Vie 08.10.2010
las12

RESCATES

Josephine nunca irá al cielo

Tony Curtis (1925-2010)

› Por Marisa Avigliano

Viril hasta donde se asoma esa impertinencia de labios y excelente imitador de Cary Grant (tan bueno era que lograba que nos olvidáramos de que le faltaba altura), Tony Curtis es Josephine, la saxofonista de la banda de mujeres en Una Eva y dos Adanes (Some Like It Hot, de 1959 y dirigida por Billy Wilder).

Maquillada, con peluca y en una bañera cubierta con espuma, con una blusa marfil con picos en el escote o con aros de dos perlas, Josephine siempre está mirando –en esta historia mirar a una mujer y desearla es lo mismo– a Sugar (Marilyn Monroe). Con cara femenina, el estrangulador de Boston (película que protagonizó en 1968), siempre tuvo un ímpetu, un ictus y un acento vulgar que cultivó como nadie en esa mescolanza social impuesta por la mescolanza de la época. Cómo no recordarlo en los comienzos de los años setenta The Persuaders (Dos tipos audaces con Roger Moore).

Pero dejemos a Bernard Schwartz –era ese su verdadero nombre– y a los suburbios del Bronx donde nació el 3 de junio en el seno de una familia húngara y volvamos a rouge carmín y a las ligas de Josephine.

En las anécdotas que se cuentan y que se desmienten, Billy Wilder recordaba a Tony deambulando por el set un poco avergonzado con sus vestidos, mientras que muy cerca y con tacos altos Jack Lemmon (Daphne, la chica del contrabajo) se paseaba muy orondo.

Josephine es Joe, quien se viste de mujer para huir de los gánsters que lo persiguen por haber sido testigo de la matanza de San Valentín en un garaje. En un viaje en tren a Florida usando medias de seda, rimmel y corpiño conocerá a la mujer de su vida. Pero otro disfraz espera en el perchero del camarín del señor Curtis, el de un millonario petrolero, galán indiscutido e irresistible. En esa mezcla de identidades Curtis será sinónimo de comedia refinada mientras que para Lemmon y su Daphne están destinadas las risas incontenibles y sonoras que detonaron el día del estreno y que vuelven a escucharse cada vez que alguien vuelve a verla. Le dice Daphne a su enamorado Osgood Fielding (Joseph Evans Brown) “¡No me comprendes Osgood! Aaah... ¡Soy un hombre!” / Osgood: “Bueno, nadie es perfecto”.

Sólo disfrazado de mujer un hombre conocerá el engaño amoroso y el devastador dolor del abandono, sólo disfrazado de mujer besará a otra entre lágrimas y balbuceará sentencias indudables: “No hay hombre que lo valga”. Engaños de enaguas y batas de toalla, engaños de placard que no hacen otra cosa que develar sentimientos, quizás porque el engaño es un acto verdadero y respetable en las películas de Wilder.

Hace unos días, cuando Curtis murió muchos blogs se encargaron de contar que su ataúd fue cubierto con una bandera norteamericana y que junto al actor se depositaron “algunas de sus más preciadas posesiones: un sombrero de vaquero Stetson, una bufanda de Armani, unos guantes para conducir, un iPhone y un ejemplar de la novela de Hervey Allen Anthony Adverse, que inspiró su nombre artístico”.

¿Cuál de todos estos objetos lo habrá elegido Josephine?

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