Vie 10.09.2010
soy

Nota al pie: breve historia del lomo

› Por Raúl Trujillo

Los torsos desnudos de los gladiadores calentaron las aburridas tardes de Roma en un Coliseo que ya tenía aforo para 50 mil espectadores sentados y que, como nosotros, disfrutaban de contemplar la fortísima belleza del animal humano. Culto al cuerpo cultivado por sesiones en el gym, culto a los adonis posmodernos y mediáticos que con sus jeans de talle corto o en slips exhiben los prodigios que la práctica del fútbol talla.

Calvin Klein inundó primero las calles de París a fines de los ’80 con un torso masculino desnudo en azul acero que por entonces causó tal grado de excitación que en pocos meses daba la vuelta al mundo con la etiqueta Obsesión Male.

Son ahora las marcas italianas las más persistentes al legado de picantes escándalos “profashion” inaugurados por Fiorucci en los ’70 para la venta de sus jeans, las que trepan a la pasarela y a la web a los chicos que exhiben no sólo sus lomos sino también sus colas, en un alarde de femenina y erótica vanidad, que enloquece a más de medio mundo y vende “ganas” a muchos más. Modelos, prepagos, taxi-boys y sex-toys de Saint-Tropez y todo el Mediterráneo para veteranxs mayorcitxs adineradxs, gringxs de vacaciones y nuevo mercado Bi-Nipón. Dolce & Gabanna, Dsquared2, Adidas, Nike, Nintendo o Gillette, todos ganan teniendo para sí a un divo que seduce a hombres y mujeres por igual como Beckham. Pero pronto —también para alimentar el sistema— rodarán cabezas y hoy es Ronaldo el que después del Mundial factura con muchos ceros a la derecha gracias a su narcisa obsesión.

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