Sáb 13.07.2002

SOCIEDAD  › CIENTOS DE PERSONAS FUERON A ATENDERSE O RECIBIR MEDICAMENTOS EN LA CALLE

El día en que la city encontró remedio

En una movida organizada por un grupo de intelectuales y médicos, la city fue invadida por puestos donde atendieron pacientes y entregaron medicamentos donados. Cientos de personas de la Capital y el Conurbano que no tienen acceso a los remedios encontraron allí lo que necesitaban.

Josefina respiró aliviada. Pudo conseguir el medicamento para su nene de 10 años, asmático, cuyos ataques son cada vez más recurrentes desde que la crisis la dejó fuera del acceso a los remedios. “Sale 80 pesos y es imposible comprarlo, por eso es buenísimo llamar la atención para que se ocupen de la salud pública”, dice a Página/12. Por una vez, la city porteña dejó de bailar al ritmo del dólar y se transformó en un espacio público donde el derecho a la salud fue protagonista. En San Martín y Perón, durante más de cuatro horas, cientos de personas donaron o recibieron antibióticos, pañales, leche, antihistamínicos, aspirinas y hasta vacunas contra la gripe. La salud se paseó frente a las mismísimas narices del mercado. Junto a las sedes de importantes bancos, convivieron ayer muchos (im)pacientes que decidieron protestar por la falta de recursos para el área sanitaria, a través de la redistribución concreta de los elementos y servicios que se tienen a mano.
Parece una gran kermesse. De punta a punta de la calle San Martín, entre Perón y Sarmiento, hay una larga hilera de mesas listas como para un asado. Pero se trata de consultorios en plena calle, con profesionales preparados para orientar a los visitantes. En total, 150 personas –70 médicos de la Asociación Sindical de Profesionales de la Salud bonaerense (Cicop) y 80 voluntarios– participan de esta actividad, organizada -entre otros– por los escritores Martín Caparrós y Juan Forn, y el humorista Miguel Rep, como parte de un movimiento que pretende instalar en la agenda pública los temas que descuida el Estado.
“Esta jornada es de propuesta y protesta”, cuenta Jorge Yabkowski secretario general de la Cicop. “La primera porque, en la medida de las posibilidades, estamos entregando remedios y tratando de reunir insumos hospitalarios que luego distribuiremos entre distintas salas –agrega–. Y la segunda es que se eligió estar aquí porque en estas seis manzanas se vació al país entero, incluyendo la salud.”
Sobre una de las esquinas, los organizadores instalaron una carpa, donde se atiende a los chicos y se vacuna. Es uno de los sitios más visitados dentro de esta movida solidaria: un solo pediatra atendió 60 chicos. “En los hospitales públicos sabemos que entregamos una receta y que el paciente no va a poder conseguir la medicación”, explica María Isabel Taberna, pediatra del hospital Larcade de San Miguel. Es el caso de Josefina, que espera afuera de la carpa, y se entretiene leyendo la pancarta que anuncia: “Vacunación anti FMI y antipolíticos corruptos ¡gratis!”. “Necesito un complejo vitamínico para mi nene de tres años que está haciendo un tratamiento neurológico y un remedio contra el asma para el de diez años”, relata. Tiene ocho hijos, un marido desocupado y un trabajo con el que apenas sobrevive.
Un médico se acerca, remedio en mano, y le muestra cómo usarlo. “¿Ves, mami? Le corrés la perillita de acá y presionás así”, indica mientras abre la boca como inhalando. A Josefina se le iluminan los ojos y no quiere ni pensar en qué hubiera pasado si no lo conseguía. “No sé, tendría que esperar que el nene tuviera otra crisis y volver a internarlo para que lo mediquen”, supone. Todo el que llega con receta se dirige a la mesa de entrega de remedios para recibirlos. Si no la tiene, pasa primero por los sectores de orientación.
La oferta es muy abarcativa. Se reciben consultas sobre salud mental, oncología, seguridad social, clínica y transplantes. Además, el Centro Latinoamericano Salud y Mujer (Celsam) instaló un puesto para responder dudas sobre anticoncepción. Viviana, voluntaria de la organización, señala que la mayoría de las mujeres “averigua sobre los efectos colaterales de las pastillas anticonceptivas, aunque muchas preguntaron dónde colocarse un DIU”. Allí se arma una lista para tomar turnos con ginecólogos de hospitales públicos.
Eva necesita hacerse diálisis tres veces por semana. Hoy lo hace en la mitad de la calle, acompañando la protesta general. “Quieren que usemos dos o tres veces los mismos materiales y eso es peligroso porque generainfecciones –aclara–. Por eso tenemos que luchar.” Y en la misma lucha están los médicos como Gonzalo Moyano, del Centro de Diálisis de Güernica, que se trasladaron con aparatos y pacientes para defender la salud pública. “Cuando se ve a los dializados se piensa que los tocó una vara mágica y por eso se enferman, pero en realidad llegan a este punto después de patologías graves o mal tratadas”, informa Moyano.
Frente a la mesa de donaciones, la mujer abre la cartera y saca varios envases de medicación, que trajo de su propio botiquín. “¿Te sirve así?”, le pregunta a la voluntaria que la recibe. La respuesta es positiva, como el balance que María, del otro lado del mostrador, hace de la jornada. “La gente se portó bárbaro –destaca–. Trajo algodón, leche en polvo, antibióticos, incluso muchos preguntaron qué hacía falta y fueron a comprar a la farmacia.”
“Esto es reaccionar ante la crisis –opina Miguel Rep, humorista de este diario y uno de los organizadores–. Lo bueno de esta iniciativa es que fue útil, porque hay muchas ideas interesantes pero no todas promueven soluciones concretas.” Los médicos, con voluntad infinita, van debatiendo cómo reemplazar lo prescripto si el medicamento no está disponible. Lo importante es dar respuesta a todos los que llegan dolidos, en cuerpo y alma.
Luciana viene con su nena a cuestas desde un instituto donde la chiquita hace rehabilitación. En la carpa, le enseñaron cómo usar el aerosol que tiene para que surta el mismo efecto que el recetado originalmente. Carlos está desocupado y viajó desde el Talar de Pacheco para buscar un remedio para su mamá que es jubilada. Teresa llegó corriendo al enterarse de este encuentro y pide un medicamento para un hermano con retraso mental que vive en Entre Ríos, y no tiene recursos para adquirirlo. Pudieron irse satisfechos porque esa mañana, en la city, la solidaridad cotizó más alto que el dólar.

Producción: Romina Ruffato.

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