Vie 14.05.2010
las12

MUESTRAS

Secretos posados

Instantáneas que delatan momentos compartidos, secretos que no son tales porque están ahí expuestos pero a la vez mantienen el enigma del momento en que fundieron luz y sombra sobre el papel. En Secretos de chicas, de la fotógrafa Alina Schwarcz, se advierte el ida y vuelta entre quien da y quien recibe, sin que se termine de saber nunca si la donación viene del lente o de quien se deja capturar por él.

› Por Laura Rosso

Capturar instantes para luego revelarlos y develar los secretos almacenados en la cámara. Elegir entre tantos fotogramas cuál sí y cuál no. El tamaño del instante se reduce pero a la vez se hace presente y aumentan las sutilezas. Se disparan mundos, aquellos que no aparecen en la superficie, mundos que pueden ser inventados, imaginados, sentidos por quien mira desde afuera y comparte la imagen. En Secretos de chicas, la serie de fotografías que Alina Schwarcz eligió para mostrar en la Fotogalería del Centro Cultural Ricardo Rojas hay un ojo dirigido que aborda secretos, un denominador común, aunque no el único. No todas son fotos de chicas; hay también lluvia, río, hongos, flores, árboles, gato, perro, amigos, padre y alguna que otra fotografía robada en la calle. Pero sobre todo hay enigmas y la invitación a calzarse el traje de detective para indagar ahí, en los secretos. “La mayoría de los retratados están a mi alrededor y saben y juegan conmigo, se van acostumbrando a ser registrados. Mi prima le decía a mi abuela ‘hay que tener cuidado porque en cualquier momento aparecés colgada en la pared’”, dispara Alina entre risas.

“La primera guerrera es mi amiga Guillermina, casi la protagonista de la muestra. Compartimos una afición por las plantas y habíamos ido en bicicleta hasta Agronomía, entramos al vivero y la combinación de ese lugar precioso con esa situación de luz preciosa...” La frase queda inconclusa tal vez porque se impone la imagen de la muchacha agachada con su pollera blanca al viento. En otra foto se la ve bordando y Alina repara en la tijerita. “¡Mirá lo que es! Ella es exquisita, exquisita en todo. Es una amistad bastante reciente, nueva.”

Alina saca fotos todo el tiempo, constantemente. “Llevo la cámara conmigo cuando estoy distendida, no la llevo a trabajar, pero desde el momento en que está y la tengo me pongo atenta. Me gusta ver situaciones comunes y correr a registrarlas, son bastante instantáneas a pesar del tema del foco, que estoy un rato... A medida que voy juntando y editando se empieza a armar un conjunto y surgen las ganas de mostrarlas.”

¿Te gusta hablar de tus fotos?

—Nunca digo demasiado, espero que cada uno vea lo que quiera. Tengo una relación con el discurso sobre las fotos muy tirante, no me gusta hablar mucho. Me pedían un texto y yo me negaba. Por eso invité a mi amiga Luciana Delfabro para que hablara de las fotos pero desde un lugar paralelo, más poético. A mí no me gusta mucho pensarlo demasiado, prefiero que toque más lo inconsciente que lo consciente.

¿Dónde ponés tu mirada?

—Me doy cuenta de que me atraen los personajes fuera de lo común... bah, en realidad ni siquiera... Trato de encontrar lo levemente distinto o extraño en algo simple y cotidiano. Eso pasa todo el tiempo y es sólo cuestión de estar atenta. Otra cosa que me doy cuenta es que cuanto más abiertas son las imágenes, cuanto más te mueven a usar tu imaginación tu mundo para completarlas, cuanto más polisémicas son, mejor.

Alina escribe con la luz, la busca, la espera, la encuentra y la hace entrar en el cuadro, como en la foto del sauce llorón. “El sauce es un árbol que me encanta. Y el sauce con viento es una combinación fatal. Había viento y el árbol bailaba, bailaba hermoso y el bosquecito de atrás que dan ganas...”

En la muestra hay fotos donde hay chicas miradas y otras que son más de la chica que mira. “La foto de mi papá en el Tigre fue una de las favoritas en la muestra. Estaba lloviznando y hacía calorcito. El venía de hacer una respiración que se llama abrazar el árbol; llegué justo con la cámara y cuando lo agarré le dije ¡Quedate ahíiii! y así me posó.” De nuevo en el Tigre. “Ella es Verita, la hija de unos amigos. La foto fue elegida como cara de la muestra. Mucha gente cree que es una señora grande. Es genial, a cada uno le dispara un chifle diferente. Vera había estado jugando con barro, había habido una crecida, estaban juntando arcilla para hacer cacharros y cuando terminaron el juego, Vera se subió al deck y se empezó a limpiar. Fue eso, yo creo que está hermosa, la veo hecha una señorita... veo esta foto como un destello, esa cosa del principio de la pubertad. Un universo muy Marosa. Siempre vi estas dos fotos juntas, la de Vera y la de los hongos. Estos hongos eran una locura. Explotaban. Los vi en una de esas caminatas por Tigre. Y de hecho al día siguiente ya estaban marchitos. Fue como muy efímero ese descubrimiento, explotaron ese día. ¡Que suerte que tenía la cámara!”

Dos amigas de Alina. Una que termina de bañarse y otra con quien comparte una conversación. “Con permiso me metí en el baño de mi amiga un día que la fui a visitar. Ella se tenía que bañar y prepararse para salir. Yo fui con la cámara, también hice otras fotos... Acá ves la relación que tenemos, no le sacás a cualquiera una foto así. No sólo sacarla sino después mostrarla. Se puso en mis manos. Mucha generosidad de parte de la modelo, que es hermosa como ves por delante y por detrás.” “En esta otra foto hay como un acercamiento, cuando le saqué la foto a mi amiga sentí que estaba cruzando una línea, tomándole el codo. Estábamos hablando, ella estaba triste y fue demasiado raro... Con esa situación de luz hermosa, yo no me aguanté... Ella está hermosa y lo que más me gusta es mirar y decir ¿qué carajo estaba pensando?”

“Las fotos necesitan un ratito –dice Alina–, una mirada que vaya al detalle. Entiendo que hay fotos que tienen más fuerza y otras tienen menos, pero acompañan, y a mí me gusta que estén porque hacen a la diversidad de temas.”

¿A quién le debes tu gusto por la fotografía?

–A mis padres por supuesto, a mi mamá que tiene un ojo... a mi familia. Después, ya más adelante, a Guillermo Ueno, él me motivó y eso floreció en amistad. Y, por supuesto, a las personas que me rodean.

¿Cuál es la diferencia entre una foto que te gusta, te interesa y otra?

–Si no conectás no sale ahí escrachado, de hecho creo que esa es la diferencia entre que las cosas estén interesantes o no. Yo me relaciono también con las plantas y los animales, me gusta igualarlos sin importancia.

Al final del recorrido se trasluce algo más de quien estuvo detrás de la lente. Y eso se ve. Se ve quien estuvo ahí. Se siente la gratitud por cada uno de los que aparecen en las fotografías. Un ida y vuelta que dispara también para el lado del que mira.

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