Dom 03.10.2010
espectaculos

TRISTAN BAUER Y CHE - UN HOMBRE NUEVO, SU DOCUMENTAL SOBRE ERNESTO GUEVARA

“Es una película narrada a partir de su propia palabra”

Después de doce años de investigación, el realizador de Iluminados por el fuego estrena al fin su esperado documental sobre la vida y obra del Che. “Aparecieron muchos materiales que eran desconocidos y que van a permitir una nueva mirada”, dice Bauer.

› Por Oscar Ranzani

Cuando Tristán Bauer era chico, había en su casa un Wincofon y un día escuchó la voz de Ernesto Guevara que salía por el parlante de aquel reproductor de discos. En un principio, Bauer desconocía si era la voz del Che o la de Fidel la que retumbaba en el comedor hogareño. Hasta que se fijó en el disco y pudo sacarse la duda: era el famoso discurso que Guevara había pronunciado en la ONU, durante el último viaje que emprendió como funcionario. Desde entonces, la figura del Che lo acompañó en su vida como una sombra y fue un referente importante en la consolidación de sus propias ideas. “Su ética y su conducta de revolucionario”, dice Bauer que fueron las marcas del Che en su propia manera de ver la vida. El director de Cortázar tenía, entonces, una deuda pendiente: hacer una película sobre el histórico guerrillero. Tardó doce años en poder concretarla, luego de una profunda investigación que realizó junto a Carolina Scaglione, su compañera de vida, y con la colaboración de la familia de Guevara. El resultado es Che - Un hombre nuevo, que se estrenará el jueves en la cartelera porteña.

Antes del estreno, la película y su director serán protagonistas de un acontecimiento muy particular, ya que hoy a la noche se realizará la avant première en el Monumento a la Bandera, en Rosario, donde buscará repetir el suceso que significó proyectar Iluminados por el fuego en pantalla grande al aire libre, en esa misma ciudad, justamente donde nació el Che. Bauer recuerda que, en 2006, cuando llegó a Rosario y vio la inmensa cantidad de gente que se había juntado para ver la ficción sobre los dramas humanos que generó la guerra de Malvinas, su equipo tuvo que armar tres pantallas porque el público se agolpaba por las calles laterales, además de haber llenado la zona del Monumento a la Bandera. “Después de haber vivido esa experiencia, no tuve dudas de que era un lugar muy adecuado para estrenar el documental”, asegura el actual presidente de RTA en diálogo con Página/12.

En poco más de dos horas de metraje, Che - Un hombre nuevo no muestra ni un entrevistado a cámara. No es que Bauer no haya dialogado con gente que conoció al Che. Todo lo contrario: deben ser muy pocos aquellos con los que le faltó hablar. Pero la estructura elegida para el documental se aleja completamente de la de cabezas parlantes, ya que es la propia voz del Che la que aparece pronunciando discursos, respondiendo preguntas a periodistas e incluso recitando poemas a su mujer Aleida March, antes de su partida a Bolivia, que terminaría siendo su partida definitiva.

–Hubo muchos documentales sobre el Che. ¿Usted buscó realizar un retrato íntimo e introspectivo para alejarse de la frialdad de una biografía clásica?

