Vie 02.07.2010
soy

Desodorante

(Crónica de un equipo de fútbol gay con un equipo de hockey lésbico, mirando el partido Argentina vs. México)

› Por Facundo R. Soto

Cuando le pregunté a “8” si tenía que llevar algo, me dijo:

–Comprate un desodorante, amigo.

Apenas llegar a su departamento me sorprendí al ver nueve o diez chicas sentadas en el living. El “11”, que acababa de dejar a su mujer, y decirle a sus hijos que era gay, gritó riéndose:

–¿Quién las manda? ¡Nos quiere hacer héteros a la fuerza!

–¡Esto es una joda de mal gusto! –dijo “4” y creo que en serio.

–No lo van a lograr. No lo van a lograr! –repetía el arquerito preparando el mate.

Se trataba del equipo de hockey lésbico. Trajeron papas, salchichas, facturas y Coca Colas. Comenzamos hablando de fútbol. La mayoría de ellas sabía mucho más que varios de nosotros. Una era fanática de Carlitos Tevez. Tenía la colección completa de fotos y revistas donde él aparecía.

–Yo también colecciono, pero forros usados de mis amantes – dijo “7” siempre tan efectista a la hora de pegarle a la pelota.

–¡Qué asco! –dijo una.

–Ojo con Carlitos, que es mío –advirtió “9”.

Primer tiempo

Los chicos se acercaban a la pantalla del proyector, que era como estar en el cine. El “4” no tenía más uñas para comerse y me pidió que le prestara las mías.

–¡Mascherano Capitán! Se hizo justicia, es el “Capitán América”, o mejor dicho “El Capitán Argentina”, ¡un genio! –concluyó “4”

–¿Te gustaba El Capitán América cuando eras chico? –le preguntó la de rodete.

–Sí, Concha. En el cole cuando tenía un mal día a la noche hablaba con el Capitán, que lo tenía en un poster en la pared.

–Pensar que ahora te masturbás con Mascherano… –dijo otra chica, sirviendo Coca para todos.

–Nadie saca pelotas como él. Yo juego en la misma posición, y le copio las jugadas, Concha –dijo “4”.

–Me llamo Julieta –dijo Julieta.

Los padres de “4” se separaron cuando él nació. Su mamá lo crió sola y no permitió que “4” conociera a su padre. No puedo asegurar que sea por este episodio, pero me vino a la mente justo cuando iba a poner que él odia a todas las mujeres, a todas por igual.

–No se ofendan chicas, es para que no se impregne el olor a pescado en los muebles –dijo “7” mientras apretaba el botón del de-sodorante que había comprado yo.

La chica de colita, sin sacarse el pico dulce de la boca, dijo una gran verdad:

–Acá hay más olor a salchicha y a huevo, que a otra cosa.

–¿Qué fue lo peor que les pasó, en este mundo de machos, chicas? –preguntó “8” como para distender.

–Un día viajamos a Rosario, siguiendo a Boca, claro. Nos regalaron plateas, nosotras queríamos ir a la popu, pero bue... Y los hijos de puta, al vernos minas, y solas, o mejor dicho, sin ningún marido, padre, hermano, primo grandote, nos mearon desde arriba.

–Y ¿tenían la chota grande? –volvió a preguntar “8”

Heinze sacó un pelotazo con la cabeza. Si no hubiese sido por él, nos hacían uno. O las chicas nos mataban.

–El Pipaaaa, el pipaaaa –cantaban ellas en círculo como si estuvieran en la cancha.

El plato con salchichas, cortadas en pedacitos, también saltaba. Volcaron una botella de Coca. “4” dijo:

–Limpien, conchas, limpien…

–¡Salcido hijo de puta!, casi nos hace un gol

–gritó la rubia de pelo recogido, que se le había caído la cinta. “4” levantó el lazo y se lo dio. Ella le pidió que le atara el pelo.

–Qué suerte que tenemos a Romero, una masa ¡El chabón sigue divirtiéndose cuando juega! –dijo el arquerito.

–¡Messi pateá! –gritó la de pelo negro y lentes de contacto azules, a la vez que se paraba en el sillón.

–¡Qué hijo de puta! ¡Cómo atajó esa pelota! ¡Hay que meterle un taco en el orto –dijo Julieta

–Y con pimienta –agregó “4”

–¡Cuántos jugadores en el piso! –observé, sentado yo mismo ahí, como en el partido anterior.

–¡Qué buena defensa tenemos! Lo vengo diciendo desde el principio, Heinze es la estrella de la selección –dijo “9”.

–¡Pero chupate una salchicha! –dijo la más grandota.

–¡Hola Masche! –saludó “11” a su ídolo cuando le hicieron un primer plano mostrando los labios gruesos que tiene. ¡Cómo le chuparía esa boca, lo dejaría sin saliva!

–¡Qué quilombo! Parece el día que vino Celeste a jugar con nosotras.

–Inolvidable ese día, y hoy también. México nunca pasó de los octavos de final en un Mundial –dijo Vale.

–Y hoy tampoco lo van a conseguir...

–¿Cuándo es el próximo partido?

–Vos, nene, tenés menos mundial que Gárgames –dijo la chica de colitas con el pico dulce en la boca.

Nos abrazamos para festejar el segundo, sin distinción de fútbol ni hockey.

Segundo tiempo

Alguien se reía como Patán. Los festejos del tercer gol taparon la carcajada.

–¿Vieron que Carlitos es lo más? No al pedo le dedico mis pajas. Es hermoooooso el guacho. Con Carlitos me caso –dijo “9”.

Después del gol de México, una de las chicas metió la mano en la torta que ellas mismas habían hecho.

–Si nos ganan estos mejicanos del orto, tiro la torta por la ventana. Y posta que lo hago –dijo una chica, creo que fue Lorena.

–El gol le puso un poco de chilli al partido –comentó “7”.

–Callate, passssssiva –interrumpió “8” pronunciando la ese con fuerza

Después del partido

Brindamos con Coca, cerveza, mates, medialunas. Se rompió un vaso, voló un plato de papas fritas y no nos importó.

Después, las chicas agarraron sus abrigos, las mochilas (muy pocas andaban con carteras).

Lo primero que hizo “4”, cuando no quedó ninguna, fue decirnos:

–Para el cumple del equipo podemos volver a invitarlas, son re piolas, ¿no? A Juliana me parece como que la conozco de toda la vida.

–Julieta –lo corrigió “8” acomodando lo que quedaba de su casa. continuara...

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