Mar 19.10.2010
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PLASTICA › ARTE, LOCURA Y MARGINALIDAD EN UNA EXPOSICIóN EN FRANKFURT

Un arte químicamente puro

Mientras se van apagando los ecos de la Feria del Libro de Frankfurt siguen las exposiciones en esta ciudad. Se destaca especialmente una muestra de artistas outsiders que impacta por su extraña, obsesiva belleza.

› Por Fabián Lebenglik

Desde Frankfurt

Mientras continúan los ecos de la Feria del Libro en la que nuestro país fue el invitado de honor, siguen también las exposiciones artísticas realizadas en consonancia con la Feria.

Además de las muestras argentinas ya comentadas en este diario, la ciudad de Frankfurt ofrece una serie de exposiciones de organización propia, entre las que se destaca la inquietante Transformadores del mundo. Arte outsider, en la Galería Schirn, curada por Martina Weinhart, que sigue hasta el 9 de enero de 2011.

Se trata de una exhibición de la obra de 14 artistas que van desde fines del siglo XIX hasta el presente, cuyas vidas, experiencias y trabajos atravesaron los límites de la sociedad: artistas locos, marginados, autistas, con síndrome de Down, etcétera. Situaciones límite y arte más allá de los límites, en un grupo de creadores que se inventaron a sí mismos mientras inventaban otra historia del arte, fuera de todo canon.

En los años cuarenta del siglo pasado el pintor Jean Dubuffet se apasionó por lo que llamó Art brut, un tipo de obras realizado al margen de las normas culturales y desde lugares y situaciones sociales y personales absolutamente excepcionales. Junto con André Breton armó una colección que llegó a reunir más de 5000 piezas de Art brut.

“Nos referimos –decía Dubuffet– a las obras realizadas por gente sin cultura artística, para quienes la imitación, al contrario de lo que ocurre con los intelectuales, tiene poca o ninguna importancia, por lo que sus creadores extraen todo (temas, elección de los materiales, medios de transcripción, ritmos, maneras de escribir, etcétera.) del propio interior y no de los estereotipos del arte clásico o de moda. Estamos aquí frente a una operación artística ‘químicamente pura’, ante un diamante en bruto, que su autor reinventa en todas sus fases y que pone en marcha sólo impulsado por sus propios motivos. Es, en consecuencia, un arte surgido de la invención pura.”

Desde esta perspectiva, la sociedad y las normas irían casi siempre arrinconando y anulando la creatividad natural.

George Widener, artista y autista, realizando una de sus obras.

A su vez, el pintor diferenció el Art brut del naïf, porque consideraba que la pintura naïve o primitiva, de algún modo integra una corriente del arte formal, porque busca la comunicación, circulación y reconocimiento, mientras que el Art brut sólo se rige por el impulso propio y absolutamente personal de quien lo hace. El arte outsider no se hace necesariamente en función de un espectador. Y aunque buena parte de las obras de la colección de Dubuffet provenían de personas internadas en psiquiátricos, él se oponía a hablar de un arte de los locos.

Según Michel Foucault –que se ocupó de manera lúcida y consecuente a lo largo de su obra de estudiar, historizar, analizar y criticar las conexiones entre sociedad y locura–, los desvíos de la normativa social y las técnicas de control y normalización de tales desviaciones produjeron que “en medio del mundo sereno de las enfermedades mentales, el hombre moderno no se comunicara más con el loco”.

Su mirada genealógica no deja dudas acerca de que la estructura de la relación con la experiencia de la locura está fuertemente vinculada con los procesos históricos y que el estudio de estas transformaciones determina cómo las sociedades tratan con aquello que desplazan hacia sus márgenes.

Con el Iluminismo, la entronización de la razón y del racionalismo, aquello que se consideraba irracional fue reprimido y disciplinado por la razón. El loco transgrede los límites del orden burgués, porque es “como el límite de nuestra sociedad, pero un límite aborrecido, siempre suprimido, siempre expulsado”, escribió Deleuze.

