Vie 01.10.2010
las12

TEATRO

Laboratorio actoral

La escena dentro de la escena, los actores por fuera de los personajes, la nueva apuesta de Ciro Zorzoli pone en juego una reflexión sobre la representación misma.

› Por Sonia Jaroslavsky

Ciro Zorzoli hace tiempo que investiga sobre la exploración de los lenguajes expresivos y produce un corrimiento de fórmulas establecidas. Al fin de cuentas, desde Salsipuedes, pasando por Living, último paisaje o Ars higiénica, hasta llegar al biodrama El niño en cuestión, su poética se fue eslabonando con el acento puesto en la pregunta sobre el arte actoral, delineando obras sin lugar a dudas singulares.

El director y actor, oriundo de Mar del Plata, concibe su teatro poniendo siempre mucho en juego, ya que el espacio de riesgo y experimentación es la única condición de posibilidad para su laboratorio teatral. Su último proyecto, con un grupo de actores, se llama Ostinato Rigore y aborda la exploración de “las mecánicas de la representación y los ‘saberes’ que circulan alrededor del hacer teatral”.

La primera derivación de este proyecto se titula Exhibición y desfile y se puede ver hasta fin de mes los domingos por la tarde en el Teatro Del Perro. La segunda derivación de este grupo se constituyó en el espectáculo Estado de ira que se encuentra en cartel en el Teatro Sarmiento con un gran reconocimiento de público.

Su director condensa con este espectáculo años de trabajo en ese sentido y lleva una vitalidad necesaria al escenario de un teatro estatal y a la escena teatral porteña en general. Esto no sería posible sin un grupo de trabajo y cuerpo actoral, sin lugar a dudas brillante que se completa con la iluminación de Eli Sirlin y escenografía y vestuario a cargo de Oria Puppo.

El espectáculo comienza con dos o tres indicaciones que hacen que la cuarta pared se evapore y de esta manera se incorpora a los espectadores a la ficción como partícipes de un ensayo con público. Ahora la sala es el espacio de ensayos de un teatro municipal donde se prepara a la actriz que interpretará el papel de Hedda Gabler de Ibsen. La urgencia queda rápidamente instalada y un grupo de actores municipales tiene la tarea de preparar los reemplazos de cuanto clásico se presente en los teatros oficiales de la ciudad. Como buenos empleados municipales cumplen un horario, exigen por sus horas extras, cortan el mejor momento de una escena porque tocó la campana de almuerzo o simplemente se rigen en lo que respecta exclusivamente a las tareas que consignan su cargo: como Núñez, el utilero, que dice: “no muevo trastos”. Digamos que los muchachos y muchachas del plantel actoral trabajan a reglamento y bajo unas normas muy estrictas y con un imaginario actoral canónico en ese contexto.

La actriz Antonia Miguens tiene en sus manos el papel de una Hedda Gabler. Como Hedda, Miguens se encuentra llena de contradicciones (en manos de un trabajo espléndido de Paola Barrientos). La lucha se da en el seno mismo de la escena, más bien como un ring actoral: los instructores actorales someten paulatinamente a la actriz. De a poco, ella pierde la cordura y se vuelve pasional, catártica, desorbitada, así como también la obstinación por insuflar vida a la escena frente al encorsetado instructivo que ejercen –a toda costa– sus compañeros instructores.

El deseo y la obstinación de la actriz por actuar cada escena de Hedda Gabler se instala con más fuerza a medida que transcurre la pieza como la impaciencia del resto de los actores. Porque Miguens no quiere “tirar” sólo letra, sino hacer la escena, no quiere repetir sin lógica marcaciones estancas imposibles de reproducir, ni hacer mímicas ridículas ni repetir todos los “¡Oh, oh, oh!” del texto dramático original. El espectáculo se vuelve desopilante y cualquier dejo de solemnidad es abatida por la cocina, por el intersticio donde se filtra el fuera de escena.

¿Acaso este grupo de investigación teatral no estará poniendo en primer plano la pregunta acerca de la fragilidad de la actuación en su intento de llegar a su esencia más plena en medio de un campo cada vez más coercitivo? El manuscrito –un texto– en Hedda Gabler se esfuma “¡Y sin dejar lo que haría duradero su nombre!” así como también a la actriz la despojan de su vestido, del personaje de Hedda.

Casi en soledad, sólo queda el cuerpo de la actriz sin personaje (porque ha muerto) y sin texto, porque hay fin para la letra. Pero aun en su efímera presencia, su cuerpo, como el de todos los actores, deja su huella.

Estado de ira. Jueves a domingos a las 21. Teatro Sarmiento. Avenida Sarmiento 2715. $ 45. Jueves, día popular: $25. 48089479 / 0800333 5254.
Exhibición y desfile. Domingos, a las 16. Teatro Del Perro. Bonpland 800 (esquina Vera). $ 25.

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