Dom 28.05.2006
rosario

CONTRATAPA

La tenue capa de la realidad

› Por Luis Novaresio

Uno: El poder necesita de espectadores. De puesta en escena, de ritos, sonidos, silencios. Y por eso a ella la custodia la cruz del muerto sacrificado por todos los hombres, o casi, el estrado oscuro sin lustre porque es ella la que debe brillar, y unas alturas provocadas con deliberación y alevosía. Ella mira esos escalones para no tropezarse. El poder no admite tropiezos. Ni yerros. Ni bastones. Qué lejos se ve todo, se dice ella. Y esa es la idea, mi querida. Que para vos, lejos. Que para ellos, inalcanzable. Lejanía que te garantice no contaminarte con la prosaica realidad de tus súbditos. Porque eso son. Inalcanzable para que te sepan dueña de todo. ¿Entendés? Ni siquiera me importa que no me entiendas. El poder no luce para el atrevimiento. Veo que te tomás la cabeza, perdón, su excelsa cabeza Su señoría, te acomodás el pelo, el noble pelo Vuestra merced y con un monosílabo, das inicio a la ceremonia. Y sin embargo, poder omnímodo, os siento débil. No por flaqueza, sino porque sueño que no os lo creéis. Que sabéis que no estáis ni lejos y al alcance de una mano seria. No sé. Se me hace.

La jueza a cargo del Tribunal inicia la audiencia oral del día de la fecha para juzgar la venta para consumo de estupefacientes a menores. Y será justicia.

La magistrada, de larga trayectoria en la justicia penal y particularmente en tribunales con competencia en delitos relacionados con los estupefacientes y las drogas, no dudó en concluir que es imprescindible la complicidad política y policial para el fracaso de la actual política de represión de estos delitos. La camarista aseguró que no hay voluntad de la clase dirigente para combatir la droga en nuestra ciudad y agregó que en determinados lugares aparece el fenómeno análogo a las zonas liberadas.

Nos leímos hace unos dos años. Dos años. Setecientos treinta días. Y más. Diecisiete mil quinientas veinte horas. Lo leíste hace dos años. Te lo escribí hace dos años. Así te lo escribí antes. Así te lo transcribo ahora. ¿Y? Nada.

Dos: La integrante del tribunal de Juicio oral penal de Rosario Laura Inés Cosidoy rajó la tenue capa de realidad inmediata con las declaraciones que todos conocemos. Golpeó con dureza porque insistió con lo que viene diciendo desde hace años. Es cierto, impuso nombre y apellido a lo que ella llama complicidad y sitios de venta de estupefacientes. La perspectiva del tiempo ayuda a pensarnos. Las decisiones que más te gustan defender son las que se fraguan al calor del hecho que las provoca. Alguna vez, intentaste leer esos libros de tapa blanda y precio sospechoso que reconocen tus zonas erróneas (¿hay alguno peor?), te sanan a ti mismo o descubren los tipos de inteligencias personales. Inteligencias varias. Las hay de reacciones pausadas, meditadas, desmenuzadas en origen, desarrollo y respuesta. Nones. Paso. Las hay de cálculo matizado con las sensaciones. No mucho. No podés sumar y restar con seguridad, así que olvídalo. Y las hay, por fin, che, las que explotan, deciden, accionan. Inteligencia práctica. Ponele que eso sos vos. Pongamos que eso sea también ella. Un par de días más tarde, una semana después, todo se mira más fresco. Sin el fuego y la humedad del momento. ¿Y entonces?

¿Se equivocó la jueza Cosidoy al hablar por la tele y denunciar impunidad en el negocio de la droga dando nombre y apellido de supuestos lugares de venta? Hay formas y hay fondo en todo esto.

El tiempo, primero, es una forma. El tiempo es la tardanza de lo que está por venir, recitás todavía de memoria los versos gauchescos de la secundaria. La magistrada no denuncia la semana pasada. Fue la semana pasada desde hace más de dos años. Y esta forma de tardanza suele sumar la indignación de la no respuesta. Veamos. Te pregunto hache ahora. No respondés. Te pregunto hache dos meses más tarde, y el signo de pregunta viene acompañado de cierta sonoridad mayor en la inquisición. Si la pregunta es tanto tiempo como más de setecientos días de tu silencio es probable que te grite. ¿No es lógico? Entendeme, y entendela, que el paso del tiempo es forma y semejante forma, vehemencia. ¿O suponías que su señoría iba a preguntar con un mantantirulirulán educadito? Su grito fue brutal, volcánico. Arrastró, probablemente, sin que quepa la probabilidad sino la certeza para vos, de manera injusta e ingenua, los nombres y apellidos no probados de la última cadena del hipócrita sistema de comercialización de la droga. El que finalmente comercia, despacha lo protegido como gran negocio del expendio. Un bar, su dueño, un dealer fueron lacerados con lava de cansancio, me dijiste, dejando a salvo las rocas más preciosas de esa cadena a salvo. El que hace al por mayor, el que protege con el poder. Si la jueza diera nombres de custodios del orden en cambio de bares, ¿qué hubiera pasado? Quizá un error de la inteligencia de explosión. Error con consecuencias jurídicas, es cierto, sin margen de retractación. Quizá. Como muchos quizá de esta nota.

