Sáb 29.06.2002

SOCIEDAD

Un carpintero denunció que cuatro policías lo asaltaron en su local

En Mar del Plata, cuatro hombres uniformados robaron en una carpintería. El dueño dice que reconoció a uno de ellos como policía. Lo declaró en la comisaría, pero el detalle no figura en el acta. Para la Fiscalía, aún no está comprobado que se trate de policías.

› Por Horacio Cecchi

“Tengo 56 años y jamás me pasó algo semejante.” Respecto a su edad, Daniel Bitencourt no miente. Sobre lo que le pasó, hasta tanto la Justicia lo compruebe, estará en duda. El lunes pasado, Bitencourt trabajaba en su carpintería marplatense. Lo acompañaban su hermano, dos hijos, proveedores y clientes. Eran las seis menos cuarto de la tarde cuando de un Fiat Uno blanco bajaron cuatro tipos y uno quedó de campana. Después de una tunda de golpes, ataron al carpintero y a los presentes. Se llevaron toda la plata que encontraron, echaron nafta pero no encontraron fósforos. Después huyeron. ¿Cuál es la duda? Vestían ropas que parecían uniformes policiales. Hasta aquí, las dudas se mantendrán: pueden ser uniformes robados. Bitencourt declaró dos veces. Una, ante la policía. Según aseguró a este diario, dijo haber reconocido a uno de ellos como un uniformado que vio en otra ocasión. Una fiscalía recibió esa declaración, pero lo curioso es que en el escrito no figura ese dato. Página/12 hurgó en dudas y curiosidades, y encontró que la víctima había firmado su declaración, pero sin haberla leído. No pudo: tenía los ojos en compota. “Me la leyó un policía”, dijo.
El local es un amplio galpón, sobre la avenida Fortunato de la Plaza (ex 39) al 7200, al sudoeste de Mar del Plata, a unas cincuenta cuadras del centro. El barrio es de clase media baja, humilde. Al fondo del local, Daniel Bitencourt tiene una fábrica de muebles. Allí se encontraba trabajando el lunes pasado. Lo acompañaba su hermano Alcirio, de 44, y su hijo de 14. Al frente, su hija Silvia, de 33, atendía a dos proveedores, los hermanos Fabián y Sergio Luna, y a los clientes que iban llegando.
A las seis menos cuarto de la tarde, un Fiat Uno blanco se detuvo frente a la puerta del local. Bajaron cuatro hombres y un quinto se quedó en el auto. “Eran morrudos, morochos, de pelo corto –describió Bitencourt a este diario, y agregó detalles–. Los cuatro tenían uniformes policiales, chalecos antibala, pistolas 45, gorros, handies.” Uno de ellos le dijo a la hija: “Quiero hablar con el dueño que se llama Daniel. Es un procedimiento”. Silvia se dio vuelta y encaró hacia el fondo, pero se ve que el procedimiento urgía porque los cuatro se le adelantaron.
Bitencourt, tumbado, rasqueteaba un mueble cuando escuchó que alguien preguntaba “¿Quién es Daniel?” y respondió “Yo”. Levantó la vista, vio cuatro uniformes, intentó ponerse de pie y no vio nada más porque lo volvieron a tumbar de un culatazo. La tunda siguió, mientras le gritaban que entregara “la guita” y lo ataban con alambres. Los demás también fueron atados. Al carpintero le sacaron el anillo, la cadenita, el reloj, la billetera del bolsillo. Estuvieron hasta las seis y media revolviendo todo. Al final, rociaron los muebles con combustible. Pero no encontraban encendedor, ni un mísero fósforo, cuando sonó el handy. Era el del auto: “Rajemos que viene más gente”, escucharon los atados. Y se fueron sin quemar nada.
La historia sería una más de tantas de no ser por el detalle de los uniformes. A medias repuesto, Bitencourt presentó una denuncia ante un escribiente de la comisaría tercera. Declaró convencido de que fueron policías. “Actuaban como policías, hablaban como policías y estaban vestidos como policías”, aseguró a este diario, repitiendo su declaración, pero también dijo: “Al que me pegaba lo reconocí. Lo vi varias veces, con uniforme, en un banco o en la esquina. Si me lo ponen delante lo reconozco”. La investigación recayó en el fiscal marplatense Sergio Sosa Ortega. Pero, según fuentes judiciales, en ese escrito no aparece una mención sobre la identificación de un policía.
Bitencourt, en cambio, aseguró a este diario que lo había declarado.
–¿Usted leyó su declaración?
–Con los golpes que me dieron casi ni puedo ver –respondió el carpintero.
–¿Y la firmó sin leerla?
–Me la leyó el policía.
La fiscalía volvió a citarlo ayer, pero el estado de ánimo de Bitencourt obligó a completar el lunes próximo. “Es un caso todavía oscuro”, señaló la fuente judicial. “Con lo que hay, no alcanza. Puede ser que hayan sido policías como puede ser que no. Hay muchas dudas en su relato. Dice que reconoce a un policía, pero no lo sabe describir. Estaba muy nervioso. Habrá que ver el lunes, más tranquilo de ánimo.”

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