Dom 14.03.2010
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MUSICA › CHARLA-DEBATE: EL TANGO Y SU IDENTIDAD

“La historia transpira en el presente”

En el marco del Festival de Tango Independiente, Ildefonso Pereyra y Gustavo Varela debatieron sobre la actualidad política y cultural del género. Hablaron de “respetar lo viejo para producir lo nuevo”. Y quedó una conclusión: “No se puede correr al tango de la vida”.

› Por Cristian Vitale

Aguante La Vidú es una milonga de paredes coloradas y luces bajas. Tiene la barra al fondo, y adelante un escenario que no puede con los 14 músicos de la orquesta del mismo nombre. Nueve, más la cantante, están arriba y el resto abajo, donde se supone la pista de baile. Después de la medianoche, se activa el concierto –uno de los tantos que animan el festival de tango independiente– y el repertorio mezcla “Trenzas”, maravillosamente cantada por Eliana Sosa, con “María”, de Troilo y Castillo, visitas a Los Redondos, y alguna composición propia. Es la Orquesta Típica La Vidú, nacida en los bordes de Florencio Varela, y es una de las que el festival pretende visibilizar, por fuera del circuito tango-mainstream. “Ellos trasvasan el ‘Blues de la artillería’ al tango. Ellos hacen lo que tiene que hacer el país: agarrar su identidad, cargarla al hombro y respetar lo viejo para producir lo nuevo. Este es el tango que camina hoy entre nosotros”, resume Ildefonso Pereyra, fundador de la Unión de Orquestas Típicas y miembro de la Red de Cultura de Boedo. A su lado, Gustavo Varela (filósofo cuyo proyecto de tesis fue sobre la genealogía política del tango), le suma un voto a la intención: “Es que la historia transpira en el presente, es exudada por un tipo de ahora y del modo que quiere. ¿Por qué arrodillarse siempre frente a ‘La Yumba’?”

El debate está planteado. Continuó ayer en la Esquina Homero Manzi bajo la consigna Tango, identidad y participación social. “A mí me gusta pensar el tango como una historia social y política, como un efecto de las condiciones históricas y no como el devenir de una identidad que tiene que ver con la tristeza, o el lamento del porteño. Me interesan más las discontinuidades que las continuidades, algo que vuelve locos a los historiadores. Ahora habitamos una nueva narración, producto de una discontinuidad que aconteció a fines de los ’60 y estos pibes lo están demostrando. Si bien es difícil venir después de Piazzolla, porque él significó una discontinuidad radical en la historia del tango, las generaciones están intentando una narración propia”, sigue Varela, también autor del libro Mal de tango, y director académico del posgrado virtual de Flacso: “Tango, genealogía política e historia”.

Esa nueva narración que el festival –incluida la secuencia Vidú– está poniendo en acto entre recitales y provechosas charlas debate, y que implica un aire fresco –real– ante lo interesadamente anquilosado del tango institucionalizado. “Hay algo oculto en el tango, hay algo que no quiere destaparse pero está. Toda su historia sucede en un mundo que atraviesa revoluciones, guerras, fascismos, y a veces sólo aparece un tipo con musculosa y mate. No se puede correr al tango de la vida, digo, pretendemos contar, exponer esa historia por debajo del tango: Manzi, Discépolo o ‘La maroma’, que fue un tango anarco”, desliza Pereyra, como una de las puntas enriquecedoras del debate.

–Terreno inexplorado...

Ildefonso Pereyra: –Es que del ’55 en adelante, el tango estuvo desvinculado de lo social y vinculado a la derecha. Hay golpes de Estado... bueno, todo lo que sabemos, pero nunca nadie sabe, salvo excepciones, qué papel cumplió el género en esos momentos en la escena política. Hay una historia de participación del tango, y lo interesante es vincular esa historia con los músicos jóvenes que, sobre todo a partir del 2001, volvieron a vincular al género con lo social. Tangos como “Pueblada” o “El flaco”, si bien no producen rupturas, sí producen mixturas con la cotidianidad y con el tango tradicional.

Gustavo Varela: –Pero no son tantos los tangos sociales. ¿Habrá cien, con toda la furia...? Pero eso es poco frente a los diez mil que existen.

–Este dato reabre un debate enorme que dista de ser zanjado. ¿Es el tango, visto globalmente, un hecho político y social, y si lo es, en qué grado, en qué sentido?

G. V.: –Sí, pero ojo, porque el modo de ser político del tango no es directo, no es de representación. Es de construcción de una comunidad, porque las comunidades no se construyen detrás de proclamas, se construyen en la práctica cotidiana y ahí sí aparece un modo de defensa ante las clases aristocráticas que gobiernan. ¿Cómo? El sainete dice “el pobre es bueno, el rico es malo”... no lo hace porque es reactivo, sino porque el pueblo empieza a edificar una identidad que necesita resguardar una moral a partir de una política. Eso, después, será claro durante el peronismo. La cultura del movimiento se hace cargo de esa identidad.

–Para ciertas visiones, y en un sentido tal vez laxo, el tango siempre representó a la derecha. ¿Está de acuerdo? En el folklore está más clara la polarización ideológica. Uno podría pensar a Los del Suquía por un lado y a Yupanqui por otro. ¿Se visibiliza igual en el tango?

G. V.: –Complejo... imagino el patio de un conventillo: el polaco, el cana, el italiano, el chorro ¿no? y en ese espacio no tenés más alternativa que aceptar la diferencia para ver, de mínima, cómo limpiás el patio. Esta convivencia no se da en el folklore. Igual, el tango define un orden moral muy establecido con clausuras al progreso, a las transformaciones sociales. El tango canción, sobre todo, tiende a la clausura, a lo cerrado, y genera una suerte de círculo áulico donde hay un misterio que sólo conocen los tangueros. Cuando se habla de la derecha se habla en este sentido, más allá de que el género haya sido funcional a determinados aspectos de la derecha.

–¿Y cómo ven ustedes que se apropian de esta herencia las nuevas generaciones? ¿Se apropian?

G. V.: –Insisto: para mí lo político no sólo tiene que ver con la representación de lo que acontece. Por tomar un ejemplo actual, es ver a la Fernández Fierro tocando detrás de un alambrado, con el Chino Laborde gritando como un loco. Eso es político como hecho de ruptura.

I. P.: –La crisis del 2001 generó nuevas miradas sobre lo social que muchos pibes incorporaron al tango. Son esos pibes invisibilizados por no pertenecer al segmento postalero del tango, pero que trabajan en los barrios generando identidad. Nosotros decimos: “Letras nuevas, viejas costumbres”, y creo que por ahí pasa el espíritu de este festival.

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