Jue 21.10.2010
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TEATRO › LOS DRAMATURGOS RECLAMAN QUE SE REACTIVE EL PREMIO MUNICIPAL

Un galardón en hibernación

Tal como sucede con su símil destinado a los escritores, el subsidio dejó de actualizarse y ya no se convoca al jurado para nuevos premios. Más de cien dramaturgos enviaron una carta a Mauricio Macri reclamando que se aplique la ley 2199.

“El dramaturgo es un trabajador eventual”, define Mauricio Kartun. Con esta frase da a entender que, más allá de que la actividad tenga su halo romántico, necesita de ciertas condiciones para sostenerse. El y otros dramaturgos –entre ellos Eduardo “Tato” Pavlovsky, Roberto “Tito” Cossa, Juan Carlos Gené y Susana Torres Molina– se unieron para reclamar por una de ellas: la regularización de los premios municipales. Mediante una carta que enviaron al jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, los autores solicitaron la puesta en funcionamiento de la ley que estipula la entrega de los premios.

Dos son los problemas que giran alrededor de los premios municipales, el subsidio mensual que reciben escritores, dramaturgos, músicos y artistas. Por un lado, están congelados en 2556,66 pesos. La ley 2199, vigente desde febrero de 2007, los equipara a una categoría dentro del escalafón municipal, de acuerdo con el convenio de trabajo vigente. Pero los últimos aumentos no han repercutido en los bolsillos de los autores. Por otro lado, a los dramaturgos los afecta una situación particular: el retraso en los llamados a jurados, lo cual dilata la entrega del premio. Entre quienes firman se encuentran Bernardo Carey, Roberto Perinelli, Rafael Spregelburd, Alejandro Tantanian, Luis Sáez, José María Muscari, Ariel Barchilón, Ignacio Apolo, Adriana Genta, Ricardo Halac, Patricia Zangaro, Claudia Piñeiro y Jorge Huertas.

Los premios a dramaturgos deberían entregarse cada dos años. Según la carta, los últimos que se entregaron corresponden al bienio 2002-2003. “El jurado fue convocado cuatro años después. Se expidió el 28 de marzo de 2007 y se efectivizaron un año y medio después”, sentencia. Es decir que desde 2008 ni se reúne el jurado ni se entregan los premios. Y ello a pesar de que los artistas siguen presentando sus trabajos. Para Kartun se trata de una “estrategia”: “Buscan dilatar el comienzo del pago de las pensiones. Retrasan el llamado a jurados y entregan los premios con tres o cuatro años de retraso, con el consiguiente ahorro que eso supone, por no tener retroactividad. Y con la pérdida que les supone a los ganadores”.

El dramaturgo define a este reclamo como “histórico”. Y arriesga que no es patrimonio exclusivo de los dramaturgos. Otros rubros podrían estar pasando por lo mismo. No obstante, aunque la queja venga de antes, por distintos inconvenientes que afectan a la actividad teatral porteña, lo que prima es la tensión. La carta dispara un reproche: “Mientras su gobierno empapela la ciudad con slogans como Buenos Aires, ciudad poesía o Buenos Aires, ciudad teatral (...) sería deseable y expresaría una mínima coherencia que cumpliera con la citada ley, que justamente favorece e incentiva a los autores a seguir produciendo y/o a sentirse reconocidos y cuidados cuando ya no pueden seguir haciéndolo”.

“Es un absurdo tan grande... si hay una ley de la misma ciudad que obliga a una determinada cosa y el Poder Ejecutivo no la pone en ejecución, queda la vía judicial”, opina Juan Carlos Gené. Y ubica al tema como uno de los actos de una escena en problemas. “Junto con los catastróficos presupuestos de los teatros y el estado lamentable del San Martín, implica un modo de ver la cultura. Una cosa es congruente con la otra.” Kartun también se queja: “Esta política tiene el sello de la gestión cultural del PRO en los últimos años. O, mejor dicho, la falta”.

Y hay un dato curioso, una “paradoja” según la carta: los premios Trinidad Guevara –dirigidos a actores, actrices, directores y trayectoria– se siguen entregando. “Es por cuestiones caretas”, se queja Kartun. “En ese premio tienen presencia actores de prestigio y la ceremonia es fastidiosa: te ternan y te obligan a competir públicamente en tiempo real a ver quién se lo lleva. Ganan políticamente, por eso no dejan de entregarlo”, analiza. Y sí: el dramaturgo es más invisible. Queda abajo del escenario y afuera del “circo”. Kartun sintetiza por qué es importante que el reclamo tenga efecto. “Lo teatral se sostiene a pulmón, a deseo. Esta condición de Buenos Aires, capital del teatro, no es otra cosa que el resultado del deseo de sus creadores.”

Informe: María Daniela Yaccar.

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