Dom 03.10.2010
cash

Reunión...

› Por Natalia Aruguete

El rol del Banco Central en la economía vuelve a estar en debate en el Congreso. El pliego de su titular, Mercedes Marcó del Pont, se encuentra en el Senado para su tratamiento, mientras que en Diputados ingresó la iniciativa de reformar la Carta Orgánica para ampliar sus metas: no sólo “preservar el valor de la moneda”, sino ayudar a sostener la expansión de la economía en la búsqueda del pleno empleo. En ese marco de controversia local, Cash tuvo la oportunidad de reunir a tres representantes de bancos centrales de la región: el presidente del Banco Central del Ecuador, Diego Borja; el presidente del Banco Central del Uruguay, Mario Bergara, y el director del Banco Central de Venezuela, José Félix Rivas. Estos funcionarios estuvieron en Buenos Aires para participar en el IV Encuentro de Economía Política y Derechos Humanos, organizado por el Cemop y la Universidad de las Madres de Plaza de Mayo. Con coincidencias y desacuerdos en la filosofía y la función de los bancos centrales en el desarrollo de un país, los tres banqueros centrales expusieron los ejes principales de sus experiencias locales y sus posturas frente a la iniciativa de crear una arquitectura financiera en la región que supere a la actual.

¿Cuál es su opinión sobre la independencia del Banco Central?

Diego Borja: “El concepto de reserva de libre disponibilidad está cuestionado”.

Bergara: –Desde algunas perspectivas puede pensarse en una lógica de banco central autónomo, que conforme un segundo foco de políticas económicas e implique, no sólo descoordinación con la política económica general, sino que –incluso– pueda ir a contramano de ésta. Eso no es lo que diseñamos en la Carta Orgánica del Banco Central de Uruguay. La política monetaria, la regulación y la supervisión del sistema financiero deben estar en absoluta consonancia con la orientación de la política económica general, que no es el Banco Central el que la define, sino las autoridades económicas. Sí debe haber autonomía desde el punto de vista instrumental, para que los bancos centrales hagan su labor en cuanto a su especialización.

Borja: –En el caso ecuatoriano, la independencia del Banco Central significó tomar decisiones fuera de lo que mayoritariamente los pueblos habían definido a través de las urnas. En 1998 significó que hiciera un inmenso traslado de recursos de toda la sociedad a una banca tramposa. Según la actual constitución del Banco Central del Ecuador, la institución es un ejecutor de la política monetaria, fiscal y crediticia definida por el Poder Ejecutivo, que es el gobierno democráticamente electo y con legitimidad para definir la política. Esto no significa que pierda ni su especialidad ni su profesionalismo para manejar dilemas complejos de la sociedad ecuatoriana que, además, optó por la dolarización.

En el contexto de la crisis mundial, ¿creen que las bancas centrales mantuvieron autonomía respecto del poder político?

Rivas: –La visión de finales de los ‘70 y los ‘90 era que el banco central no debía depender de las decisiones políticas del Poder Ejecutivo. Esa separación entre dos entes que forman parte de un Estado es totalmente artificial. En Venezuela, el Banco Central es un poder institucional y puede estar sujeto a los poderes fácticos, como el sector financiero. La gran crítica a esta visión neoliberal era que había una independencia radical respecto de los organismos del Estado, pero había una actitud de subordinación con la arquitectura financiera predominante. Hablamos del Fondo Monetario Internacional, del Banco Mundial, de la Organización Mundial del Comercio, pero también de las agencias calificadoras y los bancos de inversión.

Bergara: –En el contexto del salvataje de los mercados y de las instituciones financieras en los países desarrollados, los bancos centrales más ortodoxos en su concepción –el Banco Central Europeo o la Reserva Federal– violentaron todos los principios de actuación que pregonaban. Tiene que haber un esquema que permita cierta flexibilidad de financiamiento de los bancos centrales a los gobiernos. En Uruguay, el Banco Central puede financiar al gobierno pero el stock de títulos públicos que puede tener, tiene un cierto límite.

En Argentina existe un debate sobre el uso de las reservas del Banco Central para el pago de deuda. ¿Ustedes qué opinan?

Rivas: –Los bancos centrales fueron puestos para el financiamiento del Estado, sobre todo en las principales economías capitalistas. Financiaron la guerra de los gobiernos, a sectores productivos y, además, estuvieron alineados con la orientación de desarrollo de esos gobiernos. En América latina hubo una discusión mediada por el tema del uso de las reservas internacionales y la relación de dependencia que hay. Por el papel que tenemos, según la división internacional del trabajo, terminamos siendo portadores de capitales. De acuerdo con lo que planteaba el colega de Ecuador, esos bancos centrales independientes terminan financiando gobiernos de otros países.