También es forma el asunto de su competencia. He mirado esta semana y el sentido común de los más comunes, de la mayoría, abruma. ¿Cómo explicar que un juez que juzga no pueda denunciar como el más normal de los mortales? Denuncie, comprométase, suelen decir todas las campañas de responsabilidad cívica que hemos vivido por años y años. Y si yo tengo que denunciar, me decís, ¿cómo es que ella no puede denunciar, bajar de su estrado en el segundo piso, llegar hasta la fiscalía de la planta baja y estampar, con nombre y apellido lo que dice ante una cámara de TV?

Esto lo he escuchado hasta el hartazgo. Idéntico hartazgo, sin mucha voluntad exhaustiva, es cierto, que sufrieron los que fueron preguntados por mí para saber cuántos jueces, antes que ella, formalizaron denuncia penal por delitos que presenciaron. No conozco. No sabe. No contesta. Nadie da un caso. ¿Esto significa que ningún otro juez vio antes un delito que debía denunciar? Quizá signifique que si denuncia a alguien el sistema prevea que ella misma deba juzgarlo provocando inmediatamente su apartamiento o excusación. Quizá sea que las formas del sistema garanticen que ella juzgue lo investigado por otros procurando que su imparcialidad sea a la luz de su no injerencia en la denuncia, recolección de pruebas, esperando que ella las valore, con sana crítica y criterio independiente. Formas para el fondo. Quizá.

Pero todo esto es forma. Fondo, sustento, es que en Rosario se vende droga sin tapujos y a nadie le importa. Y no porque estemos convencidos de la necesidad de despenalizar o de hacer jugar el artículo de las acciones privadas de los hombre que no perjudican a nadie. Valga este grito para sumarme al pedido de un debate semejante. Pedido de debate, dije. No de imposición. A nadie le importa la constitución o la salud de nuestros hijos, de ella. Esto que pasa es más rentable para asegurar el negocio negro haciéndole pito catalán a la norma dura que no sanciona más que al pibe que fuma un porrito en el río luego de haber aprobado un examen.

Una jueza federal con rango de camarista dice desde hace más de dos años lo que los más comunes de los mortales sabe: el negocio de la droga crece y prospera. Y todo, con un gigantesco sistema de promoción estatal basado en la impunidad. ¿Y?. ¿Y entonces? Las formas que se desatan contra ella. Incumple los deberes del funcionario público porque desconoce los ritos de ley. Que vaya a la justicia federal que desde la provincial hacemos lo que podemos. Que deje de mirar a la Nación que las provincias son autónomas en esas cuestiones. Que me extraña, su señoría, que atente contra nuestras honorable profesión, señores de toga y martillo a la diestra. Que ella no está bien. Lo escuché. Que no está bien o se resiente por algo. ¿Y? Que al paso que vamos, se la va a encontrar culpable personalmente de posesión o distribución de ravioles o de éxtasis, todo sea por las formas. Supongamos que es una anatema del sistema jurídico o una pérfida con secretos inconfesables. El sistema de regulación de la comercialización y venta de droga, ¿funciona como dicen ellos o como dice ella? ¿Forma o fondo?

Tres: También fue hace más de dos años: Una república no anestesiada se hubiera declarado en estado de movilización. Sus pares hubieran hecho cola en la puerta de su casa para brindar apoyo y respeto por animarse a discutir con tanto valor el tema. Los involucrados, esto es, los que cobran cada mes sueldo, aportes y gastos de representación (de paso, si hace falta no me representen y ahorren) deberían haber suspendido canapés y vinos frapé para ponerse del lado de esta mujer. Porque si no, es sencillo, quedan del otro. Del otro lado, quiero ser claro. Los inútiles acusados de cómplices debieran haber corrido por las calles exhibiendo biblioratos, comprobantes y demás demostrando que la magistrada los calumniaba. O si no, un tímido papel con el encabezado de yo renuncio.

¿Y? Las formas. ¿Y? Nada.

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