Mié 31.05.2006
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TELEVISION › POR QUE EL UNITARIO SE LLEVO EL PREMIO MAYOR

“Mujeres asesinas”, cuando lo que reluce sí puede ser oro

› Por Emanuel Respighi

Fue el reconocimiento a la producción más arriesgada, lograda y comentada de 2005. En la temporada en que el policial y la sangre coparon la pantalla (Botines, Criminal, Forenses), Mujeres asesinas se destacó por hacer foco en historias perturbadoras y sangrientas, pero sin caer en el golpe de efecto ni la morbosidad. Centrándose en un abanico de mujeres que por padecimiento y sufrimiento decidieron matar, el unitario de Pol-ka basado en hechos reales se convirtió en un interesante ejercicio de non fiction, donde la trama fue la verdadera protagonista. El programa, basado en el libro de Marisa Grinstein, fue el gran ganador de la 36ª entrega de los Martín Fierro, alzándose con cinco gauchos, incluyendo el de Oro. La diversidad de estatuillas sirve para describir que se trató de un programa en el que la suma de las partes y el todo funcionaron conjuntamente. Así se impuso en los rubros de unitario, autor (Liliana Esclair, Marisa Grinstein y Walter y Marcelo Slavich), director (Daniel Barone y Jorge Nisco) y actriz protagonista (ver aparte). Una aceitada tríada (guión-dirección-elenco) que conformó un ciclo de realización impecable, historias bien resueltas y elencos que en la rotación ayudaron a mantener fresco un programa que dobló los 13 capítulos previstos.

Cristina Banegas, que encarnó a la mujer que descuartizó y cocinó a su amante, cree que la virtud de Mujeres... fue que supo “construir ficción” sobre casos reales. “Eso significa un riesgo diferente, para la producción y los actores. El ciclo tuvo cierta heroicidad, porque con condiciones muy adversas y en la premura enloquecida con que se trabaja en la TV, logró hacer un producto diferencial, de calidad”, señaló a Página/12. La actriz reconoció que la verosimilitud jugó a favor en la recepción del televidente. “Hasta mis amigos me comentaron que mi participación fue muy real, que hice muy bien el papel de mala. No me dijeron que era una buena actriz. ¡Ahora piensan que soy malísima! Eso habla de que el unitario estuvo muy bien hecho.”

Buena parte de la naturalidad con la que se desarrollaron las historias, alejándose del golpe efectista, descansó en la forma de contar. Sin caer en lo detectivesco, Mujeres... reformuló la narración policial, enfocando el proceso más que en la resolución. “La gente no dejó de verlo, pese a la violencia de las historias, porque las escenas de crímenes no buscaban ser efectistas”, dice Daniel Barone, codirector junto a Jorge Nisco. “Siempre tuvimos en mente que, si al llegar al crimen debíamos buscar el efecto para que la historia fuera más atrapante, habíamos hecho muy mal el capítulo. Nuestra mayor atención estuvo centrada en el proceso que llevó a estas mujeres a determinado estado. Así, las escenas del crimen salían muy relajadas.”

Una de las claves que se le pueden reconocer a Mujeres asesinas (cuya segunda temporada va los martes a las 23, por el 13) es la postura política elegida para adentrarse en esas historias. Describiendo sin intervenir el transcurso de cada una de las historias, Mujeres... optó por no levantar el dedo acusador ni tomar postura sobre lo que se narraba, dejando que las acciones/situaciones hablaran por sí solas. Por más que el elenco rotativo significó, de algún modo, que cada programa fuera una propuesta diferente, en ninguno de los 24 episodios se juzgó el accionar de las asesinas.

Julieta Díaz, que participó en dos envíos, resaltó que el tratamiento psicoanalítico en el que ahondó Mujeres... ayudó al rendimiento (promedió más de 18 puntos de rating a lo largo del año, en un horario que excedía largamente la medianoche). “Históricamente, los conflictos altos, complejos, que tocan la esencia del ser humano e incomodan funcionan muy bien en TV”, cuenta la actriz. Mucho más, aun con un ciclo como Mujeres..., donde esos conflictos eran verídicos y fueron trabajados seriamente, con una impronta personal fuerte.” La protagonista de Locas de amor en 2004 considera que lo que premió Aptra con el Martín Fierro y el público con el rating fue la calidad. “Si este programa, por la profundidad y los casos que tocó, hubiera sido realizado por otro equipo, a lo mejor no le hubiera ido tan bien. Cuando hay asesinatos, muertes y sangre, el riesgo de pasarse de rosca es grande. Los unitarios de Pol-ka se van superando a sí mismos”, señaló.

La estructura de producción, dirección y guión permitió, además, el lucimiento de las actrices. Eugenia Tobal, Inés Estévez, Carla Peterson, Romina Gaetani, Cecilia Roth, Valeria Bertuccelli, Carola Reyna y Leonor Manso fueron algunas de las que se lucieron. La integralidad consiguió que incipientes actrices (como Araceli González y Juana Viale) no desentonaran en el contexto. “Mujeres... –resalta Dolores Fonzi– mantuvo la calidad a lo largo del año, sin importar quién lo dirigía, quién lo actuaba... trascendió a actores y directores.” Inquietante y trágico, crudo y sin filtro, Mujeres asesinas demostró que es posible contar casos truculentos sin salpicar la pantalla de sangre. “Y también –concluye Fonzi– dejó claro que la realidad siempre es peor que la ficción...”

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