Vie 02.07.2010
las12

PERFILES

Mierda y carajo

› Por Flor Monfort

Para su emisión del 15 de junio, la diva de los almuerzos invitó a su mesa a la actriz Florencia Raggi por el próximo estreno de Cómplices del silencio, el film que ésta protagoniza, sobre aquellos días tan nefastos y revisitados, ahora, con el lujo de la distancia, de nuestra última dictadura.

Después de ver el trailer de la película, la diva sorprendió a sus invitados. Ella también estuvo ahí. Ella también tiene un muerto a quien llorar.

Susurrando, la octogenaria, envuelta en una piel amarilla, les contó a Raggi, Arnaldo André, Patricia Viggiano, Gino Renni y la periodista Cecilia Absatz, como si estuvieran en el comedor de su casa, que su sobrina y su marido fueron secuestrados en aquella época. Pero gracias a un llamado suyo al general Harguindeguy, la habían soltado a ella. “Te salvaste porque sos la sobrina de Mirtha”, le habrían dicho.

Treinta y cuatro años después, la señora abre el juego y trama un relato con todos los ingredientes de una buena historia: los sonidos del tren que le hicieron deducir a su sobrina que estuvo detenida en Palermo, el golpe bajo con “de él no supimos más nada pero lo torturaron mucho”, y la reflexión: “Todo el mundo tenía miedo de comprometerse. No me victimizo con esto pero es la vida y yo he pasado por todo”.

La Chiqui fue una actriz popular, se casó con un director de cine que la hizo más famosa de lo que era y filmó algunas de las escenas más emblemáticas del cine argentino, tuvo un hijo homosexual al que le dio la espalda hasta su muerte y encaró una ardua y delicada tarea: la construcción de un personaje ingenuo, una tontita elegante y con clase, que en tono chirriante puede preguntar cualquier cosa, porque como no entiende entonces pregunta. Aún después de que se repitiera una y otra vez su atrás de cámara donde la nota aguda y complaciente se convirtió, por primera vez para el gran público (porque entre los técnicos y productores de televisión es conocido su despotismo) en un grito de guerra: “Demasiado esfuerzo hago, carajo mierda”. Y todo porque el plano dejaba ver su silueta gruesa.

Una construcción que la llevó a convertirse en “la mejor entrevistadora de la televisión argentina” en el imaginario popular, la que se anima a preguntarle a un homosexual si es posible que la gente como él pueda ser feliz, la que dice las mismas cosas que la señora de su casa, la que le reclama a Cecilia Rossetto por estar siempre hinchando con el pasado y su marido desaparecido. “Siempre tan politizada, Cecilia, siempre tan de izquierda”, le dijo en 2000.

En 1978, un año después de aquella gestión que logró salvar a su sobrina, invitó a sus almuerzos de Canal 9, todavía en blanco y negro, a Susana Giménez, Ginette Reynal, Claudio Levrino y Laureano Brizuela. Comentaban el Mundial. Veamos.

“Hay una campaña internacional contra la Argentina, pero nos hizo muy bien ganar el campeonato. Nos unió como argentinos. Lloraban todos: mujeres, hombres, hasta el presidente Videla lloraba. Yo lo vi”, contó orgullosa.

Pero volvamos al presente, no está bueno remover tanto. ¿Cuándo perdió la ingenuidad la señora? ¿De dónde sale esta nueva posición política que asume cada programa cuando le pega al Gobierno por tanta inseguridad y miseria? ¿Cómo pasó de indignarse con los que joden con el pasado a ser ella misma protagonista del mismo? Raro estadio en el camino de una diva naïve, que pasó sin pestañear por gobiernos y canales y hasta se vanagloria de haber sido prohibida alguna vez.

Con respecto a la gente sentada a la mesa del 15 de junio, qué lástima que la periodista Cecilia Absatz no pudiera articular mejor una respuesta sobre aquello de lo que “nadie sabía nada”. Sobre todo porque su ex pareja y su hija estaban exiliados en México desde el ’77, por lo que difícilmente ella haya podido ignorar la tortura y desaparición de miles de personas. ¡Pero qué fiaca volver sobre esos temas!

Cuando la breve charla terminó, la anfitriona le preguntó a Absatz por la televisión actual y ella dijo con energía, sin el titubeo que tuvo frente el cuento de la Chiqui: “Tinelli es un genio”. Y el cuento de la señora, una vez más con la complacencia de un grupo de tontos, cerró redondo.

Aunque esta vez, a Chiquita Legrand, la del dedito con anillos que tanto le gusta revolear, alguien le va a pedir explicaciones.

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