Vie 01.10.2010
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HISTORIETA  › ENCUENTRO DE HISTORIETISTAS EN LA ALIANZA FRANCESA

Un camino que recién comienza

Luciano Saracino, César da Col, Carlos Trillo, Diego Agrimbau, Liniers y Eduardo Maicas debatieron sobre “La historieta para chicos hoy”, en el marco de la Gran Semana Suelta de Viñetas. Coincidieron en que hay buenas señales, pero aún falta mucho para despegar y crecer.

› Por Andrés Valenzuela

“La historieta infantil es una de las formas más legítimas de conquistar nuevos lectores”, se señaló en la mesa.
Imagen: Sandra Cartasso.

“Señores padres: prohíbanles leer a sus hijos, sean muy estrictos, así cuando se rebelen no podrán abandonar jamás la lectura”, lanzó con ironía y ante las risas de un auditorio repleto Luciano Saracino, uno de los conferencistas de “La historieta para chicos hoy”, una charla que se realizó el miércoles en la Alianza Francesa, como parte de las actividades de la Gran Semana Suelta de Viñetas. Al escritor y guionista lo acompañaban sus colegas César da Col, Carlos Trillo, Diego Agrimbau, Liniers y Eduardo Maicas. El 21 de noviembre pasado Página/12 trazó un panorama del comic infantil en nuestro país. En ese artículo se daba cuenta de un movimiento incipiente en el género y, a la vez, se anticipaba buena parte de la situación actual y los libros que salieron de imprenta en lo que va del año, que también fueron reseñados en estas páginas. En ese sentido, la charla de anteayer fue una confirmación de ese anticipo, tanto como una mirada fresca sobre el sector y una celebración por los seis años del movimiento cultural Banda Dibujada, que brega por el género y su llegada a través del libro.

En la previa ya se podía advertir una energía inusual. Había muchos asistentes. Muchos más de los que –comentaban sonrientes– esperaban los organizadores. Una mezcla de optimismo, entusiasmo y mucho buen humor permeaban el ambiente, sin importar que costara ver la muestra que acompañaba el encuentro, tan lleno de gente estaba el lugar y con las cámaras del programa infantil Caja rodante reclamando para sí un rincón.

Nadie se llama a engaño. Como en el resto del medio, la historieta para chicos también tiene un largo camino por delante. Las viñetas nacionales atravesaron ya muchas crisis y rara vez salieron indemnes. Hay buenas señales y un camino que comienza, pero aún falta mucho para consolidar lo alcanzado, y más aún para despegar definitivamente y crecer. En este sentido, la historieta infantil resulta “una de las formas más legítimas de expresarse y conquistar nuevos lectores”, consideró al abrir el debate el premiado guionista Agrimbau.

Con la producción caída durante mucho tiempo, resulta una cuestión importante el cómo llevar una práctica profesional en que predominan los productos para adultos a las condiciones que supone apuntar a un público específico, como los niños, que además dependen de sus padres para acceder a esos bienes culturales. “Una cosa es el asunto y otra el tema –advirtió Trillo–; el primero es para todos, por ejemplo, un grupo de marinos persiguiendo a una enorme ballena blanca. El segundo ya es más cerrado. En Moby Dick sería el drama existencial, la muerte. No es que en esa novela haya nada inconveniente, pero no es para chicos, porque requiere una enorme cantidad de información previa, que seguramente no se tiene a los ocho años.”

Las anécdotas sí se pueden adaptar. Tanto que, confesó Trillo, alguna vez con su coequiper Maicas adaptaron una de Clara de Noche (que acompaña el suplemento No de este diario), trocándola para el público infantil. Su compadre, de amplia trayectoria en revistas para adultos como Humor o Sexhumor, recordó a Alberto Olmedo: “Yo tengo siempre presente que él era capaz de hacer a Piluso y al Manosanta”, y aseguró que “los pibes tienen una frescura y un sentido del absurdo maravilloso, que te permiten contar cosas que con los adultos no se puede”.

En el mismo sentido, Saracino comparó con su experiencia en Salven a Tomate, libro de inminente salida al mercado. “Cuando pensé la historia empezó como un policial negro, con un final muy deprimente y todo, pero la base bien podía ser para chicos, porque me estaban quedando fuera un montón de temas muy ricos por tratar, así que lo cambié para apuntar a este público.”

Las obras, sin embargo, tienen derroteros inescrutables. En algún punto, el público objetivo se pierde en el camino y los chicos se apropian una historieta pensada para el público adulto, o a la inversa. Es el caso de Liniers, cuyas tiras existenciales ganaron enorme adhesión entre los niños, que incluso empiezan a reconocer antes a sus personajes que a su propia figura de autor. “Aunque eso también pasa con los adultos. Muchos dicen ‘qué inteligente que es Mafalda’, como si fuera una nena de siete años hablando, ¡y no! Es un señor de 30 y pico que habla de Vietnam y escucha a Los Beatles.”

Para Da Col, una de las grandes ventajas de la historieta infantil es que puede ser leída por públicos de todas las edades y cada quien puede encontrar la lectura más acorde con su momento. “El adulto tiene demasiadas reglas para medir un relato. El niño no”, compartió Saracino, que luego señaló: “Hace un tiempo publiqué un libro sobre el Alzheimer, cosa que, por supuesto, no podía decirle a mi editor porque no se hubiese animado a publicarlo, pero hoy se me acercan las madres a contarme que les ayuda a hablar con sus hijos sobre lo que le sucede al abuelo. Los autores sabemos lo que pasa con el hambre, las guerras y otras calamidades, no somos niños eternos, somos conscientes y tenemos posturas políticas”.

El tiempo, señaló Trillo, se encarga de correr los límites temáticos y de vocabulario. “Cuando empecé, en Anteojito no se podía decir ‘pis’, ahora en la revista Jardín tenemos un personaje que se hace caca”, contó, para las risas en adelante incontenibles de la platea infantil.

“Uno siempre va leyendo aquello que tiene que ver con su momento emocional. Yo siempre fui encontrando autores y libros de lo que fui necesitando y cuando encontré lo primero que me partió la cabeza, la lectura me capturó. Así que si ves al chico leyendo lo que sea, animalo, empujalo”, concluyó Liniers. “Hay de todo y para todos los gustos –consideró Da Col–, es cuestión de hacer zapping.” Afortunadamente para los interesados, cada vez hay más opciones, más cuadritos, más viñetas.

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