Mar 11.05.2010
espectaculos

FERIA > SE ENTREGARON LOS PREMIOS FRANCISCO SOLANO LóPEZ

Viñetas de pasión renovada

Fue un digno colofón para la iniciativa de la Fundación El Libro, que este año propició un Espacio Comic en la Sala Cortázar, cuya actividad dio pruebas del buen momento de la historieta argentina. Entre los premiados hubo más de un crédito de Fierro.

› Por Facundo García

Primera viñeta: mucha gente leyendo historietas. Segunda viñeta: mucha gente leyendo historietas, disfrazada y persiguiendo autores para que firmen ejemplares. El remate de la tira pudo verse el domingo, durante la entrega de los premios Francisco Solano López. Porque la ceremonia –que contó con la presencia del dibujante de El Eternauta– terminó de ratificar el acierto de haber apostado por primera vez a una sala dedicada exclusivamente al género dentro de la Feria de Libro que acaba de cerrar sus puertas. En efecto, el Espacio Comic consiguió amalgamar nombres de trayectoria con figuras emergentes y lectores especializados con visitantes del montón. Los que conocen el paño esperan desde hace mucho la formación de esa masa que permita inaugurar una nueva instancia de crítica, difusión y ventas. Y la cantidad de gente que se acercó para averiguar quiénes serían los creadores reconocidos sugiere que a lo mejor ya es momento de dar ese salto.

Antes del arranque hubo que esperar a que Liniers y Gustavo Sala dejaran de ser perseguidos por fans, lectores del Suplemento NO y cobradores, al estilo de The Beatles en la película Anochecer de un día agitado. Cuando se calmó el recinto, la atención se trasladó al escenario. En primer plano estaban el propio Solano López, el escritor Pablo de Santis y el periodista de este diario y responsable del blog Cuadritos (avcomics.wordpress.com) Andrés Valenzuela. Ellos, junto a Julio Lagos y Sebastián “Berta” Muñiz –dos referentes que no pudieron asistir–, fueron los encargados de evaluar obras publicadas entre abril de 2009 y marzo de 2010. Y se venía el veredicto. Cerca estaba Marta Díaz, directora de la Fundación El Libro, presta a repartir los diplomas. También se había integrado Elsa Sánchez de Oesterheld, viuda del guionista desaparecido. La nómina incluyó a varios apellidos que han pasado por la revista Fierro: en la categoría “Mejor historieta nacional”, el libro ganador fue La burbuja de Bertold (Ed. Historieteca), de Diego Agrimbau y Gabriel Ippóliti, quien además se llevó el premio al mejor dibujo. En “Mejor guión” el podio fue para Rodolfo Santullo por Cena con amigos (LocoRabia y Grupo Belerofonte). Entre las producciones extranjeras los laureles fueron para Zetman #1, de Masakazu Katsura (Ivrea), y Hellboy: caja repleta de maldad, de Mike Mignola (OvniPress). Hubo asimismo menciones especiales para Ignacio Minaverry por Dora vol. 1 (Común); Salvador Sanz por Nocturno y El Arte (Ivrea) y Juanjo Sáez por El Arte (Común).

Agrimbau, una de las mentes detrás de la joya que se llevó el título al trabajo nacional más notable, se alegró de que el circuito local haya empezado a moverse de nuevo. “Que se haya elegido a La burbuja de Bertold es una satisfacción, porque costó mucho traerla. Como pasaba con más de un laburo hecho por argentinos, tuvo varias tiradas internacionales y acá no lográbamos publicarla. Por suerte, al final lo conseguimos con ayuda de Historieteca”, admitió. Según Agrimbau, se está verificando una suerte de “puesta al día” con los autores de estos pagos. “Está saliendo a la luz material que por décadas sólo había estado disponible en ediciones extranjeras y a precios exorbitantes. Esto es así porque como la devaluación hizo imposible comprar comics extranjeros, se abrió un camino para que las editoriales nacionales apostaran a la clásica ‘sustitución de importaciones’”, consideró.

El encuentro terminó con un homenaje a Solano López, que recibió una placa “en agradecimiento por su aporte a la cultura y la difusión de la historieta”. El maestro le comentó a Página/12 que estaba satisfecho de haber “inspirado a las generaciones que siguen, como a su vez Héctor Oesterheld nos inspiró a nosotros”. El artista resaltó que el inventor de Juan Salvo y los suyos funcionó como “factor aglutinante” para que se formara un colectivo comiquero con códigos en común. “Héctor nos dio un rumbo desde que empezó a publicar, y sin él quizá no se hubiera formado esta raíz de la que salen permanentemente nuevos frutos”, observó.

Dado que la Feria funciona, en buena medida, como “legitimador cultural”, el hecho de que haya sido la Fundación El Libro la que propició la apertura de un circuito ad hoc en la Sala Julio Cortázar de La Rural da la pauta de un protagonismo que se está reconquistando sin prisa pero sin pausa. Quien prefiriera buscar pistas menos abstractas puede hacer un recuento de la cantidad de cosplayers –esos chicos y chicas que se visten como personajes de manga– que pulularon por la zona en las últimas semanas. “Hace unos años esto probablemente no hubiera pasado”, resumió Valenzuela, que sumó a su rol de jurado el de conductor del evento. “Todas las editoriales del ramo quisieron estar en los stands y además del típico público vimos que se acercaban familias y curiosos. Eso es señal de que se puede crecer todavía más”, aventuró.

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