Jue 03.06.2010

PSICOLOGíA  › PARENTALIDADES DEL SIGLO XXI

“Una nueva liberación”

› Por Mariam Alizade *

Para dar cuenta de las nuevas formas de parentalidad en el siglo XXI, debemos repensar las ideas consensuadas hace más de un siglo. La introducción de la noción de función –tanto paterna como materna– destacó que no necesariamente una madre o un padre biológicos se desempeñan como tales. Otro puede tomar ese rol y cumplir dicha función. La psicohistoria, a su vez, se encargó de develar el lado oscuro de las parentalidades. Escribe Lloyd Demause (“La evolución de la infancia”, en Historia de la infancia, Alianza Editorial, 1974): “La historia de la infancia es una pesadilla de la que hemos empezado a despertar hace muy poco. Cuanto más se retrocede en el pasado, más bajo es el nivel de la puericultura y más expuestos están los niños a la muerte violenta, el abandono, los golpes, el terror y los abusos sexuales”.

El hijo es un personaje simbólico que gravita en toda vida, ya sea que se materialice en una parentalidad, que permanezca como un proyecto postergado, rechazado o que nunca se concrete. En el hijo deseado se depositan fantasías de trascendencia, de protección a futuro cuando los genitores hayan envejecido, de supervivencia simbólica, de reparación. Y el hijo difícil, que desafía las expectativas narcisistas parentales, provoca hostilidad y sentimientos negativos en una especie de vaivén vincular que retroalimenta interacciones recíprocas violentas y destructivas.

El concepto de “identidad generativa”, propuesto por J. Raphael-Leff (Conferencia sobre reproducción asistida dictada en Apdeba, Buenos Aires, 2003) define el fragmento de identidad relacionado con el rol de genitor. La identidad generativa es la construcción psíquica de uno mismo en tanto progenitor potencial. Según esta autora, tal constelación de ideas hacia una futura parentalidad se encuentra precozmente en los niños.

La familia tipo, basada en el padre y la madre como progenitores estables, fue el modelo ideal de crianza en los cien primeros años del psicoanálisis. El panorama de las parentalidades se ha complejizado con los sucesivos divorcios e hijos de diferentes parejas que dan lugar a un nuevo tipo de hermandades, a filiaciones a medias (medio hermanos), a múltiples padrastros o madrastras, territorios grupales.

La construcción de un hijo (alquiler de vientres, compra de esperma, etcétera), en relación con innovaciones tecnológicas, hace aún más complejo el panorama. Estas gestaciones dan lugar a distintas fantasías e interacciones. Padre y madre adquieren carácter plural: madre biológica, padre donador de esperma, madre sustituta, madre de crianza, padre simbólico, etcétera. Estas figuraciones múltiples generan efectos imaginarios. Ejemplo: un padre le pide a su hija adolescente que baje el volumen de una música estridente. La joven, de mala gana, obedece y exclama en tono desafiante: “Mi donador no me hubiera pedido que baje el volumen. Estoy segura de que a él le gustaría escuchar esta música”. Con estas palabras introduce, entre su padre y ella, a un padre hipotético hecho a medida, sede imaginaria de proyecciones y deseos.

En el siglo XXI, tener un hijo se considera un derecho humano y el deseo de conformar una familia se expresa con fuerza en grupos de personas neosexuales, diferentes, no sexualmente convencionales. Estas expresiones del deseo de generar una organización familiar, por fuera del marco social y cultural establecido hace siglos, constituyen un movimiento de liberación.

Las homoparentalidades están actualmente en discusión. Acaece una suerte de transexualidad reproductora, de postura –¿o impostura?– inconsciente en el intento por encarnar lo que no se será jamás: el hombre, una madre biológica, la mujer, un padre biológico: encuentro analógico con la posición transexual, que aspira al imposible destino de quitar del cuerpo un sexo para ubicarle el sexo opuesto. Este punto requiere minuciosas investigaciones empíricas para su elucidación y teorización.

Heineman (“Reconstructing Oedipus? Considerations of the Psychosexual Development of Boys of Lesbian Parents”, en Motherhood in the XXst century, London, Karnac, 2006), a partir de la clínica de hijos de parejas homoparentales, plantea la existencia de una representación mítica universal independiente de la realidad del sexo de cada genitor. Postula la existencia de una línea divisoria entre la sexualidad del adulto y el desarrollo psicosexual del niño, lo cual independizaría la evolución infantil del género de los genitores.

Según Joyce Mac Dougall (“Las soluciones neosexuales”, en Las mil y una caras de Eros, Buenos Aires, Paidós, 1988), la sexualidad, polimorfa en todas sus manifestaciones, no puede llamarse perversa en tanto no dañe al prójimo y sea consentida por los integrantes de la situación sexual. Desde esta perspectiva, una persona neosexual tiene derecho al reconocimiento y permiso legal de adoptar hijos, en la medida en que las neosexualidades también son heterogéneas y comprenden personas capacitadas para cuidar y sostener a un infans en el recorrido de la vida hacia la adultez.

La liberación de la parentalidad se anuncia como una nueva liberación, tal como lo fuera la liberación femenina en el siglo XIX; en tanto tal tendrá ventajas y desventajas, producirá conflictos y controversias.

* Extractado del trabajo “La liberación de la parentalidad en el siglo XXI”, que se publicará en el número 140 de la revista Imago-Agenda (ed. Letra Viva), de próxima aparición.

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