¿De qué forma?

Rivas: –A través de la deuda, que es un reciclaje de nuestras reservas internacionales. Es un sinsentido no utilizar, a través de una inteligente propuesta financiera, parte de las reservas para financiar el desarrollo económico y social.

¿Qué límites debería haber en el uso de reservas?

Borja: –En América latina, la mayoría de los bancos centrales emiten su propia moneda. Se puede emitir para comprar papeles del Estado y eso genera un circuito inflacionario continuo. Lo cual no quiere decir que, bajo reglas claras, un Banco Central no pueda emitir para financiar determinadas porciones del gasto público, especialmente, si es un gasto para la inversión. En un país como el nuestro, por ejemplo, el concepto de reserva de libre disponibilidad está cuestionado.

¿En qué sentido?

Borja: –Nosotros decimos que el Banco Central no es el que financia, sino el ahorro nacional, porque el BC es un centralizador del ahorro y puede canalizarlo hacia el financiamiento de los sectores productivos –no sólo de los gobiernos– a través de la banca pública. Por ley, la mayor parte de los bancos centrales tenían la obligación de retirar los recursos y colocarlos en la banca internacional, ya que supuestamente allí estaban más seguros: tenían más liquidez y más rentabilidad. Es indispensable tener una política adecuada de financiamiento de los bancos centrales a los gobiernos y a los sectores productivos de nuestros países.

José Félix Rivas: “El Banco Central debe ser agente del desarrollo”.

¿Cómo debería ser el financiamiento de los BC para el desarrollo de sectores productivos?

Rivas: –El Banco Central debe ser agente del desarrollo. Eso implica que su objetivo tiene que estar supeditado a esta política de desarrollo. La ley todavía dice que el objetivo principal del Banco Central de Venezuela es estabilizar la inflación, pero se le agregó un párrafo que dice “y promover el desarrollo integral, apoyar conjuntamente con el Poder Ejecutivo”. En la última reforma planteamos que, de ser necesario, pueda haber un financiamiento directo. De hecho, la Reserva Federal lo hizo con la industria automotriz. Lo principal es ser conscientes de que el sistema financiero público y privado puede cumplir esta función también. En nuestro caso, el Ejecutivo plantea una propuesta de financiamiento al Banco Central y nosotros apoyamos los mecanismos de reserva, de cobertura del financiamiento a través de la cartera del mismo BC.

Bergara: –Una cosa que compartimos es que el Estado debe tener políticas que orienten elementos de inversión y de promoción sectorial. La política tributaria, la política de gasto fiscal, los subsidios, la política de promoción de inversiones. El Estado participa en todas estas áreas con una lógica de promoción de los sectores que mejor satisfacen los objetivos de política económica. La parte más instrumental depende de la institucionalidad de cada país. En Uruguay, el Estado tiene esas funciones, sólo que le restringe al Banco Central las funciones típicamente banco-centralistas.

¿Qué rasgos debería tener la arquitectura financiera a nivel regional que la distinga de la actual arquitectura mundial?

Borja: –Hay un cuestionamiento a la arquitectura financiera internacional que no lo hacen los teóricos, sino la propia crisis. La arquitectura financiera internacional se mostró incapaz de gobernar, de gestionar adecuadamente las finanzas públicas mundiales y la economía mundial. En este contexto, el rol de los bancos centrales en la región es fundamental respecto de la construcción del Banco del Sur, de los nuevos sistemas de compensación de pago, del manejo de las reservas. Los bancos centrales y otros organismos nacionales contribuyen a la construcción de una arquitectura financiera regional sólida y alternativa con respecto a la vieja arquitectura de las finanzas que se mostró incapaz de gobernar adecuadamente la crisis.

Bergara: –En Uruguay lo vemos como una estructura viva, compuesta por algunas instituciones en crecimiento, otras en declive y otras en etapa de discusión de nuevos instrumentos. La institucionalidad multilateral a nivel regional e internacional es importante porque cuando las cosas están bien, los países recurren a mecanismos voluntarios y soberanos de financiamiento con cierta facilidad. Pero en momentos críticos, ese acceso voluntario a los mercados de crédito internacionales se cierra y es cuando emerge con más fuerza el rol de los organismos multilaterales.

¿A cuáles se refiere?

