Mar 01.06.2010
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MUSICA › DAVE STEWART, DEL éXITO DE EURYTHMICS AL MUNDO DE LOS NEGOCIOS

“Todavía me gusta tocar la guitarra”

Su empresa Weapons of Mass Entertainment se dedica al cine, la música, el teatro, el marketing y los medios, pero también lleva adelante el proyecto de un banco para músicos: “Es la solución para un viejo problema de los artistas y sus mercancías”, dice.

› Por Richard Northedge *

Cuando Dave Stewart tenía doce años, decidió que andar repartiendo periódicos como los otros pibes de su edad se parecía demasiado a un trabajo duro: así persuadió al mayorista de dejar una pila de diarios del domingo en el refugio de la parada de ómnibus de Kayll Road, en su Sunderland natal, y vendérselos a los que pasaban. “Yo trataba de llevar el paquete de diarios, pero entonces pensé que podía emplear a algunos repartidores”, explica. Como suplemento para sus ingresos, empezó a tocar la guitarra en la misma parada de autobuses.

Eso fue 45 años atrás, y Stewart finalmente dejó los diarios para concentrarse en la guitarra y unirse a Annie Lennox para formar Eurythmics, que en los ochenta coparía los rankings del mundo. Aún toca su instrumento, pero aquel espíritu emprendedor de la parada de buses nunca se fue. Hoy Stewart dirige un imperio de negocios en Los Angeles que incluye medios, música, marketing y mucho más. Es consultor de la compañía de teléfonos Nokia, trabaja para corporaciones como Visa y Sony y comparte sus pensamientos sobre el management en un libro que acaba de publicar la editorial Prentice Hall. “Tras haber leído los típicos libros de negocios, y estando dentro de los negocios, veo que todos esos libros son incorrectos”, dice. “Prefiero leer aquellos menos convencionales, que van más al punto.”

Comparado con otros tomos sobre management, The Business Playground (El patio de juegos de los negocios) es ciertamente no convencional. Sus páginas de colores incluyen cartoons, letras de Bob Dylan y juegos de mesa. Hay un montón de citas de gurúes establecidos como Jack Welch –quizá sugerido por el coautor y experto en marcas Mark Simmons–, intercalados con anécdotas de la carrera de Stewart. Viejos conocidos se sumaron al proyecto, como Richard Branson, fundador de Virgin (a cargo del prólogo) o Mick Jagger, que explica su propia filosofía de negocios.

El estilo de Stewart para los negocios es relajado, tal como podría esperarse de un músico de Los Angeles que empieza a trabajar a las once de la mañana. Habla de la “muerte por comité”, las tormentas de ideas sin sentido y la investigación hasta la muerte. Divide a la gente en “desagües” y “radiadores”. Pero su tema principal es alentar a los jugos creativos a fluir, y su frase de cabecera habla de “la pirámide de los impotentes”, una jerarquía en la que un grupo de negadores impide que las ideas de base se desarrollen. “Todos pueden pensar de manera creativa”, declara. “En el mercado de hoy no se puede sobrevivir a menos que pienses de manera diferente, a causa de Internet y la tecnología. Todo sucede a la velocidad de la luz, en medio de un montón de ruido: para que te escuchen tenés que ser original.” Pero seguramente las compañías necesitan tanto de los pensadores como de los hacedores. “Todo negocio necesita administradores, y gente capaz de ejecutar las ideas en tiempo y forma”; dice. “Pero en muchas áreas de negocios, el único momento en que entran en contacto con la creatividad es cuando tienen una agencia de publicidad.”

A pesar de trabajar con grandes compañías, el estilo libre de Stewart juega contra el de ellas. “Muchas empresas fueron armadas en un tiempo diferente, y todo ha cambiado”, dice. “Algunos siguen clavados en la manera de trabajar de los ’70. Necesitan ser capaces a veces de tirar una moneda.” El negocio de Stewart se mantiene centrado en lo creativo: dirigió la película Liverpool 8, de Ringo Starr, y Honest, una comedia protagonizada por el grupo femenino All Saints, además de producir dos libros de comics para Virgin. Ayudó a montar un club en Covent Garden con Paul Allen –cofundador de Microsoft– y es socio de la boutique erótica Coco de Mer. Además, colecciona pinturas y esculturas de artistas británicos y estadounidenses: “No tiendo a poner la plata en fondos de inversión o partes de otras compañías. Confío en mis propios proyectos”.

Su compañía principal es Weapons of Mass Entertainment (Armas de Entretenimiento Masivo). “Es mi fábrica de ideas”, explica. “Hacemos el prototipo de una idea en película, video, guión o archivo PDF, y después buscamos los mejores socios posibles.” Sus actuales propiedades intelectuales incluyen un show televisivo de música country, la producción de discos, arreglos para artistas y más películas. “Estoy escribiendo tres musicales”, agrega, y anuncia el estreno de una versión de Ghost, el film con Patrick Swayze y Demi Moore, para el año próximo. Con respecto a los números de Weapons of Mass Entertainment, se muestra ambiguo: “Hace algunos millones... pero muchas cosas llevan dos o tres años para ser realizadas, con lo que los ingresos se producen de modo eventual. Tenemos apenas dieciséis empleados”.

De todos modos, Stewart lleva una década trabajando en su proyecto potencialmente más grande. El First Artists Bank podría colectar regalías internacionalmente, vender tickets y explotar los ingresos extra de los músicos, desde ringtones hasta artículos de moda. Asegura que la cosa está llegando finalmente a su punto de madurez: “Ahora estoy creando un motor de búsqueda de manejo de derechos”. La ex estrella pop señala que los artistas no pueden esperar los dos años o más que la industria tarda en pagarles regalías. “El First Artists Bank es la solución para un viejo problema de los artistas y sus mercancías tomadas gratis”, dice. “Hay un increíble monto de papel en el rastro de los ingresos.” Stewart no sólo piensa en su propio catálogo: aún toca ocasionalmente, en breve hará dos conciertos en Grecia y en julio encabezará un evento de caridad en Los Angeles junto a una orquesta de treinta integrantes.

Se levanta a las 7.30 y nada veinte largos en su piscina antes de su tardío comienzo de actividades en la oficina. “Trabajo hasta las 19.30 y me tomo un martini para destrabarme el cerebro. Una copa de vino no te pega en la nuca como un vodka martini”, agrega. Junto a su esposa, una fotógrafa sueca llamada Anoushka, tiene dos hijas; sus hijos de 19 y 22 años, nacidos de su matrimonio con Siobhan Fahey (de Bananarama), aún viven con él. “Cuando llego a casa es un completo desastre”, dice. “Todos tocan instrumentos... me paso el día haciendo bandas de sonido, y llego a casa y ellos están tocando y cantando.”

Su libro sostiene que la creatividad es muy alta entre los 30 y 40 años, pero que puede llegar a su punto más alto a los 60. Stewart, que cumplirá 58 este año, se siente listo. “En Inglaterra la gente te describe como un erudito y dice que deberías concentrarte en tocar la guitarra, pero meterse en los negocios fue una sabia decisión. Te mantiene en tus zapatos, te mantiene fresco. Y todavía me gusta tocar la guitarra.”

De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

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