Mié 03.08.2011
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CINE › ABNER BENAIM HABLA DEL DOCUMENTAL EMPLEADAS Y PATRONES, QUE SE ESTRENA MAñANA EN ESPACIO INCAA

“Al alejarme, pude ver cierto absurdo”

A pesar de haber visto esa relación infinidad de veces, el cineasta panameño descubrió todo un mundo cuando comenzó a indagar, cámara en mano, el mundo de empleadas domésticas y sus empleadores: “Hay una distancia muy fuerte aunque estén en la misma casa”.

› Por Oscar Ranzani

Cuando el cineasta panameño Abner Benaim estaba realizando un documental sobre su familia, le surgió el germen de lo que sería su próximo trabajo audiovisual. Es que luego de indagar a todos sus familiares decidió entrevistar a las empleadas domésticas. Y entonces, cuando comenzó a armar el trabajo en la sala de edición, se dio cuenta de que los testimonios de las trabajadoras eran los más interesantes y los más emotivos. Para Benaim eso fue todo un descubrimiento porque, por primera vez, se encontró hablando temas personales e íntimos con ellas. “Yo nunca les había preguntado cosas tan de frente como cuando uno hace un documental, que se da la libertad de hacerles preguntas que quizá no haría en el día a día”, comenta a Página/12. “Comencé a observar más de cerca lo cotidiano de situaciones que para mucha gente son normales. Pero las empecé a ver con otros ojos y con otro ángulo. Con un poco de distancia pude ver el absurdo y la problemática que había en el tema”, agrega el director sobre el origen de Empleadas y patrones, documental que se estrenará mañana en Espacio Incaa Arte Cinema (Salta 1620).

El comienzo muestra una situación real de una empleada doméstica durante su primer día laboral en un hogar. Pero no es una estructura narrativa que se mantenga a lo largo del trabajo de Benaim, sino que las escenas domésticas se combinan con testimonios de un lado y del otro. Un poco planteando una especie de confrontación entre los relatos individuales de empleadas domésticas y patrones, el film muestra las diversas problemáticas y experiencias de todo tipo, muchas de las cuales llegaron a ser traumáticas para las trabajadoras. Y, a su vez, los empleadores se quejan de situaciones que tuvieron que soportar con empleadas domésticas que no colmaron sus expectativas. A medida que el documental avanza, los testimonios se van cargando de intensidad y algunas trabajadoras se animan a confesar públicamente situaciones muy dolorosas, con excesos y abusos de todo tipo por parte de quienes las contrataron. Sin ser un documental de denuncia, Empleadas y patrones muestra las dos visiones de una convivencia que de por sí es asimétrica y pone en evidencia la dificultad en las relaciones entre personas de distintas clases sociales cuando comparten un mismo techo.

Benaim relata que, junto a su equipo, realizó una investigación combinada. “Algunas personas expresaban sus experiencias oralmente y después yo las convocaba para filmarlas. Otras vinieron por avisos que pusimos en el periódico e Internet”, cuenta. Benaim llegó a la etapa de edición con más de cien entrevistas. “Y, entonces, a la hora de la edición, la elección tuvo que ver con la temática y la narrativa que estábamos tratando de lograr como, por ejemplo, la intensidad de los testimonios. Y, a veces, también teníamos en cuenta los rasgos físicos de las personas, porque estamos trabajando en cine y la imagen es muy importante.” El cineasta también explica que no buscaba exclusivamente casos atípicos antes que rutinarios. “Teníamos casos mucho más raros y también extremos, pero nos cuidamos de no ir a lo raro o atípico porque sentíamos que había suficiente densidad en el material de situaciones consideradas normales. Mucha gente las ve como normales. Y justo ahí me interesaba entrar para decir: ‘Esto no es tan normal’”, afirma Benaim.

–¿Cómo notó la incidencia de las diferencias de clases sociales en la relación entre empleadas y patrones?

–La relación de empleadas domésticas y sus patrones es interesante precisamente porque muestra esas diferencias de clases sociales de una manera más contundente, porque están viviendo juntos en el mismo techo y en algunas ocasiones por muchos años. Digamos que la interacción es más frontal. Todos conocemos que las diferencias sociales abundan en toda Latinoamérica y marcan nuestros países de una manera bastante clara. Algo que me resultaba interesante del tema era el hecho de que parecía casi un experimento socioeconómico observar cómo hacen estas personas para tener tantas diferencias y, a la vez, compartir sus vidas.

–¿Por qué planteó la relación empleada-patrón como una confrontación entre las críticas de los empleadores y los reclamos de las trabajadoras?

–Probé de poner juntos a patrones y empleadas a hablar de sus temas. Y cuando estaban juntos se callaban y todo el mundo era cordial. Desde el lado del empleador, no deseaban hacer olas porque no querían quedar mal o entrar en un tema que podía ser conflictivo. No solo por el conflicto, sino que también, a veces, querían evitar saber los problemas que podía tener una empleada, porque después ellos iban a tener que resolverlos. Y en muchos casos, resolverlos implica cambiar actitudes o una solución con dinero. Entonces, los empleadores estaban con sus silencios. Y las empleadas callaban por razones que tenían que ver con la necesidad de supervivencia básica, ya que no iban a hablar mal de un empleador frente a él. Entonces, la decisión fue tomar lo que no se dirían frente a frente y usar las herramientas del cine para confrontarlas.

–¿Por qué cree que este tipo de relación laboral es la más íntima y, a la vez, la más distante?

–Es íntima porque una empleada doméstica que puede vivir 20 o 25 años en una casa con sus patrones sabe absolutamente todo de ellos. Sabe dónde guardan los calzoncillos, quién tiene problemas emocionales o económicos. Escuchan todas las conversaciones. Pero del lado de los patrones, a veces, no saben ni el apellido de la persona que trabaja en la casa. Y si saben dónde viven, nunca la han visto en la casa. Es una situación bastante desbalanceada en ese sentido. Con eso, también quería referirme al hecho de que las emociones son truncadas. Si tú vives con una persona tanto tiempo, lo normal sería que la conozcas y que sientas por ella. Y todos esos sentimientos no es que no existen, pero son limitados por el hecho de que es una persona de otra clase social. No solo de parte de los patrones. Las empleadas también se ponen limitaciones porque dicen: “Yo no voy a abrir mi corazón a esta persona que no me corresponde”. Entonces, hay una distancia muy fuerte aunque estén en la misma casa.

–Por momentos, el documental tiene un abordaje irónico y también absurdo. ¿Esta mirada fue producto de una decisión estética o ideológica?

–Creo que parte de ambas. Estético seguro, porque es algo que me gusta en el cine. Pero yo sentía que el tema estaba tan cargado de ironía y de absurdo por naturaleza que no tenía que forzarlo. Si lo miras con un ojo crítico encuentras el absurdo y lo irónico en la realidad como está.

–¿Cuál fue la incidencia de Empleadas y patrones en su ópera prima de ficción Chance?

–Empleadas y patrones fue el punto de partida, porque de la investigación de este documental surgió el largometraje Chance. Como había todo este absurdo e ironía, dije: “Aquí tengo tema para una comedia”. Y de ahí partió Chance: una comedia sobre empleadas domésticas que toman la casa de los empleadores porque les deben dinero.

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