Vie 08.02.2002

ESPECTáCULOS

“De la Guarda es una compañía de apasionados buscando algo nuevo”

Así explican Diqui James y Pichón Baldinú la esencia del grupo, en un especial sobre “Villa” que Canal (á) emitirá esta noche.

Por Oscar Ranzani

Aquellos que conocen el fenómeno saben que asistir a un show de la Guarda equivale a entrar a un universo artístico diferente y provocativo, que transgrede los espacios de acción hasta dejarlos prácticamente sin fronteras, a pesar de que se desarrolle en un ámbito cerrado. Quienes todavía no se iniciaron en el rito tendrán la oportunidad de hacerlo a través del especial que emitirá Canal (á) hoy a las 20.30, en el marco del ciclo “Viajeros Ilustres”. A los espectadores que ya presenciaron el espectáculo –que este fin de semana y el próximo dará sus últimas funciones– les permitirá, a la vez, conocer el secreto de esta compañía que desafió los límites del teatro convencional, apostando a un goce sensorial.
El programa se apoya fundamentalmente en el testimonio de los directores Pichón Baldinú y Diqui James, y del productor Fabio D’Aquila. A lo largo de media hora relatan el origen de la compañía, los fundamentos de la propuesta, la manera en que conciben el teatro y sus postulados. En otros pasajes del especial relatan la manera que tienen de llegarle a los espectadores y las experiencias que recogieron en los numerosos viajes que realizaron al extranjero, lo cual los lleva a analizar el suceso que les permitió a ciudadanos de diferentes culturas disfrutar de un mismo espectáculo. Un capítulo aparte merece la explicación de cómo lograron vender su última producción Villa a otros países y de esta manera, romper con el debate “comercial vs. artístico”. Los testimonios están mezclados con imágenes del espectáculo Doma que realizaron en Buenos Aires durante el ‘98 y fragmentos de Villa en Nueva York, Bordeaux y Londres.
“Para ponerle un nombre que se entienda, De la Guarda es una compañía de teatro alternativo”, comenta D’Aquila. “Pero para mí está mucho más allá de eso. Es una compañía de gente a la que le encanta hacer cosas nuevas. Se trata de apasionados que hacen todo lo posible por hacer lo que más les gusta”, explica el productor. Baldinú señala el valor auténtico de la compañía que crearon: “Nunca estuvimos atados a trabajar con textos. Siempre produciendo, investigando y armando cosas raras”. Al entrar en comparación con el teatro convencional, James afirma que “lo que nosotros hicimos fue algo vivo, fresco, con acción y con un lenguaje que a la gente joven le conmueve”. Aunque vale aclarar que el espectáculo de la Guarda es presenciado por un público heterogéneo. “De a poco se fue armando un boca a boca del show y empezó a venir la gente que quiere tener esa experiencia, y que quiere traer a sus amigos a que también la tengan”, define Baldinú. “Gente de todo tipo: de los que nunca fueron al teatro, público de boliche, famosos que nunca me imaginé que iban a venir a estar parados una hora”, dice sorprendido.
El origen de la Guarda se remonta a principios de los 90, cuando hicieron su incursión en la segunda versión del mítico Prix D’Ami. “Nosotros actuábamos antes que los grupos que solían tocar, sin que la gente lo supiera”, recuerda James. Para Baldinú hubo una etapa empresarial y, a partir de entonces, “funcionamos mezclando y combinando tres cosas: lo artístico, lo empresarial y lo actoral”. El proyecto dio sus frutos, y entre 1996 y 1997 De la Guarda hizo dos giras en el circuito de festivales europeos.
Durante el ‘97 también fueron tentados por tres grupos de productores norteamericanos que pretendían llevar el espectáculo a Estados Unidos, hasta que optaron por uno que les ofreció ingresar directamente en Nueva York. Allí se convirtieron en un éxito. “Fuimos a estrenar a esa ciudad con un concepto completamente diferente, que era darle a los tipos una compañía estable en Nueva York para que ellos hicieran los shows y los produjeran”, relata James. El resultado fue que, luego de aproximadamente tres meses durante los cuales los argentinos hicieron el espectáculo, finalmente firmaron un contrato de licencia que les permite a los estadounidenses explotar los shows mientras cumplan ciertas reglas. Así,la experiencia de volar bajo techo traspasó algo más que las fronteras artísticas.

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