Bergara: –Hay una idea de que los organismos internacionales no sirvieron para prevenir crisis, pero todas las propuestas para solucionarla involucran su participación. Somos un poco esquizofrénicos. A nivel regional se debe tener la mayor cantidad de ventanillas disponibles para momentos críticos y creo que, saludablemente, se están fortaleciendo otras instituciones, por ejemplo, la Corporación Andina de Fomento (CAF), que desbordó los países andinos y se está convirtiendo prácticamente en la principal fuente financiadora de proyectos de infraestructura de la región, y el Fondo Latinoamericano de Reservas (FLAR), que es incipiente pero está en expansión. En estos casos, el criterio de “un país: un voto” ha funcionado estupendamente y eso, además, ayuda a la buena relación entre los países. Eso parte de un enfoque alternativo de organización multilateral.

Rivas: –Los bancos centrales son fundamentales para el desarrollo nacional, que no puede concebirse sin un proceso de integración regional. La integración apoyaría la consolidación de proyectos nacionales. En particular, la integración financiera debe apuntar a potenciar esas capacidades.

¿De qué forma?

Rivas: –En la colocación de utilización de los recursos que nosotros generamos, en mecanismos de protección ante la crisis financiera o en términos de fuga de capitales. Tenemos la oportunidad de crear espacios de financiamiento –como el Banco del Sur–, de reorientar los ya existentes –como la CAF– o de recurrir a fondos de inversiones –como plantea Ecuador, con el fideicomiso que financia proyectos de desarrollo comunes–. Los mecanismos para lograr que el comercio se realice con monedas locales o moneda común necesariamente pasan por lo bancos centrales, que, además, son instituciones con fortaleza técnica e información necesaria para el resto de los organismos del Estado.

Mario Bergara: “El criterio de ‘un país: un voto’ ha funcionado estupendamente”.

Borja: –Cuando hablamos de reestructuración financiera, regional o nacional, no sólo hablamos de las bancas privadas y los bancos centrales, sino de actores que estaban excluidos de la vieja institucionalidad financiera, como las cooperativas y las instituciones de las finanzas populares.

Rivas: –El Banco Central de Venezuela incluyó el sector de economía social en las estadísticas. Las estadísticas industriales, por definición, se integran de encuestas a medianas y grandes empresas. Entonces se hizo una encuesta para medir todo el capital, también el de las cooperativas. Y creamos la banca de desarrollo, que reconoce las experiencias de economía alternativa.

¿A qué se deben las demoras en la puesta en funcionamiento del Banco del Sur?

Rivas: –Las críticas que podrían dirigirse al Banco del Sur incluyen qué desarrollo estamos financiando. Porque podemos tener recursos pero financiamos desarrollo exógeno, dirigido a construir carreteras para sacar nuestra materia prima y continuar con los mecanismos de la dependencia. Es decir, proyectos que están favoreciendo principalmente a las empresas de valor trasnacionales que extraen nuestros recursos. Hay que replantear la idea de desarrollo. Son propuestas de integración que no son fáciles de viabilizar porque hay diferentes visiones de los países que participan de esta propuesta de integración. No se puede pasar por encima de ellos. Hay que comprender esa diversidad.

¿Cuáles son esas diferencias?

Rivas: –Brasil tiene una economía con una clara definición de su papel en América latina y en el mundo. Es un jugador global que ya tiene su proceso de financiamiento y su propio banco de desarrollo. Entonces, la discusión del Banco del Sur tiene que pasar por comprender que ya tiene un trayecto financiero previo. Lo difícil es trascender de las visiones nacionales. El Banco del Sur es una propuesta regional. Lamentablemente, no se ha comprendido que se debe pasar al fortalecimiento del bloque regional. Que, independientemente del tamaño de las economías y de las visiones que tengamos de desarrollo, podamos aprovechar las condiciones financieras para apuntalar los proyectos.

Borja: –En esta mesa tú tienes tres miembros de la CAF, tres miembros del FLAR, tres miembros del Banco del Sur, dos miembros del ALBA. O sea, una postura de Banco Central contenida en la nueva arquitectura financiera regional. Félix (Rivas) lo ha señalado. Existen visiones diferentes. El Bndes del Brasil era anterior al Banco del Sur, y Brasil hubiera querido que fuera ése el Banco del Sur, pero los otros países tenemos visiones distintas, y Brasil, como jugador global, no podía quedarse fuera de esa lógica. Y está participando.

¿Qué esperan de Brasil?

Borja: –Que se concrete el compromiso del presidente Lula, que antes de dejar el mandato pasaría el convenio del Banco del Sur por el Congreso. Ojalá así sea. Yo creo que está retrasado por las diferencias en la concepción y –quizá– por una incomprensión de que el Banco del Sur tiene un espacio legítimo y necesario en la región. Un papel central en relación con la infraestructura latinoamericana, que implicaría un proceso de activación de las economías sin precedentes. Por ejemplo, el ferrocarril latinoamericano

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