–Sí, eso que usted marca del retrato íntimo es así. Es un retrato que se pudo construir por los años de investigación que tuvimos y por el tiempo que le dedicamos a esta investigación a conocer aquellos hombres que acompañaron al Che en su lucha, a sus parientes y a quienes lo habían conocido. Y, sin embargo, a pesar de tener todos esos testimonios, la decisión fue no hacer una película que fuera contada por quienes lo conocieron, sino una película fundamentalmente narrada a partir de su propia palabra, de sus propios testimonios y también de sus propios escritos. La palabra del Che tiene mucha fuerza y mucho protagonismo en la película. Y esto fue también gracias a dos personas. Por un lado, al presidente de Bolivia, Evo Morales, que nos dejó tomar contacto con los materiales que hasta ahora estaban secretos en el archivo del ejército de su país. Y, fundamentalmente, a la viuda del Che, Aleida March, que en todo este tiempo, a medida que fuimos conversando, fue abriendo todo el patrimonio personal, incluso el más íntimo del Che, y que nos permitió armar esta narración que, de otra manera, hubiera sido imposible. Acompañado de esto, iniciamos una búsqueda muy profunda tanto en distintos archivos del mundo (como la ex Checoslovaquia, Estados Unidos, Francia), como en los archivos del Icaic de Cuba. No solamente pusieron a disposición lo que hasta ahora se había mostrado, que eran pequeños fragmentos ya editados en noticieros o documentales del Che, sino que nos permitieron contar con los rollos en bruto que nos facilitaron tener otra mirada y armar otra narración.

–En un principio, usted quería hacer una ficción pero el sobrino del Che Rafael “Taco” Guevara lo convenció de hacer un documental. ¿Por qué aceptó su propuesta?

–No creo que la palabra más justa sea “aceptar”. Me acuerdo perfectamente de que yo estaba en La Habana investigando para esta ficción y Taco me empezó a hablar de todos los materiales que había. Y también de que junto a ese hombre de acción había un hombre de una reflexión muy profunda, muy intensa, que se hacía palabra. Me propuso que nos pusiéramos a trabajar en esta línea. Y es ahí donde, de alguna manera, nosotros cambiamos la mirada y nos pusimos a trabajar en esta otra forma cinematográfica. Estoy muy contento de haber elegido este camino porque bajo la forma del documental aparecieron muchos materiales que eran desconocidos y que van a permitir una nueva mirada hacia el Che.

–A su vez, Taco también narra algunos escritos del Che en el documental...

–La película está narrada fundamentalmente por el Che con su propia voz, pero hay muchos textos que él dejó escritos no leídos. Entonces, Taco también lee aquellos textos que no teníamos dichos por el propio Guevara y que nos parecía importante que estuvieran presentes en el relato.

–Y gracias a todos estos materiales con los que pudieron contar se puede rebatir la opinión de aquellos que creen que todo lo del Che estaba visto, ¿no?

–Sí. Y aunque nosotros hemos dado a luz muchas cosas, todavía faltan muchas otras para ver, porque una película es una línea de tiempo de dos horas y pico. Y aquí estamos hablando de un hombre que vivió 39 años con una intensidad impresionante, asombrosa, y esa vida no se puede sintetizar en dos horas. Nosotros podemos hacer un relato, como el que hicimos, que es subjetivo. Una mirada que nos parece muy valiosa e importante y yo personalmente estoy muy feliz con el resultado de la película, pero no nos vamos a arrogar bajo ningún concepto que es una película definitiva o que allí está concentrada la vida del Che. La vida del Che es una vida muy grande.

–Además de permitirle el acceso a los archivos del Che, ¿de qué manera colaboró la familia de Guevara?

–La familia del Che colaboró en todos los aspectos de la película, no solamente en esto de abrir archivos sino en hablar mucho sobre el Che. Compartí muchos diálogos con ellos acerca de cuál era la mirada que íbamos a tener sobre nuestro personaje. Ernesto, el hijo menor del Che, nos acompañó a filmar a Sierra Maestra y nos presentó a los compañeros de lucha del Che, nos llevó a recorrer los lugares donde su padre había estado combatiendo. Quiere decir que no fue una participación simplemente de abrir un archivo, sino de compartir esta mirada y de participar del rodaje y de todo el trabajo.

–Teniendo en cuenta que la investigación demoró doce años, ¿cuánta perseverancia precisó para completar el trabajo que pretendía?

–Toda. Es una película de la perseverancia.

–¿La profundidad de la investigación que hizo con su equipo también tenía como objetivo evitar que el documental se quedara en la superficie?

