Vie 02.07.2010
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CINE › EL ULTIMO VERANO DE LA BOYITA, PREMIADA EN FORTALEZA

Brasil, un lugar ideal para crecer

La película de Julia Solomonoff, única argentina en competencia, ganó el premio al Mejor largometraje en el Festival de Cine Iberoamericano de Ceará. El film obtuvo también otras dos distinciones, a la Mejor edición y al Mejor sonido.

› Por Oscar Ranzani

Desde Fortaleza

El último verano de la Boyita aborda el conflictivo pasaje de la infancia a la pubertad.

El Festival de Cine Iberoamericano de Ceará terminó de la mejor manera posible para el cine argentino: El último verano de la Boyita, de la cineasta Julia Solomonoff, único film nacional en competencia, ganó el premio al Mejor largometraje en la vigésima edición del certamen brasileño. Pero no fue el único galardón que recibió el productor de la película, Pepe Salvia, en la ceremonia de premiación celebrada anoche en el Cine San Luis de Fortaleza, ya que el opus dos de la directora de Hermanas también cosechó otras dos distinciones: Mejor edición (Rosario Suárez y Andrés Tambornino) y Mejor sonido (Lena Esquenazi). El último verano... se impuso entre ocho películas que integraron la muestra competitiva iberoamericana de largometrajes realizados por directores de América latina, el Caribe, Portugal y España, concluidos a partir de junio de 2008. El jurado encargado de votar los diez premios de largometrajes estuvo presidido por el productor, director y guionista brasileño Roberto Farias y compuesto por el cineasta argentino Miguel Mato, el español Luis Reneses, el director del Festival de Cine Latino de Chicago, José Vargas, y la periodista francesa Sylvie Debs.

Vale recordar que El último verano de la Boyita aborda el conflictivo pasaje de la infancia a la pubertad y está protagonizada por dos chicos (Guadalupe Alonso y Nicolás Treise) que fueron sometidos a un riguroso casting a cargo de María Laura Berch (que también trabajó en el casting de Una semana solos, de Celina Murga) y que interpretaron sus roles con una gran soltura y sensibilidad, a pesar de la inexperiencia actoral. La directora enfocó la amistad y el despertar sexual entre el hijo de un peón de campo y una chica de ciudad, desde el punto de vista de ella, lejano de los prejuicios y las estigmatizaciones de los adultos. La película tuvo apoyo de El Deseo, la productora de los hermanos Almodóvar. Solomonoff le había comentado a este cronista antes del estreno en Argentina que, si bien sus dos películas son intimistas, El último verano... fue mucho más difícil de hacer que Hermanas “porque trata sobre el cuerpo en la pubertad y sobre el momento en que uno está entre avergonzado y aterrado por la transformación”.

El otro gran ganador de la noche fue el español Javier Rebollo, director de La mujer sin piano, quien obtuvo el premio a la Mejor dirección. Protagonizada por Carmen Machi, La mujer sin piano retrata veinticuatro horas de un día muy especial de un ama de casa en Madrid: si bien es una mujer madura y de rutinas y costumbres que no la diferencian del resto, por la noche irá en busca de una nueva vida. Con pocos diálogos al igual que su ópera prima, Lo que sé de Lola, el segundo film de Rebollo –que había participado en el Festival de San Sebastián– también obtuvo el premio al Mejor guión (Rebollo junto a Lola Mayo) y Mejor fotografía (Santiago Racaj).

En la categoría Mejor actor el premio fue compartido por el mexicano Damián Alcázar y Alfredo Catania, protagonistas de El último comandante, coproducción brasileño-costarricense. El film, dirigido por el cineasta brasileño Vicente Ferraz y la nicaragüense Isabel Martínez, relata el olvido en el tiempo que ha tenido un comandante de la Revolución Sandinista (ficticio), quien dejó de lado sus ideales y su compromiso político para dedicarse a enseñar el cha cha cha. Como Mejor actriz, en tanto, fue elegida Mirielys Cejas, protagonista del largometraje cubano Lisanka, dirigido por Daniel Díaz Torres. Cejas interpreta a una joven tractorista que, durante la crisis de los misiles en octubre de 1962, se debate entre el amor de un revolucionario, un contrarrevolucionario y un soldado soviético en el pueblito imaginario denominado Veredas.

El Premio Especial del Jurado, en tanto, fue para el documental Memoria Cubana, de la realizadora brasileña Alice de Andrade y el cubano Iván Nápoles. Memoria cubana, una de las mejores películas de la competencia, recrea el surgimiento, apogeo y crecimiento de los Noticieros Icaic, cuyo fundador y director fue el recordado documentalista Santiago Alvarez. Con un grupo de colaboradores, logró reflejar buena parte de los acontecimientos sociales y políticos del siglo XX, a través de estos noticieros que se difundían en los cines de la isla.

La distinción a la Mejor banda sonora original recayó en el film brasileño Camino para Ythaca, el más flojo de la competencia. Dirigido e interpretado por Guto Parente, Pedro Diógenes y Luiz y Ricardo Pre-tti, Camino... marca el derrotero de cuatro jóvenes que ven su vida sin rumbo ante la muerte de un amigo. La Mejor dirección de arte fue para la película de apertura del festival: Del amor y otros demonios, dirigida por la cineasta costarricense Hilda Hidalgo, que se inspiró en el libro homónimo de Gabriel García Márquez. Hidalgo recreó la Cartagena de Indias del siglo XVIII para narrar la vida de Sierva María, una joven de 13 años, hija de unos marqueses españoles que, al ser mordida por un perro rabioso, el obispo del pueblo ordena sea “sanada”, ya que cree que la niña está endemoniada. Pero en realidad Sierva María terminará estableciendo una relación sentimental con el cura encargado del exorcismo.

El premio de la crítica quedó en manos de Alamar, largometraje del mexicano Pedro González Rubio, que algunos argentinos ya conocen porque fue el ganador en la Competencia Internacional del 12º Bafici. Alamar fue, sin dudas, otro de los mejores films del festival de Ceará: narra la historia de Natan, un niño cuyos padres se han separado y debe ir a vivir con su madre a Italia. Pero antes de la partida, su padre, pescador, lo llevará a conocer el bello e imponente Chinchorro, un lugar del Caribe mexicano que mantiene intacto el ecosistema. El viaje a ese mundo maravilloso del mar será también un viaje interior hacia un camino de autodescubrimiento entre padre e hijo, ya que el film reivindica esta relación y la llena al mismo tiempo de una inolvidable ternura. Una película luminosa.

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