Mié 20.10.2010
espectaculos

LITERATURA

Textual

Uno de los personajes más divertidos que tiene Faerman es Enrique el taxista, que nació a partir de una columna para la revista Nah!. “Me basé en esos tacheros que siempre juran haberse cogido a Pampita y te hacen pensar que vos, que hace veinte años que estás en el boliche, sos un reverendo gil. O los tacheros mienten, o debe haber una correlación entre escuchar Radio 10 y levantarse minas que están buenas”, reflexiona. Por lo común, las aventuras de Enrique arrancan así:

“Juevez a laz doz de la matina. Dejo un pazajedo en Gaona y Nazca y como me eztaba quedando sin gaz, me pongo a buzcad una eztazión de zedvizio para cadgad. Para cadgad dije, no para cagad. Pedo en un zemáfodo en dojo ze me azedca un monumento a la mujed que apoza zuz tetaz en la ventaniza y me dize: ‘¿Zabéz zi hay algún bondi que me zeve al Bajo?’.

Como no zoy ningún bodudo y la cazé al vuelo, le dije: ‘Zí, el 69. Acá eztá la padada... jejeje... pedo fijate podque pega una vuelta baztante gdande... agada pod la Boca, y va todo dedecho hazta el Camino de Zintuda, donde acaba’.

‘¿Y cuánto me cobdaz pod hazed eze mizmo decodido? Lo único que tengo pada pagadte ez un ziete’, me dijo mientdaz me moztdaba el odto, que máz que un culo eda un poema.

‘Pedo ezo no ez un siete, ez un diez’, le dije pada tedminad de dematadla (...)

Zoy Endique, y en cada bajada de bandeda tengho una hiztodia.”

Nota madre

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