Vie 05.08.2011
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RESCATES > FLORENTINA GóMEZ MIRANDA (1912-2011)

La pionera

› Por Paula Bartolome *

Florentina fue una maestra hija de maestros nacida en Olavarría, provincia de Buenos Aires. Se recibió de abogada en la Universidad de La Plata cursando toda la carrera libre para no abandonar su tarea docente. Se afilió a la Unión Cívica Radical en 1946 y se ganó su cargo de diputada nacional que ejerció responsable durante dos períodos, 1983/1987 y 1987/1991.

Trabajó, discutió y tocó todas las puertas que pudo para empujar el debate y la aprobación de legislación en temas de Familia, Mujer y Minoridad. Con 99 años, hasta el lunes 1º de agosto de 2011, fue una apasionada de la política nacional. Hasta acá, nada distinto de lo que dirán las reseñas y crónicas que le dediquen.

Sin embargo, escribo estas líneas pensando en la suerte de haberla mirado a la luz de la intimidad familiar: creo que tenía 99 años pero dos siglos en ella.

Tuvo la suerte de que al nacer en una casa de docentes su derecho a estudiar nunca estuvo discutido en una época en que era un lujo innecesario para una mujer. Todo lo demás no fue suerte.

Fue una mujer valiente y tendría que decir arriesgada, porque se hizo lugar buscando la igualdad para ella en espacios laborales y políticos que eran muy cerrados. Pero además sostuvo hasta el agotamiento (de los otros) las discusiones parlamentarias para temas como la patria potestad compartida, el divorcio o el derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo.

Podía sorprender con conceptos y opiniones de vanguardia en temas de género al mismo tiempo que criticaba el largo de una pollera o el maquillaje exagerado.

Era una mujer moldeada bajo la mirada social de la primera mitad del siglo XX y, como otras increíbles mujeres de ese tiempo, tuvo que romper el molde de los “permisos femeninos” para reclamar mucho más. Esa posibilidad de ruptura, de forzamiento de los cambios, la puso al mismo tiempo en su momento y en el futuro, aquí en el siglo XXI que nos toca.

La Tía Florentina podía sentenciar con desaprobación sobre la convivencia sin papeles y soportar que no le hayamos dado ninguna fiesta de casamiento bien entendida. Era la misma a la que vi plantar la necesidad de una ley de salud reproductiva y de aborto en espacios de mayoría numérica masculina y ganarse el odio de la Iglesia aunque era creyente.

Esa tía sentenciosa era la misma maestra que, muy joven, se indignó porque el padre de una alumna no quería que estudiase. La misma que fue a increparlo y reclamar para esa jovencita el derecho al estudio. Esa chica, que ahora es una mujer adulta, sabe el valor de provocar un cambio.

Todavía pienso en lo bien que se tomó que mi hija, su última sobrina nieta, se llame Eva, siendo como era, radical desde la cuna. También ahí me sorprendió recordándome que a la luz de la historia no podía dejar de destacar la figura de Evita pese a que la habían cesanteado como maestra por no respetar el luto en 1952.

Ser una mujer moderna ahora no es lo mismo que haber sido moderna en 1940. Una mente moderna como la de Florentina es algo fascinante. En ella, y en las que iniciaron los debates de la política nacional, se tensaron internamente los moldes, el canon, los permisos, todos los presupuestos sobre el ser mujer.

Ella vivió su contradicción como un motor y no como un tope. ¤

* Sobrina nieta de Florentina Gómez Miranda, directora de teatro, dramaturga y guionista.

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