La exposición de la Galería Schirn selecciona a un grupo de artistas cuyas obras están relacionadas con habilidades creativas muy específicas y altamente desarrolladas. La muestra comprende obras realizadas por 14 artistas que revelan mundos increíblemente propios e intensos y que desbordan todos los cánones que se enseñan en las escuelas y academias. Los artistas incluidos son: A. C. M. (1951), Aloïse (1886-1964), Emery Blagdon (1907-1986), Henri Darger (1892-1973), Auguste Forestier (1887-1958), Madge Gill (1882-1961), Karl Junker (1850-1912), Friedrich Schröder-Sonnenstern (1892-1982), Judith Scott (1943-2005), Oskar Voll, August Walla (1936-2001), George Widener (1962), Adolf Wölfli (1864-1930) y Birgit Ziegert (1966).

Desde el siglo XIX, el discurso científico y académico clasificó con distintos nombres a todos estos fenómenos creativos complejos, distintos y variados, transformando, reduciendo y tipificando la riqueza de cada uno, en casos.

Así, los usos terminológicos revelan una trama cultural que está continuamente redefiniéndose. El afán clasificatorio es un síntoma de las diferentes actitudes y reglas de cada etapa histórica ante manifestaciones culturales, personales y sociales. Son reflejos de cómo la sociedad establece sus centros y cómo trata con los márgenes expulsados de aquellos centros.

La locura está catalogada como un riesgo social que debe ser detenido. Según Foucault, con el desarrollo de la psiquiatría como medio de protección e higiene, a comienzos del siglo XIX “los desórdenes, errores y delirios de la locura fueron convertidos en patologías”.

La exposición incluye obras de artistas que fueron internos de psiquiátricos –y clásicos del Art brut–, como los impresionantes dibujos de cosmogonías y construcciones de principios del siglo XX, de Adolf Wölfli; los personajes coloridos de Aloïse –que anuncian, muchos años antes, cierto espíritu pop avant la lettre– y los objetos y esculturas de Auguste Forestier, o a Oscar Voll, mencionado en tratados de psiquiatría, con sus perfiles dibujados, que lucen como jeroglíficos modernos hechos a lápiz, en los que se mezclan guerreros e insectos en obras de una fuerte carga repetitiva.

Emery Blagdon y Karl Junker, quienes desde diferentes lugares y tiempos –uno en la Nebraska rural de mediados del siglo XX, otro en Alemania a fines del XIX– fueron capaces de vivir sus visiones relativamente sin problemas, en los márgenes de la sociedad. Mientras Blagdon convirtió sus móviles en una “máquina de curar” (la idea del poder sanador obsesionó a más de uno de los artistas incluidos en la exposición), Junker fabricó esculturas ultrabarrocas, catedrales en pequeña escala y muebles insólitos.

También están las historias de descubrimiento, como la de Henry Darger, cuya obra fue descubierta por el propietario del pequeño departamento donde Darger vivió, luego de la muerte del artista cuyo arte había permanecido en secreto. La obra de Darger incluye largas obras apaisadas en las que situaciones aparentemente escolares presentan juegos perversos, guerras infantiles, castigos corporales y enfrentamientos siniestros con la pedagogía y el mundo de los adultos.

Hay también obra de Madge Gill, obrera londinense obsedida por temas espirituales. Además puede verse obra de Friedrich Schröder-Sonnestern, un provocador, gran pintor y artista pop.

Está August Walla, un artista sin límites, que transformó su casa en una obra de arte total (en el sentido que Wagner le daba a la ópera).

Judith Scott y Birgit Ziegert son dos artistas con síndrome de Down, que encontraron contención y de-sarrollaron obras en dos diferentes centros creativos. En el caso de Scott, vegetó en diferentes instituciones durante años hasta que pudo desarrollar su producción escultórica en un centro creativo de California. Sus inmensas madejas son realmente sorprendentes. A.C.M. utiliza basura tecnológica de computadoras para construir sus micromundos. Barcos, catedrales, edificaciones a escala transforman las placas y piezas de las computadoras en raros objetos de colección. Y George Widener, que padece una clase especial de autismo, es un genio con los números y tiene una memoria prodigiosa. Sus vistas de ciudades son de un detallismo y virtuosismo bellísimos y sus colecciones y enumeraciones resultan gráficamente muy potentes, como el dibujo en que se consignan todos los accidentes aéreos sucedidos en días domingo.

Conjunto de esculturas y objetos ultrabarrocos de Emery Blagdon.

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