Sáb 16.10.2010
espectaculos

CINE › DIEGO GARCIA MORENO Y BEATRIZ GONZALEZ–¿POR QUE LLORA SI YA REI?

“Es un monólogo a tres voces”

El realizador colombiano vino a presentar en el DocBsAs su película, un retrato íntimo de la artista plástica que en el pasado supo celebrar la vida, pero a quien la sangrienta historia de su país la impulsó a convertirse en retratista del dolor.

› Por Oscar Ranzani

Beatriz González es una destacada artista plástica colombiana cuyas pinturas han modificado, en parte, el arte contemporáneo de su país a partir de los ’60. Al documentalista colombiano Diego García Moreno, admirador de sus trabajos, siempre le llamó la atención cómo su obra que, en un principio, era irónica, mordaz y cargada de humor, con el tiempo se fue transformado en dolor, manteniendo llamativamente el color en sus cuadros. “Pasó del ‘color ironía’ al ‘color dolor’”, dice García Moreno, quien recuerda cuánto le impactó el Autorretrato en el que González se pintó a sí misma llorando. Casualmente, cuando vio ese trabajo en una exposición, García Moreno se encontró con González en un ascensor. Y no se pudo contener de preguntar: “¿Qué le pasó que se puso a llorar? ¿Cómo sucedió eso en usted, que me hizo reír tanto en mi juventud?”. A partir de entonces, García Moreno comprendió que podía elaborar un documental sobre la obra de esta artista que “fue moldeada a golpes de historia. Y los golpes de historia de Colombia llevaron, como ella misma lo dice, a un proceso que fue de la comedia a la tragedia”. El resultado es Beatriz González–¿Por qué llora si ya reí?, que se exhibirá hoy a las 17 en la Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín (Corrientes 1530), como parte de la programación de la décima edición del DocBsAs. El director presentará su documental, que se repite el miércoles 20 a las 16 en la Alianza Francesa, Córdoba 936.

El film se compone del testimonio de González, pero no ante la cámara ya que, según comenta el documentalista, es algo que detesta. García Moreno tuvo la difícil tarea de traspolar el significado de obras plásticas al lenguaje audiovisual, a través de la filmación del proceso creativo de algunas de ellas, con la propia González explicando sus orígenes. Y en paralelo, el documental establece un recorrido por la historia política de Colombia, que marcó notoriamente la obra de González. Uno de sus trabajos más sobresalientes fue Auras anónimas, una intervención sobre nueve mil nichos vacíos en el cementerio de Bogotá, donde García Moreno registró todo el proceso de elaboración. “La obra de Beatriz es muy particular, porque se ha inspirado básicamente en la reportería gráfica, concretamente en las fotos de los periódicos”, comenta García Moreno. “Ella ha seguido la historia del país desde los ’60 y la ha pintado a partir de reproducir, recomponer y modificar anécdotas visuales que salieron en la prensa. Entonces, su obra es también un documental. Y me pareció muy interesante recontar un documental dentro de un documental que inevitablemente me llevaba a la palabra ‘dolor’, que es el dolor del país.”

–¿Su idea fue entonces que a partir de la obra de esta artista plástica, el documental recorra también parte de la historia de Colombia?

–Sí, yo defino a esta película como un monólogo a tres voces, donde se conjugan vida, obra y país. Básicamente, lo que yo cuento en mis películas es una reflexión sobre Colombia. Y aquí me encontré con una maestra. Durante tres años me volví un seguidor, un escucha de esta artista, mientras ella elaboraba la intervención en los columbarios (nichos) del cementerio de Bogotá. El término “columbario” viene de “palomar”, porque parecen casitas de palomas. Eran cuatro grandes edificios con nueve mil tumbas que fueron vaciadas porque iban a demolerlos para hacer un parque. Hubo una gran protesta de artistas y de gente que pretendía que la palabra “memoria” entrara dentro de la memoria de los colombianos. Entonces, ella decidió intervenirlas con el criterio de que el aura de los muertos al sacarlos está dispersa. Es una metáfora de todas esas grandes tumbas de fosas comunes por las masacres que hubo en Colombia. Y ella dijo que había que darles una digna sepultura.

