Dom 26.09.2010
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DANZA › VUELVE LA VERSION DE MARIO GALIZZI DE EL LAGO DE LOS CISNES

Verdadero clásico nacional

El Ballet Argentino de La Plata repuso esta versión resumida por el coreógrafo, que no se deshizo de ninguna parte fundamental de la famosa obra de Marius Petipa y Lev Ivanov. Hoy y el próximo domingo son las funciones restantes.

› Por Alina Mazzaferro

“No todas las compañías pueden bailar El lago de los cisnes”, advierte Mario Galizzi.

Cuando Mario Galizzi vio El lago de los cisnes por primera vez tenía 17 años. Vivía y estudiaba danzas en Rosario y viajaba a Buenos Aires especialmente para ver las puestas del Teatro Colón. “Me venía a la noche en ómnibus y sacaba la entrada a la mañana, en paraíso, arriba de todo, que era lo único que quedaba”, recuerda. Esa primera versión que lo deslumbró era la de Jack Carter. “Duraba una eternidad, con Susana Agüero y Vasil Tupin, quien luego fue mi maestro, como protagonistas”, cuenta. Eso fue en 1964. Un año más tarde, él mismo se instalaría en Buenos Aires para estudiar en el Instituto Superior de Arte del Colón. Pero tendrían que pasar varios años hasta que decidiera ser él uno de los repositores argentinos de la famosa obra de Marius Petipa y Lev Ivanov. Primero se dedicó al contemporáneo en el recién formado Ballet Contemporáneo que dirigía Oscar Araiz en el Teatro San Martín. Luego salió de gira y se instaló durante siete años en Alemania, donde fue solista en las óperas de Hannover, Frankfurt y la Deutsche Opera Rhein (fue allí donde bailó por primera vez El lago...).

Cuando Galizzi regresó a la Argentina, fue el Teatro Argentino de La Plata el que le dio su primera oportunidad para desempeñarse como coreógrafo. Luego de bailar en el Colón y en el Argentino, de convertirse en un famoso maestro (fueron sus alumnos Julio Bocca y Maximiliano Guerra), de fundar junto a otros compañeros el Taller Coreográfico del Colón y dirigir el Ballet de ese mismo coliseo, estaba preparado para realizar sus versiones de los grandes clásicos. En 1990 debutó con La Bella Durmiente en una gala extraordinaria con muchísimas estrellas; cinco años más tarde se animó con El lago..., en una versión para El Ballet del Sur de Bahía Blanca. Finalmente, llevaría esa puesta al Ballet Argentino de La Plata, el que desde el 2002 ya la interpretó tres veces (con figuras como Maximiliano Guerra, Marianela Núñez o estrellas de la Opera Nacional de Kiev) y ahora lo hará por cuarta oportunidad, demostrando que la versión de Galizzi ya es un clásico nacional.

Hay varias características que distinguen a El lago... de Galizzi de otras reposiciones: en primer lugar, este coreógrafo ha reunido los cuatro actos en dos grandes partes divididas por un solo intervalo. Esto es importante para el experto, que asegura que en la actualidad los clásicos deben adaptarse a los tiempos que corren y ya no pueden durar tantas horas. “Aggiornar es necesario para que la obra no muera”, dictamina. Claro que “aggiornar” no es cortar al ton ni son; hay que saber cómo y dónde pegar el tijeretazo, “trabajando juntamente con el director musical para no cometer un sacrilegio”, explica. Más que extraer partes fundamentales de la pieza, Galizzi ha resumido la obra: “La unión de los actos en dos partes acorta la obra en cuarenta minutos, porque se han quitado dos intervalos que distraían la atención del público. Las danzas de carácter, que son fantásticas, están resumidas; quité las variaciones de las princesas. Ellas ya bailan un vals con el príncipe; que después cada una haga una variación no agrega nada a la obra, porque todo el mundo está esperando lo que viene luego: el pas de deux del cisne negro. La trama se dilataba mucho con esas variaciones y hacía que la gente perdiera el hilo de la historia”, explica.

Galizzi se ha dado cuenta de que la práctica de ir a ver ballet es diferente en el siglo XXI de la del XIX. Lejos de la posición de los más puristas, él sabe que muchos de los divertiments eran sólo agregados que estiraban la función sin aportarle nada a la trama, cuando ir al teatro era asistir a una reunión social de largas horas de expectación y conversación intercaladas. Cuando tuvo que preparar su versión, Galizzi tuvo en mente su favorita: la de la Opera de París, de Vladimir Bourmeister. “Es una producción impactante. Ellos son los número uno en la simetría de las filas y las cabezas”, asegura. “Sin embargo, no me gusta el final feliz.” Si luego de la Revolución de 1917 los rusos inventaron un final del tipo “y comieron perdices” para el príncipe Sigfrido y su Odette (además de cambiar otros elementos, por ejemplo, en la versión del Bolshoi los números de carácter se realizan en zapatillas de punta, algo que a Galizzi le horroriza), el coreógrafo argentino respetó el original, donde la muerte del cisne es inevitable y característica del período romántico.

Si hay algo que amerita destacar del Ballet Argentino de La Plata es que finalmente, desde 2002, se ha animado a montar la versión completa de este clásico de los ballets blancos. Si antes sólo había mostrado el segundo acto en algunos programas mixtos, hace ocho años que tiene la versión de Galizzi en su repertorio, lo que da cuenta de su madurez: “No todas las compañías pueden bailar El lago..., una obra tan comprometida estilísticamente, por el rigor de la simetría. Hacer una obra de este tipo es el mayor desafío para una compañía”, destaca el coreógrafo. Por supuesto, el trabajo más arduo lo tiene el ensayador (en este caso fue Sabrina Streiff), que debe asegurarse de que se conserve a rajatabla la perfección de los movimientos. “¡Tal vez hay treinta bailarinas que van idénticas pero la treinta y uno salió tarde y el cuadro se arruina!”, se exaspera Galizzi. “Es un trabajo muy duro y repetitivo.”

En esta oportunidad, los protagónicos estarán a cargo de Julieta Paul, María de los Angeles Cataldi, Bautista Parada, Mario Navarro, Stefanía Vallone y Mariana Antenucci. ¿Qué es lo que espera Galizzi de ellos? “Cada cual tiene su idea respecto de cómo debe ser una princesa Odette”, explica. “Para unos será alta y rubia, para otros baja y morocha. Se cree que la bailarina debe tener piernas larguísimas, pero a mí no me parece tan necesario que Odette sea muy alta sino que lo que importa es que tenga bellas líneas. En vez de atarme a los prototipos, le exijo a la protagonista que me cuente una historia a su manera; ella debe producir algo en el espectador, porque en esta obra no se trata sólo de seguir los pasos a rajatabla.”

* Las funciones restantes en el Teatro Argentino de La Plata (calle 51 entre 9 y 10) serán hoy y el próximo domingo a las 17.

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