Lun 31.05.2010
rosario

OPINIóN › SIETE DIAS EN LA CIUDAD

El intendente retrocede unos casilleros

El intendente Lifschitz aún intenta recuperarse del baldazo de agua fría que significó que el gobernador Binner dijera que aspira a ser sucedido en su cargo "por un ministro de mi gabinete", en clara alusión a Bonfatti. Si bien no está todo dicho, el candidato a del socialismo que hasta ahora reunía más consenso tendrá que repensar su estrategia de cara al 2011.

› Por Leo Ricciardino

Le llevará un tiempo al intendente Miguel Lifschitz recuperarse del mandoble que le propinó esta semana el gobernador de la provincia. Hermes Binner decidió actuar como un jefe político e imponer criterios y márgenes para la competencia electoral de 2011 y -como sucede en estos casos una breve frase le bastó para imponer su pensamiento: "Me gustaría que mi sucesor sea un miembro de mi gabinete", dijo. Nada más, y todos quedaron helados, no tanto porque se refiriera a Antonio Bonfatti que ya sonaba como un aspirante a la candidatura; sino por el recorte que dejó por un tiempo fuera de la competencia al propio Lifschitz, al senador Rubén Giustiniani y al radical Mario Barletta.

Dicen los que lo conocen de cerca que Binner que ya estaba un poco cansado de que lo traten como si él ya no estuviera en escena. Que todos comenzaran a hablar por lo bajo de la sucesión sin tener en cuenta sus criterios. Para algunos, el destinatario de los límites fue especialmente el senador Giustiniani, para otros la maniobra apuntó directamente a Lifschitz, uno de los candidatos más instalados. En todo caso, afecta a los dos.

En realidad hace tiempo venían escuchándose los avisos desde el binnerismo. "Antes de pensar en 2011 tiene que dejar las cosas más o menos arregladas en la ciudad", o "los que le estamos apagando el incendio somos nosotros". Sentencias proferidas por lo bajo por algunos funcionarios provinciales disgustados con algunas posiciones y declaraciones públicas del intendente rosarino.

Como es su costumbre, Binner no repetirá la acción ni volverá a nombrar a nadie como su sucesor por lo menos por varios meses. Ahora vendrá el enfriamiento de la situación pero el objetivo está logrado: Todos saben lo que está pensando Binner respecto de 2011 y su pensamiento tendrá de ahora en más una gravitación política mucho más pronunciada cuando haya que llegar a las instancias decisivas. Está claro que el gobernador no insistirá quizás con Bonfatti si las encuestas demuestran que Lifschitz o Giustiniani son mejores candidatos. Para su hombre de confianza aún quedará la instancia de la candidatura a intendente de Rosario en todo caso, aunque para ese cargo comenzó a sonar en las preferencias del gobernador el nombre de otro ministro: Miguel Cappiello, titular de la cartera de Salud.

Ya no está tan claro entonces que entre todos se consensúa el candidato a gobernador y que la sucesión en el Palacio de los Leones la arma Lifschitz en soledad. Es evidente que ahora todo estará en discusión, en función de una estrategia provincial y también nacional porque las circunstancias electorales de Santa Fe estarán atadas al complejo escenario para las presidenciales. En ese marco hay otros dos hombres del socialismo que empiezan a preocuparse. Uno es el preferido de Lifschitz que desde que se fue al área de Seguridad de la provincia no tiene las mismas chances. Todos saben que Horacio Ghirardi hace rato se prepara para una candidatura a intendente. El otro es el presidente del Concejo Miguel Zamarini que viene haciendo equilibrio en su puesto entre Lifschitz y Binner desde hace años, respondiendo a su encolumnamiento con el senador Giustiniani. Sus posibilidades están estrechamente ligadas a los acuerdos que el titular del PS a nivel nacional pueda establecer para Rosario.

Lo único claro por el momento es que no habrá internas para dirimir estas diferencias. En este punto coincidieron públicamente Lifschitz y Bonfatti, una vez más el socialismo se enfrascará en un debate intestino del que se conocerán pocos detalles y de esas pujas secretas saldrá ungido un único candidato para cada cargo que tendrá el respaldo unánime del partido. Y esa es una de las estrategias y comportamientos políticos del que históricamente ha obtenido la fuerza el PS. Nada indica que estén disgustos a abandonar esa práctica.

Una vez en claro el nombre del candidato los esfuerzos estarán dirigidos al interior del Frente Progresista donde ahí sí las diferencias tendrían que llegar a las urnas. Todo dependerá de qué sector del radicalismo se imponga: Los que están jugados todo por el todo detrás de la candidatura de Mario Barletta o la porción de radicales que se encolumna detrás del nombre del intendente santafesino pero que en realidad supone que al final todo el esfuerzo estará destinado a establecer una negociación más ventajosa con el socialismo.

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