–Usted recordó que Beatriz González señaló en su documental que Colombia no es una comedia, sino una tragedia. ¿Cómo se ve reflejado ese pensamiento en la obra de esta artista?

–Uno podría asociarla con Goya. Y ella misma se asocia. Pasó por una primera etapa donde descubrió el gusto colombiano y las tendencias de cómo se decora. Estableció una relación con el color y la forma. Y ahí era donde uno, en cierta forma, se reía porque cosas que eran vistas como vulgares o inmorales, ella las dignificó y las convirtió en un hecho estético. Luego, Beatriz entró a la Corte y empezó a pintar las escenas presidenciales que ella misma asocia con las pinturas que hacía Goya de los reyes. Pero curiosamente, al pintarlas comenzó a descubrir toda la hipocresía en la mundanidad del poder. Luego ocurrió un hecho fundamental en la historia de Colombia: la toma del Palacio de Justicia en 1985 por parte del M-19. El gobierno respondió, sin dialogar, y lanzó al ejército. Se calcula que hubo entre 120 y 200 asesinatos. Pero en ese momento mataron no sólo a los guerrilleros, sino también a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia. Para Beatriz ese hecho fue un momento determinante en su vida. Y ella dijo: “Yo no me puedo burlar más. Este país llegó al infierno. Llegó a un límite de tragedia”. Y ahí cambió la actitud de la representación que ella hacía. Eso coincidió con el momento en que Colombia estaba entrando en ese gran momento de tragedia, donde se mezcló el narcotráfico. Los movimientos de izquierda fueron perdiendo su rumbo, aparecieron los paramilitares y se produjo un desorden colectivo impresionante. Todos recordamos los años ’80 y ’90. Y en ese momento, ella decidió no volver a pintar los personajes del poder, sino que se solidarizó con las víctimas. Empezó a reflejar el dolor y su obra se volvió testigo de las masacres, de los desaparecidos y del dolor de las madres.

–¿Hasta qué punto su arte es político?

–Ella dice que todas las artes son políticas. Lo que pasa es que ella no se centra en el hecho político, sino que el mismo hecho formal y la experimentación de color hacen que convivan lo político y el hecho artístico que es extra político.

–¿Los tiempos que más influyeron en su obra fueron, entonces, los ’60 y los ’80?

–Los ’90 también. Es importantísimo porque ella nunca perdió el hilo de la historia. En este momento, por ejemplo, está haciendo unos trabajos impresionantes sobre los desaparecidos en Colombia y sobre la muerte. Ella tiene una ventaja con respecto a gran parte de los artistas, no sólo de Colombia, sino del mundo: es historiadora. Entonces, la palabra “maestra” no se la ha ganado simplemente por sus pinturas, sino porque realmente es alguien que ha influido enormemente en las nuevas generaciones de artistas colombianos, por llevarlos a una exigencia y a un rigor de investigación históricos dentro del arte universal, latinoamericano y colombiano. Y teniendo en cuenta la relación que hay entre la historia social y política y la historia del arte.

–El documental muestra cómo González se inspira en las noticias de los diarios para elaborar sus pinturas. ¿Qué le contó acerca de esta elección?

–A mi modo de ver, ella es un personaje que mira distinto. En la película se ve una foto de un presidente con su familia cantando. Y Beatriz dice que lo que más le gustó de la foto fueron la cortina y el decorado. Ella encuentra instantes de composición propios de la imagen que le dan una fuerza mayor a la foto que escoge y al cuadro que va a pintar. Y eso las diferencia de cien o doscientas fotos que pueden haber sobre el mismo evento. Me parece muy interesante cómo ella ve.

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