Mar 26.09.2006

SOCIEDAD  › INVESTIGABA UN CRIMEN Y LO ACUSAN DE COMETERLO

Un ex policía todo servicio

El ex suboficial Romero de la Bonaerense trabajó en el caso de Natalia González. Ahora lo acusan de haber participado en el crimen.

› Por Horacio Cecchi

Si las investigaciones del fiscal de Moreno Horacio Chiminelli son aceptadas por un tribunal oral, el ex suboficial de la Bonaerense Mario Agustín Romero será considerado culpable del crimen que él mismo investigó cuando estaba del otro lado del mostrador. El 12 de enero de 2002, la adolescente Natalia González fue asesinada a balazos luego de que la asaltaran cuando estaba junto a su pareja en el Fiat 147 de su novio, en Gaona y Faraday, de Moreno. Romero se puso al frente de la investigación, reunió pruebas y logró que en noviembre de 2004 condenaran a perpetua a Juan Pablo Luna, un vendedor de autos robados de la zona de Las Catonas. Pero antes del juicio, en 2003, el propio Romero terminó detenido. ¿Por qué? Lo acusaron de conformar una banda de bonaerenses dedicados a robar autos, entregarlos para cortarlos y perder las pistas de las investigaciones judiciales. “Cuando condenaron a Luna –dijo Carlos González, padre de Natalia, a Página/12–, dijimos que no estábamos conformes y que habían condenado a un perejil.” Ahora, Romero quedó formalmente involucrado en el crimen como cazador cazado.

A Natalia González la asesinaron el 12 de enero de 2002, mientras se encontraba en el Fiat 147 de su novio, Daniel Viltes. En realidad, el crimen fue poco común. Viltes declaró que había estacionado el auto en Gaona Norte y Faraday, cuando un asaltante que se bajó de un Renault 18 los amenazó con un arma, subió al auto y seguido por su cómplice, hizo unas cuadras y dejó atascado el 147 en Gaona y Honduras. Allí dejó a Viltes, a quien supuestamente le robaron el dinero. El asaltante tomó a Natalia y subió con ella al Renault. Después, Natalia apareció con tres disparos en la cabeza y uno en el pecho.

La investigación fue asumida por el suboficial de la Bonaerense Agustín Romero, quien era parte del equipo de la fiscal de Asuntos Complejos de Mercedes, Miriam Rodríguez. Romero fue reuniendo pruebas que apuntaban contra el Tuerto Luna. Pero antes del juicio, en julio de 2003, la fiscal Rodríguez detuvo a una banda mixta de ladrones de autos, desarmadores y reventas, que operaba en la zona de Moreno, General Rodríguez y Mercedes, con epicentro en Las Catonas y Villa Trujui. Entre los detenidos había cinco policías de Moreno y dos de Investigaciones de General Rodríguez, además de cuatro vecinos. Entre los vecinos se encontraba Cristian Hassel, que tenía su kiosco frente a la comisaría de Villa Trujui. Entre los policías, nada menos que Romero. Hassel quedó libre. Romero no.

Ayer detuvieron a Hassel y a su pareja, “una de las mellizas Barberán –dijo a este diario Carlos González, padre de Natalia–. A las dos mellizas, Vanina y Yanina, durante el juicio la defensa de Luna y la acusación pidieron juntas que las procesaran por falso testimonio, porque estaban convencidos de que habían mentido en el juicio enviadas por Romero”.

“Nosotros veníamos luchando a brazo partido para que se investigara el asesinato de mi hija desde hacía mucho tiempo –aseguró González–. Pero recién cuando estaba por empezar el juicio logramos que se abriera una investigación paralela. Nosotros aseguramos siempre que a Luna lo acusaron para no comprometerse, y dijimos que en el juicio, al final, condenaron a un perejil.” El Tribunal Oral 1 de Mercedes, a cargo de Héctor Ameigeiras, y los jueces Carlos Gallassso y Roberto Boccacci, condenó en noviembre de 2004 a Luna a cadena perpetua.

La investigación continuó a cargo del fiscal Horacio Chiminelli, por entonces de Mercedes y que luego fijó su despacho en Moreno. Tras una paciente investigación y con el aporte de una testigo encubierta, Chiminelli logró reunir pruebas contra Romero, el kiosquero y su pareja. En ese testimonio revelaba que había visto a los imputados con sus ropas ensangrentadas y discutiendo por echarse culpas mutuamente.

Pero las sospechas se extienden. ¿Por qué los detenidos querrían asesinar a Natalia? La respuesta posiblemente surja de las declaraciones de los detenidos, o de la confirmación de las hipótesis de los fiscales. “Nosotros siempre miramos con desconfianza al novio de Nati –señaló Carlos González–. Su familia quería apartarla de él, y tenía relación directa con la policía. Un tío de ellos fabrica uniformes.”

Por el momento, el caso no tiene fondo, las sospechas no llegan a completarse, y Romero, el ex de la Bonaerense, seguirá preso acusado de formar una banda mixta que robaba autos y, ahora, por cometer el crimen que él mismo investigaba.

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