo que está sucediendo. El espectador no lo sabe porque la forma elegida para contar el film le sustrae ese conocimiento. Y el protagonista no lo sabe porque desde el asesinato de su esposa tiene una curiosa amnesia sobre los sucesos recientes. Leonard recuerda toda su vida de investigador para una agencia de seguros, pero un terrible golpe que lo dejó inconsciente e incapaz de salvarle la vida a su mujer, le quitó a su mente la posibilidad de generar recuerdos recientes. Desde entonces tiene una sola razón para vivir: vengar la muerte de su esposa. Aunque sea incapaz de recordar esa venganza.
“¿Qué es lo último que recuerda?”, le pregunta Natalie –interpretada por Carrie-Anne Moss, la protagonista de The Matrix– a Leonard al promediar la película. “A mi mujer...”, es su respuesta. “Que romántico”, sugiere Natalie. “... muriéndose”, agrega Leonard, contundente. Metafilm negro en el que no se puede confiar en ninguno de sus protagonistas, ni siquiera –obviamente– en su narrador, Memento es fiel a su género y su melancolía está construida a golpes de diálogos filosos, que exigen a un espectador que necesita estar atento a todas las pistas, aunque en este caso no para intentar descubrir quién es el asesino antes que el detective, sino simplemente para intentar comprender qué es lo que está sucediendo. Escena por escena.
Decidido a cumplir su objetivo –algo que además supuestamente consigue al comienzo del film–, Leonard lucha permanentemente contra su amnesia. Su arma como investigador son los hechos, no la memoria. Y para conseguir que esos hechos no caigan en el olvido, el amnésico Leonard tiene un sistema, construido a partir de polaroids, anotaciones e incluso tatuajes. Cada vez que despierta en su presente continuo, Leonard necesita recurrir a sus polaroids anotadas, a sus apuntes y a sus tatuajes para saber dóndeestá parado en ese mismo momento. Por eso desespera buscando una lapicera para anotar lo que le sucede antes de que se olvide, borroneando en sus polaroids mensajes para saber quién es la persona que tiene enfrente.
Hábilmente construida, y sin ninguna gratuidad en su deconstrucción previa, el laconismo de Memento guarda lugar para un curioso humor negro, que habita en el film en medio del permanente lamento de su protagonista. Film pequeño, habitado sólo por tres personajes –a Leonard lo acompañan Natalie y Teddy, quien es asesinado para la Polaroid del prólogo pero es fundamental en el curso en reversa de los acontecimientos–, su sequedad no sólo se vincula a la contundencia de la búsqueda que alimenta su relato, sino que también se refiere a la naturaleza de ese mismo relato. Y de su protagonista. Reconstruyendo en su marcha atrás las circunstancias que condujeron a un crimen a sangre fría que es la venganza de otro crimen, Memento es un film casi sin alma, apenas una reflexión sobre el film que no es. O que no puede permitirse ser. Y es también, antes que cualquier otra cosa, un film sobre la memoria. “Pensé que el placer de leer un libro es no saber qué es lo que viene después”, recuerda Leonard haberle dicho a su esposa, al verla leer nuevamente un libro ajado por tantas relecturas. Pero a veces, y no sólo en el caso del film de Nolan, el placer de vivir el presente sólo es posible si se puede olvidar todo lo que nos trajo hasta aquí.

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