–Sí. Siempre hubo una intención de hurgar en la profundidad. Tratamos de encontrar la profundidad en el conocimiento de los testimonios de la época del Che y, sobre todo, de sus testimonios personales. Y dentro de éstos, están lo que podríamos denominar autobiográficos; es decir, las fotografías que tomó el Che, su particular manera de ver el mundo a partir de la fotografía. Y también se ve al Che como escritor. Cuando tenía 15 o 16 años comenzó de una manera muy metódica a escribir en sus cuadernos filosóficos esos análisis que siguió haciendo hasta el momento de su muerte en la zona de Ñancahuazú, en Bolivia. Fue muy revelador encontrar el último cuaderno que el Che escribió con biromes de tres colores. Con un color marcaba el título de la obra, con otro color transcribía la obra, y con otro hacía su reflexión personal. Tuve también en mis manos aquellos cuadernos iniciales donde también escribía cada palabra como “diablo”, “alma”, “capitalismo”, “marxismo”. Y buscaba el significado, pero no uno de diccionario superficial sino un significado intenso de esa palabra.

–¿Qué fue lo que más lo conmovió de todo el material que consiguió?

–Hay dos cosas muy fuertes. Una, por la manera en que la conseguimos: en el Archivo del Ejército Boliviano, de repente, por sorpresa y sin saberlo, tuvimos en nuestras manos los pasaportes originales con los que el Che entró a Bolivia y dos cuadernos manuscritos que eran absolutamente desconocidos. Se trataba del material y la documentación personal que se le encontró al Che en su mochila. Fue fortísimo porque no sabíamos que nos íbamos a encontrar con eso. Y, por otra parte, la cinta magnética con la cual el Che se despide de Aleida, su mujer. Nosotros conocíamos la carta de despedida a Fidel, la carta que les escribió a sus padres y la que les dejó a sus hijos. Pero no sabíamos que de su esposa se había despedido con una cinta magnética que grabó en soledad. Empieza diciendo: “Ahora para ti Aleida, lo más íntimamente mío y lo más íntimo de los dos”. Y a partir de ahí, lee una serie de poemas de la lengua castellana como Los heraldos negros, de César Vallejo, los de Neruda y otros. Eso me resultó muy conmovedor.

–¿Y qué aprendió del Che haciendo la película que desconocía?

–Yo no diría que desconocía, pero sí que no sabía que era de esa intensidad: cómo al lado de este hombre de acción, estaba este hombre de reflexión permanente y de cómo esa reflexión se plasmaba en la escritura. Y que era muy intensa porque no era una primera escritura que quedaba ahí, sino que eran escritos donde aparecían los primeros impulsos en pequeñas libretitas. Y esos impulsos se transformaban en una reflexión mayor en una segunda escritura. Y, a veces, se transformaban en un mecanógrafo o en un libro en una tercera escritura. Esta capacidad de reflexión y análisis permanentes y la necesidad de que al lado de la acción hubiera una formulación teórica, yo la conocía pero no con esa profundidad e intensidad.

–Y lo sorprendente de eso es que lo hacía en un contexto de tensión extrema.

–Es correcto. Y tensión extrema en Cuba, en el Congo y en Bolivia también. Eso es lo que llama la atención. Uno, a lo largo de la historia de la humanidad, encuentra hombres de una acción vibrante y de una entrega muy fuerte con esa acción hasta dar la vida. O bien, hombres de reflexión, de pensamientos profundos e intensos. En el Che convivían estas dos líneas con una intensidad realmente asombrosa.

–¿Cree que este documental le va a permitir redescubrir al Che a la gente que conoce parte de su vida?

–Creo que sí, que hay algo de redescubrimiento. Es una película que abre nuevas ventanas, nuevas puertas. Me parece muy lindo que ese redescubrimiento y que esas puertas que se van abriendo se hagan desde el cine, no desde una investigación periodística, no desde la literatura. Me parece muy hermoso como símbolo de un revolucionario.

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