Suplemento especial

Tomás Torres Aliaga

El “dotorcito” de Iruya

por Washington Uranga

Tomás Torres Aliaga

En Iruya (Salta) todos los conocen como “el dotorcito”. En el documento figura como Tomás Torres Aliaga (55) y desde hace 28 años, apenas interrumpidos por su fugaz incursión en la política (fue diputado provincial entre 1987 y 1989), recorre como médico rural los 3200 kilómetros cuadrados atendiendo a 900 familias de origen coya en condiciones de extrema pobreza que subsisten de la agricultura y la ganadería. “El pueblito es muy bello. Aquí viven 1300 personas, pero hay una sola cabina telefónica con un teléfono. Cada nueva línea telefónica cuesta nueve mil pesos y hace 20 días que no funcionan los celulares que tenemos unos pocos privilegiados”, dice Torres hablando del lugar que lo adoptó como propio y sin dejar de reconocer que “el aislamiento es una joda”. En pocas palabras grafica la situación: “Este pueblo es cabecera de veinte comunidades rurales con su escuelita primaria, capilla y puesto sanitario. Allí residen 3500 personas que pelean contra la dura geografía: altas montañas, ríos pedregosos, bajas temperaturas, escasez de agua en invierno y lodo en verano”.

El “dotorcito” Tomás nació en Córdoba, donde estudió. Con su mujer, Alicia, psicóloga social, se fue a vivir al norte en 1976. La dictadura los obligó a salir de Cosquín, donde había hecho su capacitación en pediatría. Primero fue a trabajar en la mina Pirquita y luego en Humahuaca (Jujuy). Desde 1978 el matrimonio Torres se instaló en Iruya y allí está hoy Tomás con el cargo oficial de “médico asistente” del hospital. Sus siete hijos ya partieron con distintos rumbos, “como la mayoría de los jóvenes de aquí”. Tres están Córdoba, tres en Salta y uno en Jujuy, lugares adonde cada tanto se desplazan Tomás y Alicia para ver a sus seis nietos.

Para atender a sus pacientes, Torres hace giras de una semana. “Hacemos jornadas de 16 horas a caballo recorriendo los puestos de salud. A dos de esos puestos se puede acceder con vehículo, pero a los catorce restantes hay que llegar a pie o a caballo”, asegura. “La atención primaria de la salud consiste en prestar servicios sanitarios a toda la población de un área de responsabilidad con acciones sencillas, de bajo costo, seleccionadas con criterio epidemiológico. ‘Epi’ es encima, ‘demos’ es pueblo, es decir, seleccionada con los criterios de lo que le pasa a la gente”, explica. “Eso tiene que ver con la cultura, con la geografía, con la historia de la gente, con su economía”, agrega. Por eso, “la atención primaria tiene que ser respetuosa de la gente, porque es un manera de trabajar y no un nivel de complejidad de la atención médica”. Siempre con el mismo entusiasma con el que enfrenta su profesión y con la dedicación y compromiso que sus “pacientes” le reconocen, el doctor Torres subraya que “atención primaria de la salud supone meterse en la problemática de la pobreza, de la violencia, de la violencia familiar, de la educación y del acceso a los niveles de educación”.

El aislamiento es parte de la pobreza. “Nuestra mayor problema es el aislamiento. Estamos a 320 kilómetros de la ciudad de Salta, a donde llegamos atravesando Jujuy. La ciudad más cercana es Humahuaca (Jujuy), a 70 kilómetros y tres horas de colectivo. La mayoría de la población tiene casas de adobe, piso de tierra con letrinas, sin luz eléctrica ni agua en el domicilio. A Iruya no llegan los diarios, se escucha radio con dificultad, tenemos una sola cabina pública. Algunos privilegiados del pueblo tenemos televisión y celulares que la mitad del tiempo no funcionan.” También se refiere a las distintas caras de la misma realidad. “Todo lo que es motivo de atracción turística para quienes nos visitan es adversidad para los que vivimos y trabajamos en estos lugares olvidados y desconocidos por los gobiernos y también –por qué no– por los medios de comunicación que colocan diariamente en la agenda pública la realidad delpaís”, denuncia el “dotorcito”. Hoy como en los tiempos en los que ejercía su banca de diputado provincial, asegura que “hay un modelo económico que no cambia y por eso todos los discursos se adaptan al modelo económico. Por eso hasta las palabras se vacían. Así también se cambia el sentido de lo que se entiende por atención primaria y se la vacía de su verdadero contenido”.

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