Sáb 09.10.2010
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La pelea por un parque

La Proto Comuna Caballito se quedó con la boca abierta al ver el proyecto para lo que sería el Parque del Bicentenario en Primera Junta: 150.000 metros cuadrados de obra nueva, el mayor emprendimiento jamás realizado en el barrio.

› Por Sergio Kiernan

En Caballito están por tener un ataque de nervios de notable intensidad. Resulta que esta semana, los vecinos de la Proto Comuna por fin pudieron ver la propuesta presentada por la Administradora de Infraestructura Ferroviaria y, para citar al grupo, es “aún peor de lo que nos imaginábamos”. Es todavía peor que la propuesta “federal” de la diputada Silvina Pedreira y su directora de la Comisión de Planeamiento en la Legislatura. De hecho, es mucho peor que muchas cosas peores vistas últimamente, porque la ADIF quiere que hagan allí un megaemprendimiento, una obra de 150.000 metros cuadrados.

Para darse una idea de la escala del evento, basta darse una vuelta por el centro mismo de Caballito. Con eje en Rivadavia, uno ve uno de los peores bolonquis que supimos conseguir, un barrio completamente sobresaturado de edificios y autos, en batifondo constante. Pero cruzar la vía a la altura de la estación significa ver, a mano izquierda, un amplio espacio vacío como transición a un barrio de menor densidad. El espacio es la vieja playa de maniobras del ferrocarril, hace mucho en desuso, que los vecinos se ilusionaron sería un parque del Bicentenario. Pues será un parque, pero sólo en parte, porque también quieren hacer nueve grandes edificios.

Hace poco, en la comisión que dirige Pedreira se habló de usar un tercio del barrio para edificios, de modo que la donación ferroviaria –del gobierno nacional– no fuera gratis a la ciudad. Hasta se escuchó el argumento esdrújulo de que los jujeños no tienen por qué andar donándoles terrenos a los porteños, lo que resultaría tonto en un jujeño y es abismal en una funcionaria de la Legislatura de los porteños. El tema es que hay muchos millones de por medio, con un gran terreno muy bien ubicado a vender y decenas de miles de metros cuadrados a construir.

Las imágenes en esta página muestran la escala del bodrio. Siguiendo la curva de las vías y recostándose sobre la cancha de Ferro, se alzaría una barrera natural de edificios, cortando el barrio. Una de las razones para levantar el patio de maniobras era justamente comunicar dos sectores de seis cuadras de largo separados por un muro. Las futuras obras mantendrían el corte. Buena parte del Parque funcionaría efectivamente como plaza privada de los edificios, que es un nuevo truco inventado por los desarrolladores para privatizar espacios públicos. Para peor, el nuevo barrio no está en un borde del espacio a convertir, con lo que en rigor quedan un parque no tan grande, y una serie de plazoletas y plazas más asociadas a los edificios que a otra cosa.

La Proto Comuna denuncia que este proyecto es el mayor jamás encarado en el barrio, dicho esto con toda la negatividad posible: los 150.000 metros equivalen más o menos al seis por ciento de todo lo que se construye en Buenos Aires en un buen año. Los miles de residentes del nuevo proyecto se sumarían a un barrio colapsado, con una densidad de 30.000 personas por kilómetro cuadrado y con un déficit absurdo de espacios verdes. Los vecinos señalan que una idea así sólo es posible “sin ningún tipo de contacto con la realidad”, con lo que se puede sugerir a los involucrados pasar un domingo en Parque Rivadavia, un espacio en el que mal se puede caminar por la enorme cantidad de personas que tiene que atender.

En Parque del Bicentenario es una vieja idea en Caballito, que tuvo nueve proyectos legislativos desde 1994, petitorios con 13.000 firmas y una iniciativa popular. Nada de esto parece importar ante la envergadura del negocio a realizar. Con ironía los vecinos se preguntan por qué no se impulsan proyectos así en zonas subdesarrolladas de la ciudad y no en Caballito, que con el 3,3 por ciento de la superficie porteña recibe uno en cada diez metros cuadrados nuevos.

La respuesta es, por supuesto, que los especuladores van a donde ya hay un mercado, porque crearlo sería cosa de empresarios. Y siempre tienen ciertos funcionarios dispuestos a abrirles el camino, aunque sea con argumentos “jujeños”. Por eso, los vecinos insisten en sus pedidos: pedir la rezonificación del sector para que no se puedan hacer los edificios, hablar con los funcionarios nacionales para que los terrenos se usen para cosas menos comerciales y negativas, como una universidad.

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