Vie 12.03.2010
las12

Dura y protectora

Anne-Marie Orler acaba de ser nombrada la policía de mayor rango de la ONU. Encargada de dirigir a más de 12.000 efectivos desplegados en las zonas más calientes del mundo, esta sueca con 20 años de servicio en la policía nórdica tiene como objetivo incorporar más mujeres a esta fuerza, hoy mayoritariamente masculina.

› Por Milagros Belgrano Rawson

El pasado Día Internacional de la Mujer, el secretario General de la ONU, el coreano Ban Kimoon, anunció que la policía de mayor rango de Naciones Unidas será desde ahora una mujer. Se trata de la sueca AnneMarie Orler, que se desempeñará como la máxima jefa de Unpol, el cuerpo de policías de la ONU encargado de mantener la paz y la seguridad en regiones en conflicto y que hoy cuenta con 12,867 efectivos provenientes de 90 países y desplegados en 15 zonas críticas como Haití, Kosovo y Afganistán, entre otras. El nombramiento de Orler representa un cambio rotundo en la política interna de las fuerzas de seguridad de este organismo, aunque consistente con sus 8 “Metas del Milenio”, entre las cuales figura la promoción de la igualdad de género y la autonomía de la mujer.

Más allá del escueto Currículum enviado por la oficina de prensa de la ONU a los medios internacionales, poco se sabe de AnneMarie Orler. Egresada de la Escuela de Policía sueca, durante 20 años se desempeñó como oficial de este cuerpo en Västamanland, al oeste de Estocolmo, hasta que fue ascendida a jefa de policía de ese condado. Estudió derecho en la Universidad de Uppsala –15 premios Nobel y uno de los fundadores de Skype son algunos de los ex alumnos más notables de esta universidad fundada en el siglo XV– y durante un breve período fue la secretaria general de la sede sueca de la ONG Amnistía Internacional. Luego de su paso por el sector privado, donde trabajó como consultora en temas de liderazgo, esta mujer rubia y robusta dirigió el programa “Policía y Derechos Humanos” del Consejo Europeo. Entre 2004 y 2008 integró el Comité para la Prevención de la Tortura de este organismo europeo y participó en el entrenamiento de policías turcos y de algunos países de los Balcanes. Llegó a la ONU en el 2008, como asesora adjunta del Departamento de Mantenimiento de la Paz. Su meteórico ascenso en una estructura rígida y burocrática como Naciones Unidas promete aires de cambio, al menos en lo que a las fuerzas policiales se refiere. De hecho, desde su ingreso a la ONU Orler ha liderado los esfuerzos del organismo para reclutar más mujeres policías para las operaciones de paz en el mundo. En la actualidad, de los más de 12.000 efectivos de Naciones Unidas, apenas el 8% es mujer. Cabe aclarar que los efectivos de Unpol no son los cascos azules, que además de tener rango militar son enviados y financiados por los países miembros de la ONU.

De regreso de Haití, donde estudió la organización de las fuerzas policiales locales para que éstas coordinen esfuerzos con la Unpol, la flamante jefa de policía se presentó el pasado 8 de marzo en una rueda de prensa organizada en la sede principal de Naciones Unidas, en Nueva York. Allí afirmó que entre sus prioridades figura la mejora de la eficiencia de Unpol en las misiones de paz. Interrogada sobre casos de abuso sexual por parte de los efectivos de esta fuerza, mayoritariamente masculina, Orler afirmó que “Afortunadamente, no hemos tenido más de tres casos dentro de la policía. Pero tomamos este tema muy en serio y tenemos una política de tolerancia cero. Investigamos y, si se trata de algo serio, el perpetrador no sólo será enjuiciado, sino que nuestra base de datos impedirá que nunca, jamás, vuelva a integrar misiones de paz”.

En cuanto a la población civil afectada por la violencia sexual, Orler se refirió a Haití, donde en medio del caos que reina luego del terremoto del pasado 12 de enero se han denunciado casos de violación en los campamentos para refugiados. “Es difícil patrullar en los campamentos y el 70% de la población haitiana es analfabeta, lo que significa que tenemos que encontrar la manera de concientizar a la población, por ejemplo a través de la radio, y enseñar a las mujeres cómo protegerse de los ataques sexuales.” En regiones en conflicto, la violencia sexual continúa siendo una de las principales armas de guerra. Sólo en la República Democrática del Congo se han reportado 200.000 violaciones desde 1996, cuando allí estalló una guerra civil que pronto se propagó a otros países africanos y que —sólo oficialmente— terminó en el 2003. En este difícil contexto, el rol de las policías mujeres puede ser crucial: en siete misiones de paz establecidas en TimorLeste, Liberia, Kosovo, el sur de Sudán, Burundi y Sierra Leona, Unpol ha creado unidades especiales que investigan y asisten a víctimas de violencia sexual. “Se podría hacer mucho más si tuviéramos más oficiales mujeres”, decía el año pasado Orler, cuando aún era consejera adjunta de este organismo. “Pero dependemos de los estados miembros, que deben nombrar a estas fuerzas”, afirmaba por entonces. Con un concepto distinto en materia de seguridad, que combina tareas de protección y control –y represión sólo en caso de ser necesario, como en los saqueos y ataques registrados recientemente en Haití ante la falta de alimentos y medicamentos—, Orler está sin embargo convencida de que “en el fondo, el trabajo de policía no cambia demasiado de un país a otro. Prometo hacerlo de la mejor manera posible”.

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