Dom 03.10.2010
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PERSONAJES > OLIVIA WILDE, DE DR. HOUSE AL CINE

La importancia de llamarse Wilde

› Por Mariano Kairuz

El misántropo doctor Gregory House la bautizó “13” y selló su suerte. Desde la cuarta temporada, Olivia Wilde es la chica condenada a muerte por el síndrome de Huntington, una rara enfermedad hereditaria que 13, miembro por entonces recién incorporado al equipo médico, sospechaba tener, pero se resistía a diagnosticarse. Recién al final de aquella temporada, e instigada por su hosco jefe, 13 confirmó que el mismo desorden neurológico que mató a su madre latía en ella, y tomaba la decisión de vivir en serio todo lo que le quedara por delante. Es decir, drogas duras y sexo casual, en lo que alguien describió –seguramente inspirado por su delgadísima belleza– como una secuencia autodestructiva a lo Kate Moss. Es decir, también, sexo con hombres, y con mujeres. Y así, en menos de dos años, Olivia Wilde pasó a encarnar la más alta expresión de un fetiche calenturiento que es la supermodelo en delantal clínico (algo así como una variación del numerito de enfermera hot), o la fría profesional debajo de la cual acecha una ninfómana. Devenida fantasía porno para varoncitos (las chicas con las que se da suelen estar casi tan buenas como ella), Wilde contribuyó con lo suyo desde el momento en que decidió cambiarse el apellido paterno para darse a conocer al mundo con el de su escritor irlandés favorito, y puso al periodismo de espectáculos a agotar las posibilidades de hacer juegos salvajes de palabras con wild.

A los 26 años, Wilde lleva unos ocho en eso de conquistar Hollywood y una de las primeras veces que llamó verdaderamente la atención fue por andar a los besos en la serie The OC, con su también inflamable protagonista Mischa Barton. La aventura lésbica duró un puñado de capítulos, hasta que los ejecutivos de la cadena y los anunciantes decidieron que los ponía nerviosos, y los guionistas debieron suprimir a Wilde del programa; pero los usuarios de YouTube mantienen hasta hoy la llama encendida con decenas de miles de visitas a aquellas escenas.

Lo otro que productores y agentes de la industria le aconsejaron evitar a Wilde fue andar comentando demasiado por ahí el dato de que está felizmente casada hace unos cuantos años, aunque es de esos consejos basados en la idea un poco absurda de que el público nunca pierde la esperanza de casarse o al menos encamarse en la vida real con sus estrellas favoritas. Pero lo cierto es que Olivia se unió-en-matrimonio a un documentalista italiano llamado Tao Ruspoli, hijo del príncipe y bon vivant romano (fallecido en 2005) Dado Ruspoli, supuesto inspirador de La dolce vita, y, enumera ella, “amigote de los Stones y de Dalí, compañero de orgías con Brando; ¡hasta tenemos fotos de él bañando a Brigitte Bardot!”. La familia de Ruspoli también ha inspirado –con su adicción colectiva al opio– un drama de corte independiente titulado Fix que se estrena el mes que viene y que es la primera colaboración cinematográfica de la pareja. Olivia, por su lado, también tiene una suerte de linaje, aunque de otro tipo de realeza, y no por nada alguna vez fue su baby–sitter Christopher Hitchens (como él mismo recuerda en una nota reciente): sus padres, Andrew y Leslie Cockburn, son dos periodistas de investigación de larga trayectoria y reconocimiento (él publicó libros sobre el régimen militar soviético y sobre “el catastrófico legado de Donald Rumsfeld”; ella ha producido y dirigido segmentos de varios de los más importantes programas de noticias de la televisión estadounidense, como 60 Minutes) y son también famosos por las cenas que suelen organizar en su casa de Georgetown.

A pesar de todo, se supone que Olivia hizo carrera prácticamente sola y pagó su derecho de piso en la industria, cosa que más o menos prueban su paso por un par de series que no duraron y que hoy nadie recuerda, y por una película que por estos días, unos cuatro años tarde, acaba de llegar directo al DVD, llamada Turistas: una saga inenarrable de tráfico de órganos y venganza tercermundista (no pregunten cómo se vinculan una cosa y la otra) en la que lo que importa es que ella pasea su escuálida figura en una microbikini durante la primera mitad, y que se trenza en una pelea (improbablemente, para ella) brutal y sanguinolenta en los últimos minutos. Ahora encabeza las listas de hottest stars de Hollywood en cuanta publicación onanista –frívola o no– haya dando vueltas, y ya está: el año que viene estrena una serie de películas intrascendentes, pero millonarias (y probablemente divertidas), como Tron 2:0 –que la tiene, según las primeras imágenes, en modo leather sadomaso, neón virtual y figurita con videojuego propio– o la adaptación del comic Cowboys & Aliens. Es posible imaginarse a los guionistas de Dr. House liquidando fatalmente entonces a 13, un poco para cerrar uno de los círculos de amargura que hacen a la esencia de la serie, y otro poco también para allanarle el camino a su protagonista hacia la creación de su propio linaje real.

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